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“Entregaré mi vida, mis lágrimas y mi sangre, pero no traicionaré al Señor” Mons. Iván Vargas

Con estas palabras, el recientemente Ordenando Obispo Auxiliar de Cochabamba, Mons. Víctor Iván Vargas Galarza, realizó su alocución al concluir la Celebración de Ordenación. Dando gracias a Dios por el don de toda vocación, destacó que nos es fácil la labor pastoral de un Obispo, pero confía y se entrega del todo al Señor.

Monseñor Iván hizo una breve reseña de su caminar como sacerdote, donde manifestó el agradecimiento a Monseñor Oscar Aparicio, a sus hermanos Obispo, al clero, la vida religiosa y los laicos. Con ello destacó su deseo de ser un pastor cercano con los miembros de la Iglesia. De manera especial y emotiva dio gracias a su mamá Sara. Así mismo explicó el significado de su escudo episcopal donde resaltó su identificación como sacerdotes diocesano cochabambino, su espiritualidad mariana, así como su profundo amor a la Santa Eucaristía, manifestado en la liturgia.

Palabras de Mons. Iván Vargas

Quiero darle gracias a Dios por mi vida. Evidentemente, en la existencia humana, cada uno de nosotros tenemos sufrimientos, tenemos dolores, tenemos muchas penas y estoy seguro ahora de que tendré muchas más penas, con lágrimas quizás y con sangre seguramente también. Pero sin embargo le digo: Gracias, Dios mío.

Gracias también por el don de la vocación. La vocación de cada uno de nosotros como sacerdotes, como religiosos, religiosas, como matrimonio, es un don bendito de Dios. Y le doy gracias a Dios por estos 24 años de vida sacerdotal que me ha concedido. Y en estos 24 años de vida sacerdotal, debo reconocer que la he sabido vivir con alegría. La he sabido vivir con entusiasmo, la he sabido vivir con fidelidad al Señor.

Este ministerio sacerdotal que, al inaugurarse un día aquí, postrado hace 24 años, postrado aquí como hoy me han visto. Ese día yo inauguraba mi ministerio sacerdotal hace 24 años y le pedí una cosa al Señor: Señor, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí. Y hoy, postrado también nuevamente le dije esto: Señor, que nunca te traicione, que nunca te traicione. Y segundo, le pedí hoy postrado al Señor: Señor, que sea fiel a este ministerio que me estás dando. Porque hoy no es fácil ser obispos. Hoy no es fácil desempeñar una labor pastoral. Vamos a tener insultos porque la sociedad, indiferente a lo religioso, provoca todo esto. Y por eso le dije: Señor, hazme fiel, a pesar de las adversidades. Pero también le hice una promesa al Señor: Entregaré mi vida, mis lágrimas y mi sangre, pero no traicionaré al Señor.

Mi ministerio empieza en la comunidad de Sacaba pichón de cura. Posteriormente voy pataleando hacia el Santuario de la Virgen de Urcupiña, donde encontré sacerdotes que me iluminaron, que me instruyeron, que me formaron todavía como sacerdote, padre Federico aquí presente. Sacerdotes que me han ido acompañando. Con la bendición de Dios llegué a ser formador en el Seminario Mayor Nacional San José, donde mi ministerio presbiteral lo supe asociar a la paternidad. Y no me van a dejar mentir, muchos que están aquí de mis formandos del seminario. Y me esforcé de ser un padre en el seminario. Están aquí de varios de varias zonas, de varias diócesis, de Oruro, de Santa Ana de Yacuma. También veo de Tarija, veo también sacerdotes que han llegado de Santa Cruz, que me acompañan hoy.

Con la bendición de Dios pude estar en la Universidad Católica como docente, dictando algunas materias y ahí pude entrar en una relación, en un contacto con la vida religiosa. La vida religiosa, desde que entré a la universidad y desde que entré a trabajar al Seminario San José no ha sido indiferente a mi ministerio sacerdotal. Desde el seminario serví a la vida contemplativa, a las hermanas Carmelitas de San José, como también a las Hermanas Clarisas y actualmente Capuchinas y Concepcionistas. Como también confesor de algunas comunidades religiosas, las Siervas de María, las Hermanas Oblatas, que han confiado en mi humilde persona para poder administrar este sacramento de la Confesión. Fui fortaleciendo mi ministerio gracias a la vida religiosa. Hay muchos sacerdotes, jóvenes religiosos aquí que me conocen y me han manifestado toda su cercanía y todo su cariño.

También mi ministerio lo debo al clero Cochabambino, al clero que me vio formar, al clero que me vio crecer y vivir mi ministerio sacerdotal. Pero también algo no quiero escapar de la mente. La liturgia, la liturgia llegó a apasionarme, no como un conocimiento científico, sino para fortalecer mi ministerio sacerdotal con el misterio pascual, que es la Eucaristía. Y decirles aquí a mis hermanos sacerdotes jóvenes la liturgia no está para modificarla, sino que está para custodiarla. Y esto es lo que más me ha motivado a vivir y hacer parte de mi vida, el misterio pascual, este misterio pascual que siempre lo he respetado, que siempre lo he vivido o celebrado con dignidad.

Y justamente muchos de ustedes tienen en su mano el escudo. Este escudo, a la cual ha hecho referencia la hermana Bruna, en la parte izquierda está el Cristo de la Concordia, que nos identifica a los Cochabambinos. Y como lo decía Monseñor Oscar, ahora se consagra un obispo Cochabambino, diocesano. Y cómo voy a simbolizar este anhelo, voy a decir así, de ser Cochabambino y diocesano, con el Cristo de la Concordia. También han hecho mención de toda mi espiritualidad mariana, que es distinto al espíritu de María. Mi espiritualidad mariana, que me ayuda a ponerme como ella: hágase en mí según tu palabra, que se haga tu palabra, Señor, en mi vida. Y ahí, en la parte izquierda, está justamente está el resplandor de la Virgen de Urcupiña al medio de esta imagen tan linda, la virgen de Urcupiña. Y abajo, el misterio pascual, el misterio eucarístico, mis 24 años, el próximo 10 de mayo, cumplo 25 años de sacerdote. 25 años de sacerdote, de ir consagrando, de ir celebrando, de ir viviendo, de ir contagiando el amor a Cristo Eucarístico. Esto es el escudo que me identifica como persona humana. Me identifica como sacerdote y ahora me identifica también como pastor.

Quiero agradecer infinitamente a Monseñor Oscar que me ha consagrado en esta tarde. Gracias, querido monseñor Oscar, creo que es el tiempo de los chatos, decía él. Pero no nos quedaremos ahí chatitos, creceremos, pero creceremos en fidelidad al Señor, creceremos en cercanía a nuestros sacerdotes, creceremos en amor también a nuestra Iglesia de Cochabamba.

Agradecer a cada uno de ustedes, queridos hermanos sacerdotes del clero. Me considero ya viejo porque lo soy. Y en algún momento acepten, alguna corrección, pero también perdónenme mis errores. Perdónenme si en algo les he ofendido, queridos hermanos sacerdotes.

Agradecer aquí a la Conferencia Episcopal. Al venir en la procesión, un sacerdote me decía tan chiquitito y tiene poder de convocatoria, porque se ha venido la Conferencia Episcopal en pleno. Los que no están hoy, están en el exterior por razones de salud. Pero están aquí todos los obispos de Bolivia resaltar la presencia del Arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Alberti, a quien lo ven todos los domingos por la televisión. Resaltar la presencia también de monseñor Percy Galván, Arzobispo de la Arquidiócesis de La Paz. Resaltar la presencia de monseñor Tito Solari, a quien el pueblo de Cochabamba lo quiere, lo admira y no ha perdido ese amor hacia Monseñor Tito.

Agradecer a la vida religiosa que está aquí presente. En la persona de la hermana Bruna a todos, a la vida religiosa, contemplativa, vida religiosa, de vida activa, a los sacerdotes, religiosos, seminaristas, diocesanos y religiosos. Gracias por todo.

Evidentemente, el organizar todo esto en tiempo de pandemia no es nada fácil. Sin embargo, ha habido gente, todo un despliegue humano para organizar esta celebración. Agradecer a cada uno de ellos que con mucho cariño lo han organizado toda esta celebración.

Y no me olvido del pueblo de Dios. Ahí afuera hay mucha gente que me ovacionaba, cuando salí a saludarlos, agradecer a todos por su presencia, por su cariño, por su cercanía. Agradecer nuevamente a monseñor Oscar, monseñor Tito, monseñor Juan Gómez. Y cómo no agradecer también al Papa Francisco, que prácticamente nos sorprende y quiero resaltar aquí también al cardenal Toribio Porco Ticona, que nos acompaña y está en medio de nosotros. Cardenal Toribio, si se puede poner de pie. Y voy a pedir un voto de aplauso para nuestro Cardenal Toribio, que es un viejo amigo que tiene una casa en Quillacollo y siempre ha estado por el santuario, saludando y ayudando al equipo sacerdotal.

Y como no, lo he dejado al último, porque sabía que iba a terminar con lágrimas. Mamá, ponte de pie. Y quiero pedir un voto de aplauso, Mi Madre.

Gracias, gracias, muchas gracias

Fuente: Iglesia Cochabamba