Pando

Funeral de Mons. Luis Casey: “Las obras más preciosas las dejó en la evangelización y en la belleza de la relación que creó con la gente”

El 6 de agosto del presente año en la Parroquia de Santa Magdalena en San Louis de Missouri EEUU, se realizó el funeral de Mons. Luis Casey, Obispo emérito del Vicariato Apostólico de Pando. En la oportunidad Mons. Eugenio Coter, Vicario Apostólico de Pando, dirigió unas palabras a los familiares y a la Iglesia de San Louis, destacando la generosidad y alegría de Mons. Casey en su servicio pastoral, así como las obras que realizó: “las obras más preciosas las dejó en la evangelización y en la belleza de la relaciones que creó  con la gente de todo el Vicariato. Personas, Familias e instituciones manifiestan su agradecimiento a Mons. Luis aliviados por su ayuda material y espiritual”, subrayó.

Discurso de Mons. Eugenio Coter, obispo del Vicariato Apostólico de Pando, al funeral de Mons. Luis Casey, obispo emérito.

Querida Iglesia de San Louis, distinguido Arzobispo Michel.

Querida familia de Mons. Luis Morgan

Es para mí un deber moral y de reconocimiento haber viajado desde Bolivia hasta aquí para acompañar  al encuentro con el Señor a su hermano e hijo, Mons. Luis, que en su vida amó y sirvió con generosidad y entrega total a la Iglesia de Bolivia y al Vicariato Apostólico de Pando a mi confiado como su sucesor.

Lo hago en nombre de la Iglesia Boliviana, por la cual ya la Conferencia Episcopal de Bolivia envió un mensaje de recuerdo y cercanía.

Recordamos con ellos el trabajo de Mons. Luis en La Paz y en el altiplano, en lugares semidesérticos y de pobreza, pero, con mucha entrega a la gente y al Señor.

La Conferencia Episcopal le confió el desafío de conducir a las obras nacionales de la Pastoral Social y la Caritas, hasta su unificación en una sola y nueva institución. Con su paciencia y capacidad de escucha ha sabido orientar y fortalecer el trabajo institucional y volverlo respuesta a las emergencias en la que Pastoral Social Caritas, bajo su guía,  intervino para ayudar.

Entre varias de estas situaciones recuerdo el incendio del poblado de Guarayos, la inundación de La Paz, la remodelación del edificio de la Pastoral Social Caritas. Es un largo listado de obras y acciones la que llevó adelante signo de su entrega que nunca se frenó tampoco cuando tuvo problemas de salud que le dificultaron.

Estoy hoy también en nombre del Vicariato Apostólico de Pando que Mons. Luis sirvió por 29 años como titular y 9 de «emérito», pero siempre con generosidad y alegría.

Recién en junio de este año recibió el reconocimiento del Congreso del Estado Plurinacional de Bolivia que destacó las obras de salud, de educación y de apoyo a las familias más necesitadas a la que su obispo dio vida. Entre estas: la construcción de la Catedral de Riberalta se volvió el monumento más destacado en la región y ya surgió a «imagen símbolo de ciudad».

Habría mucho más que contar de la obra materiales que Mons. Luis deja en el Vicariato. Estas son solo un pequeño (y grande) signo. Las obras más preciosas las dejó en la evangelización y en la belleza de la relaciones que creó  con la gente de todo el Vicariato! Personas, Familias e instituciones manifiestan su agradecimiento a Mons. Luis aliviados por su ayuda material y espiritual.

Hoy tenía que estar porque Mons. Luis ha sido el obispo que me indicó entre sus posibles sucesores y, una vez nombrado, me consagró Obispo en la Catedral de Riberalta. Recuerdo su emoción de ese día que no era menor de  la mía. Y su oración siempre me acompañó. Así nos encomendábamos al final de cada encuentro y cada telefoneada.

Estoy consciente, y agradecido por la confianza y el cariño que me tuvo. Sé que, con el Vicariato Apostólico de Pando, Mons. Luis me confió la «viña del Señor» en la que  – como obrero bueno y generoso – trabajó en los mejores años de su vida para que la siga cuidando y ayudándola a dar frutos.

Permítame un último recuerdo y subrayado: con todo lo que Mons. Luis hizo y fue siempre se mantuvo humilde y de fácil acceso para todos: poderosos y sencillos: todos se sentían acogidos y encontrados por un «buen hombre».

¡Gracias Mons. Luis!

Confío en tu promesa al final de cada encuentro y telefoneada: «Adelante: rezo por ti».

Fuente: Prensa CEB