Internacional

Joven italiana agradece “el infinito amor de Dios” que la liberó de la esclavitud del sexo y la droga

“Nací sin ser deseada viviendo en un ambiente marcado por sucesos difíciles que desencadenaban riñas e incomprensiones”, dice la joven Angela Croce al narrar su testimonio a periodistas de Zenit.

“Lo que rompió definitivamente mis delicados sueños de joven fue una violencia sufrida a los 12 años. Empezó así mi imparable descenso a los infiernos empezando a drogarme para no sentir el dolor. Nadie se dio cuenta de nada”.

Aparentemente todo andaba bien, dice Angela, pero en realidad poco a poco su esperanza vital se apagaba, perdía las ganas de vivir. Construyó entonces una fortaleza inexpugnable en torno a su intimidad, dejando crecer en ella los efectos del dolor en expresiones de rabia. En definitiva, puntualiza, “mucha necesidad de amor transformada en soberbia y presunción… Mi única compañera era la heroína. Luego fue la cocaína, en una escalada de dinero y poder en el campo inmobiliario”.

Angela reconoce que “estaba dispuesta a todo” por el dinero y la consideración. Pero ¿a qué precio? “Al precio de usar a las personas para luego tirarlas cuando ya no me servían”, admite.

El vacío y cinco intentos de suicidio

“Yo no conocía límites, pero el vacío interior me estaba corroyendo. Me sentía cada vez más terriblemente sola”. Bajo la apariencia de éxito en los negocios, había un vacío que le llevó a intentar cinco veces el suicidio.

“Por cinco veces intenté acabar con todo, pero no lo logré. ¿Por qué? me preguntaba. Porque no había descubierto todavía que Alguien había pensado en mí desde la eternidad y me había amado hasta el punto de darse a sí mismo por mí”.

Dios al encuentro en la calle

Su vida comenzó a tener  un nuevo cuando conoció en Italia el movimiento Nuevos Horizontes, uno de cuyos frentes de apostolado es la evangelización en la calle. Los escuchó, se dio así ella misma una oportunidad y en ese trance Dios remeció su alma… “Me decidí a entrar en comunidad, donde encontré a una verdadera familia que me ha acompañado paso a paso en un camino rehabilitador basado en el Evangelio”.

“Desde aquél momento, mi vida cambió: he conocido el infinito amor de Dios a través de los hermanos que acogieron conmigo mi grito de dolor y soledad”.

A medida que desaparecía la soledad y el vacío, llegaba la “experiencia de alegría y perdón”, y así fue restaurándose en ella la capacidad de volver a donar gratuitamente su existencia. “El Amor puede hacer milagros ¡porque Dios es Amor!”, confirma Angela.

“Jesús se ha abajado en mis infiernos y los ha transfigurado con su inmenso Amor. ¡Quiero gastar cada momento de mi vida en ser instrumento de la alegría de la Resurrección!”, concluye diciendo en su testimonio.