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“Estar cerquita, en la cabecera del ancianito” – Hnas. De los Ancianitos Desamparados

Como editor en el portal Infodecom, pocas son las veces que he escrito en primera persona. Esta es una ocasión que lo amerita. Me dirijo a todos lectores para compartirles el testimonio vivo, de servicio, de entrega, sacrificio, pero también, de alegría y de vida. Un testimonio que no se encuentra ni en Netflix. Se trata de las palabras que la hermana Carmen, comparte con nosotros en esta ocasión.

Semanas atrás, pudimos seguir “las denuncias” contra estas hermanitas. Hoy quizá, podamos entender esa frase de: “Ponte en los zapatos del otro”. Con mucha facilidad criticamos el trabajo de otros, el trabajo de estas hermanitas; el trabajo que ellas ven como servicio, el servicio que ellas aman y al que se entregan.

Por eso, a continuación, comparto con Uds. esta bella, bellísima entrevista a la Hna. Carmen Laguna, superiora en Tarija, de las hermanas de los ancianitos desamparados en el Hogar Santa Teresa Jesús de Jornet.

Entrevista en audio:

 

Hermana Carmen, hoy, su comunidad, celebra la fiesta de Santa Teresa de Jornet. ¿Qué ve conveniente resaltar en esta fecha?

Hoy es un día especial para nosotras las hermanitas porque recordamos con amor, cariño y gratitud a nuestra madre fundadora, Santa Teresa de Jesús Jornet; que fue un alma muy cercana a Dios y que tenía unas entrañas de misericordia hacia los ancianitos. Ella, desde muy chiquitita… ya se notaba en ella el amor a los pobres, y después, esa semilla que Dios puso en su corazón, fue fructificando. Hasta dar como fruto la congregación que se extiende en los cuatro continentes (nos falta solamente Oceanía, a ver si algún día también llegamos allá)

Tenemos 204 hogares en todo el mundo, 2200 hermanitas, y cuidamos a más de 20,000 adultos mayores. Nuestra misión es exclusivamente para las personas de tercera edad más abandonadas. Nuestra madre fundadora fue muy inteligente, porque ella se puso en el final de la vida, a cuidar a la persona en la última etapa de su vida; para aprovechar todos esos valores experiencias y sabiduría, que tiene toda vida humana. Dar gracias a Dios y ayudarle a dar ese paso a la eternidad, es el carisma nuestro, es precisamente, estar cerquita, en la cabecera del ancianito. Estar a su lado, cogerle de su mano y decirle no estás solo, está aquí tu hermanita que te quiere, que te ayuda y que no vas a dar este paso solito, sino que lo vas a dar a la eternidad acompañado de tantas y tantas hermanitas.

 

Qué gran labor, la que su comunidad realiza… Cuéntenos… ¿Cómo es qué usted decide ser parte de la comunidad de ancianitos desamparados?

La vocación es un llamado de Dios, es una predilección. O sea, en realidad, bueno a mí, me decían ¿por qué te dio la idea de ser monjita? Porque lo vi en mi mamá, o sea, vi la bondad, la generosidad, la ternura, plasmada en mi madre; y cuando yo ya decidí ingresar de religiosa y mi madre me dijo ¿quién te ha enseñado? Yo le dije: tú mamá, tú me has dado ese testimonio y ejemplo de generosidad y de amor a los pobres. Una de las cosas que, a mí, más me marcó en mi infancia, fue que había una señora que se dedicaba a lavar la ropa de otras personas (yo eso no lo entendía). Yo decía: mamá, ¿por qué ella tiene que lavar la ropa de otras? cada una que se lave su ropa de diario. Entonces, me decía, es que ella no dispone de medios económicos y además tenía un hijo que era especial, era viuda. Entonces, mamá le llevaba ropa, le llevaba dinero, y muy bonito, la invitaba a comer, almorzar en casa y luego, en un taper, le preparaba la misma comida para su hijo porque sabía que si se lo daba Se lo iba a dar todo a su hijo Entonces primero comí a ella y después le preparaba Lo mismo para su hijo eso me quedaba muy grabado era muy pequeñita entonces de verdad la vocación a sentí muy fuerte cuando en los inviernos en mi tierra caen algunas Nevadas. ósea yo he conocido una nevada de 1 metro de alto.  Entonces nos hacían espacio para ir a la escuela. Abrían, con palas. Entonces, yo veía que venían algunos pobres y lo seguía (perseguía) para ver lo que hacían. Ellos colocaban todo lo que les habían dado, lo seleccionaban y después ya empezaban a caminar; y yo, ya no podía seguirlos, entonces, me cuestionaba mucho. Yo le decía a mi madre: mamá… ¿dónde pasarán la noche con este frío tan intenso? y ahí es donde mi madre me dijo: hija mía, hay lugares donde hay religiosas; donde hay hermanas que recogen a estas personas, les dan comida caliente les dan camita limpia, los cuidan, los atienden… Para mí eso era una novedad, era nuevo entonces después ya conocí a las hermanitas. Y sí, fue para mí un cuestionamiento de dedicarme a cuidar niños o a cuidar ancianitos, pero me preguntaba: a un niño cualquier matrimonio se lo lleva a su casa y luego lo apadrina, pero aún ancianito nadie se lo lleva a su casa… Entonces, vi que eran mucho más necesitados los ancianos, por eso, realmente sentí ese llamado de Dios.

Hermana, su comunidad tiene presencia en muchos países ¿cuéntenos algo de la misión que desempeña su comunidad y su propia experiencia en estos años?

La experiencia vivida en América ha sido muy enriquecedora, de verdad. En Lima, estuve en un lugar donde había 500 adultos mayores. Era todo un pueblo, era casa de formación; teníamos postulantes, novicias, hermanitas juniores, hermanitas perpetuas. era muy bello, porque era el intercambio de la sabiduría experiencia de los ancianos con la jovialidad y la esperanza de las jóvenes. Entonces, muy bonito. Organizábamos unas fiestas, unas competiciones ¡muy bellas!

Después, tuve la suerte de visitar varias localidades de hermanitas, que habían ingresado en la congregación; y sus papás, querían que los visitáramos. Porque estás jóvenes habían viajado a España, están, de hecho, en España; en los 60 hogares que hay ahí. Y entonces, ellas querían tener noticias de sus hijas y fue, para mí, también muy alentador visitar esas quebradas, esos valles, esos riscos ¡qué maravilla! Cuando en una capilla se congregaron 40 catequistas, de verdad, con una preparación, con una formación, una madurez… A mí, eso me llamaba muchísimo la atención. Yo había llegado de España y eso yo no lo conocía. Para mí fue algo todo nuevo, muy profundo. Una religiosidad muy profunda en la gente, de verdad… Una experiencia única e inolvidable que me llenó de paz, de alegría y decir: Dios mío, de aquí van a surgir muchísimas vocaciones, porque realmente había un ambiente de Piedad, de fe; donde en el hogar se anunciaba la fe, eran auténticas Iglesias domésticas…

Sabemos que usted, antes de llegar a la misión en Tarija estuvo en la ciudad de la Paz… ¿Qué es lo recuerda de esa experiencia?

La experiencia en el hogar de La Paz, bueno pues. Llegué, justamente, para la celebración de los 100 años del hogar San Ramón de La Paz. Entonces, pues, todo eran felicitaciones, reconocimientos, condecoraciones. Nos concedieron el Cóndor de los Andes; y más de 25 reconocimientos. Pero lo bello, era ver a los ancianitos con esa cara de satisfacción y alegría, al ver a tantas hermanitas (porque vinieron de otras casas). Entonces [con] ese intercambio, también de otros hogares, los ancianitos al ver a las hermanas se alegraron muchísimo.

Entonces, fueron tres días de agradecimiento, de celebración de la eucaristía; con mucho amor por parte de los ancianitos y con mucho amor, por parte de la población de La Paz. Fue también algo bello, una experiencia que no la había vivido, celebrar un centenario de fundación. Habían pasado ancianitos célebres, había estado la hija de un presidente, el hermano de otro presidente; ósea, ahí, internos en nuestro hogar, científicos, médicos. Había habido de todo. Personas con instrucción y también personas sin instrucción, pero lo bonito y lo bello es, ese intercambio entre un ancianito que tiene mucha cultura y una gran carrera y otro abuelito que no sabe leer ni escribir; pero que se aman como verdaderos hermanos. esa fraternidad la he vivido en La Paz.

Otro de sus destinos, también, fue Cochabamba… Seguro que rememora bellas experiencias… ¿Cierto?

También me tocó la celebración de los 75 años en Cochabamba, y de verdad, pues, muy alegré. Es una ciudad muy muy alegre; también los ancianitos, de verdad, por todo y por nada están de fiesta, están danzando, cantando, siempre estábamos competiciones, con el karaoke, con todo de verdad… ¡Qué bello! Porque se notó la alegría, la expansión, agradecimiento de cada día, el crear cosas nuevas. había mucha creatividad en los abuelitos. Y yo lo resumiría, como: un tiempo de gracia, de creatividad y alegría; de mucha diversidad, mucha variedad, enseguida, pensaban cualquier cosa y lo llevábamos a la práctica, muy bonito…

 

Tarija es una de las experiencias recientes. Hace poco, le tocó vivir a su comunidad, una dura experiencia con la actual pandemia. Y ustedes no han dado tregua en su misión… La población es consciente de su servicio… ¿Qué es lo que puede compartirnos de la realidad en el Hogar Santa Teresa de Jornet en Tarija?

 En Tarija, doy gracias a Dios por haber vivido esta experiencia de dolor, de sufrimiento. Sí, la verdad, cada abuelito que cerraba sus ojos, para mí, era un trocito de corazón que me que me robaba, de verdad. Los he querido muchísimo, los he mimado. Las hermanitas han sido, madres hermanas, amigas para ellos. Entonces eran trocitos de corazón que nos arrancaban y eran abuelitos que se quedaban dormidos con una sonrisa; con un diciendo: voy a ayudarte desde el cielo, de verdad, fuerte dolor de impotencia, impotencia al principio. Después, gracias a Dios gracias, gracias a Sedeges, que nos ha apoyado y nos está apoyando muchísimo, como verdaderos hermanos. Nos han dicho: No están solas hermanita, nosotros estamos aquí para apoyarles las 24 horas del día, con la doctora, con auxiliares de enfermería, de limpieza. En todo momento para la desinfección para todo, para hacer trámites; y eran las que nos hacían todo, nosotras no podemos salir y ellas, no saben, todos los trámites, y todo, de verdad… ¡Qué bello es tener un gran hermano y un gran amigo! Ellas lo han sido para nosotras, hemos sentido el apoyo de la población en la campaña solidaria que han hecho. Jhanet, la doctora Jimena, la varias doctoras; y a toda la población, que alegría. Luego, también, sentir la cercanía del doctor Marcos Oliva, el director del hospital Covid; de verdad, es un gran médico… ¡qué ejemplo de entrega! de servicio, de maravilla… Ojalá todos los médicos pudieran copiar eso, de verdad.

Y en este año, sobre todo en este tiempo de la pandemia, de verdad, ¡cómo valoro a las personas que barren las calles! Al grupo que viene a recoger la basura. ¡qué dignos! De verdad, se merecen todo el respeto, toda la gratitud. Cuando vienen a recoger la basura a nuestro hogar, yo digo: Señor, gracias, porque pones en los corazones de estas personas, estos sentimientos para que nosotros podamos gozar de limpieza, de higiene. Y también, pues, a tantas personas que nos han colaborado y nos siguen colaborando. Nombrar a todas, pues, sería una lista inmensa. Que nadie se moleste si no lo nombró, pero a todos GRACIAS (con mayúscula). Que Dios les bendiga, que Dios les premie tanto cariño que dan a nuestros abuelitos; y el apoyo, y las donaciones. Gracias de todo corazón, de verdad, al padre Miguel; está dando testimonio como un Buen Samaritano. recorre los pabellones, ayuda en todo a las hermanitas, nos ayuda espiritualmente; que el Señor lo bendiga, le dé la fortaleza en esta misión tan bella de hacer el bien a los hermanos. Y también, por supuesto, agradecemos a tantas personas que, en la incógnita, anónimos, están de alguna forma, orando por nosotras. La conferencia de religiosas que nos ha apoyado desde el principio tantas religiosas de clausura, tantos religiosos; me estoy acordando del padre Milton, que también muchísimo… y tantos otros que, aunque nos los nombro, pero de verdad, están en nuestros corazones. Gracias a todos por tanto don de ayuda y de solidaridad.

Algo que para nosotros ha sido como un aliento y ánimo, es cuando nos llama nuestra Madre General de toda la congregación, las madres del Consejo general, nuestra Madre Provincial; también, para nosotros es aliento. Nos sentimos reforzadas, nos sentimos con más valentía para seguir adelante. Porque sabemos que nuestras superioras mayores están a nuestro lado, están lejos, pero, sin embargo, están cerquita, están pendientes de nosotras y de nuestros ancianitos.

[Fuente: Infodecom]

Hoy las Hermanas de los ancianitos desamparados celebran la fiesta de su fundadora, Santa Teresa Jesús de Jornet… ¿Qué quisieras decirles a las hermanitas?