Santa Cruz

Homilía de S. E. Julio Cardenal Terrazas, Arzobispo de Santa Cruz

“Frente al error que se propaga por todo lado, nosotros defendemos la vida que Dios nos dio”

Muy amados y queridos hermanos y hermanas:

 La palabra del Señor nos encuentra un poco friolentos, vamos a tratar de escuchar esta palabra que siempre da vida, que siempre entusiasma para seguir trabajando por la causa del Señor. Esa palabra que se hace luz para que no nos dejemos atrapar por las obras de las tinieblas. Es lo que acabamos de rezar en la oración con toda la comunidad cristiana de todo el mundo, que queremos que el Padre mantenga la luz de la fe, la luz de la verdad, para que no nos sintamos derrotados por las tinieblas de los errores que se inventan y se multiplican.

Decir a los que no creen que nosotros si creemos.

Es importante recordar al inicio de esta celebración, la experiencia de fe y de vida que hemos tenido el jueves de Corpus Christi. Yo creo que ha sido un acto de fe en toda Bolivia, en todas las iglesias. Y nosotros con sano orgullo también podemos decir que en Santa Cruz, hemos querido que nuestra fe se vuelva a expresar públicamente. Ser capaces de escuchar al Señor que desde la pequeñez de una hostia nos habla, nos mira, nos convoca. Somos capaces de decirle aquellos que no creen que nosotros si creemos y que a este Dios de nuestra vida, le rezamos, le cantamos y le mostramos la verdadera alegría que deben mostrar siempre los hijos del Señor.

Es en este ambiente y sin olvidar la grandeza del Señor que siendo Dios se hace tan pequeño por nosotros y como nosotros pequeños nos habla para levantarnos a fin de ir levantando nuestros corazones, ir tomando la estatura del Dios de la vida para comunicar siempre vida a los demás.

 Romper con todo aquello que nos separa del amor de Dios.

 Bueno es Dios hoy día nos habla con un lenguaje que parece duro, pero que bien que lo podamos escuchar. Que lo podamos escuchar y ojala llevarlo a la práctica. Dijo Jesús a sus apóstoles “el que ama a su padre o a su madre mas que a mi no es digno de mi y el que ama su hijo o a su hija mas que a mi, no es digno de mi” ¿Qué palabras mas duras, verdad? Que palabras más exigentes. ¿Qué quiere decirnos el Señor? ¿Qué despreciemos a nuestro padre, a nuestra madre, a nuestros hijos? ¡De ninguna manera! El vino justamente para qué nosotros desde nuestra pequeñez captemos y comprendamos Que significa amar a Dios. Porque de eso se trata.

 Para amar a Dios tenemos que estar disponibles, tenemos que estar libres, tenemos que sublimar el amor a la familia para ponerlo dentro de la perspectiva del amor de Dios que siempre será entrega, que siempre ser a bondad, que siempre será perdón y reconciliación, que siempre nos va llamar a la fraternidad, nos va dar un corazón como tiene el para que seamos capaces en un mundo lleno de egoísmos de amar.

Eso es lo que el Señor quiere decirnos ahora. Amar poco a poco, pero no es ninguna invitación a los odios, a los rencores o a los olvidos. Es una invitación a decir: Dios te ama y tu tienes también que amarlo. Dios te ama entregándose totalmente a ti y tú también tienes que demostrar por lo menos ese deseo, ese anhelo, de poder amar al estilo de Dios.

 Le hemos dicho al Señor que lo amamos en Corpus Christi, le hemos cantado, le hemos rezado y hoy también en la misa dominical volvemos a escuchar esa palabra un poco mas fuerte: Si realmente ustedes me aman, dice el Señor, no se queden allí atrapados en las cosas pasajeras, mas aun, vivan ese espíritu de familia pero denle esa proyección, como familia de Dios.

 Es una invitación a nuestras familias, a nosotros, a que no nos encerremos. A que no nos hagamos individualistas, egoístas Que pensemos siempre en apertura al otro, al estilo de Dios. Que pensemos en formar una gran familia entre los pueblos como lo quiere nuestro Dios y no como lo predican otros dioses que no son aquellos de la verdad y del amor.

 Es una invitación hermosa a romper todo aquello que nos separa. La hermandad entre todos los pueblos, la fraternidad con todas las personas. La capacidad de comprender los errores de los otros, pero también poder ponernos en contacto con las virtudes, con las potencialidades del otro.

 Y esto se hace difícil por supuesto, porque nosotros hablamos de que no hay fronteras para los cristianos, pero hay otros que parecen gozarse con señalar cada vez mas las separaciones en lugar de buscar caminos que permitan unirnos y juntarnos como hermanos.

 La fe en el Señor consiste en reproducir en nosotros lo que el Señor ha hecho

 Esto no es fácil, por eso el Señor nos va a dar un paso mas y nos va decir “el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi, el que encuentra su vida la perderá y el que la pierda por mi, la encontrara” Es una invitación clara: Vamos a entrar en esta perspectiva de nuestro Dios pero hay que ser capaces de tomar la cruz, abrazar la cruz. Hacer como el Señor que para salvarnos, para llenarnos de vida, primero subió a la cruz. Esto tenemos que tomarlo cada vez más en serio. No hay una fe llena de tibiezas o llena de ilusiones. La fe en el Señor consiste en reproducir en nosotros lo que el Señor ha hecho para que realmente estemos libres de todas las maldades que nos puedan rodear.

 Si vamos así, el Señor nos va dar otra enseñanza mas “el que lo recibe a ustedes, me recibe a mi y, el que me recibe a mi recibe al que me ha enviado” Esta capacidad de ir al otro con el Señor. Esta experiencia clara de saber que cuando hacemos el bien, damos hospedaje al peregrino, estamos haciéndolo con el Señor. Parece algo heroico, sin embargo el Señor nos dice “les aseguro que cualquiera que de un vaso de agua fresca, ese va tener su recompensa”.

 Nosotros defendemos la vida que Dios nos dio, frente al error que se pregona por todos lados

Mis hermanos, compartir la vida, saber volcar ese vaso de agua fresca para ayudar al hermano, es defender su vida y defender nuestra vida, es hacernos conscientes que si estamos en este mundo es porque Dios nos ha regalado la vida y no necesitamos nosotros que vengan a incitarnos al suicidio personal o colectivo.

Nosotros defendemos la vida, la vida que Dios nos da y tenemos que decirlo. Claro yo se que algunos se asustan cuando la Iglesia habla de defender la vida, cuando la Iglesia habla de defender la familia, el matrimonio, cuando la Iglesia dice no a los que quieren matar a los inocentes; dicen que somos anticuados, que no tenemos derecho de decir, pero el error si que tiene derecho de multiplicarse, el error se lo pregona por todos lados, se incita a vivir en las tormentosas olas del error y no nos quieren dejar vivir y hablar de aquello que es nuestra luz y nuestra vida.

Este es el mensaje de hoy mis hermanos. Esto supone que vivamos con Cristo. Pablo lo dice claramente a los cristianos de Roma “nosotros los bautizados, nos hemos sumergidos con Cristo, nosotros hemos muerto con El, pero El ha resucitado y también nosotros vamos a resucitar” Esta conciencia tiene que darnos mucho mas optimismo y muchas mas capacidades para sembrar valores en nuestro ambiente, para vivir los valores del evangelio entre nostros y para vivirlos con entusiasmo.

Quizás no se necesiten hacer grandes cosas, pero hay que hacerlas cada día aunque sean pequeñas. ¡Que hermoso ejemplo el de esta mujer sunamita! Que se da cuenta que Eliseo es santo de Dios, un profeta de Dios y que entonces piensa en recibirlo en su casa, le pone un cuarto, le pone algunos muebles y permite que Eliseo entre en su casa. La hospitalidad puede llevarnos a eso también, de repente tenemos que dar lo poco que tenemos, tenemos que compartirlo con todos. Tenemos que hacerle una pequeña casa al migo que pasa al amigo que no lo conocemos. Por allá van las formas y las maneras determinar con los egoísmos, con los orgullos, con aquello de encerrarse en los propios bienes y olvidarse de este Dios que es generosidad y que es amor.

 Cuando aquella mujer recibe al profeta, ella también recibe lo que el profeta puede darle, la vida. “el próximo año en esta misma fecha, tendrás un hijo, tendrás lo que deseas, tendrás alguien que ha pesar de la vejes de tu esposo va ser tu consuelo y tu esperanza”. Esa es la vida que de una u otra forma tenemos que comunicar a nuestros hermanos.

 Prolonguemos pues la alegría del Corpus Christi asumiendo esta enseñanza tan clara y hermosa del Señor, para poder seguir hablando de nuestro Dios no solo con palabas, sino con hechos; hechos que viene de Dios y que no son inventos nuestros. Seamos discípulos del Señor, escuchemos estas palabras que no han sido solo para los apóstoles sino para todos nosotros bautizados porque hoy también nuestra misión es, ante un mundo que se apega a las cosas, demostrarles que nosotros podemos vivir apegándonos al Dios de la libertad y al Dios de la vida.

 

Oficina de Prensa, Arzobispado de Santa Cruz