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El Sínodo de los Jóvenes invita a los adultos a entender nuevas actitudes y evitar juicios precipitados

El Sínodo de los Jóvenes invita a los adultos a entender nuevas actitudes y evitar juicios precipitados.

Las personas mayores y la Iglesia católica necesitan aprender a escuchar y a entender el modo de razonar de las nuevas generaciones para poder transmitirles la fe, según el documento de trabajo para el próximo Sínodo mundial de los Jóvenes, presentado este martes en el Vaticano.

A diferencia de otros documentos tan dirigistas como inútiles, el larguísimo texto de 214 puntos que servirá como orden del día de los debates de obispos y jóvenes del 3 al 28 de octubre en Roma, se caracteriza por una fuerte invitación a intentar entender antes de diagnosticar o de lanzarse a predicar siguiendo cauces con los que los jóvenes sencillamente «no conectan», debido al rápido aumento de distancia cultural y comunicativa entre generaciones.

Es el primer paso para responder a la “petición de ayuda” formulada por 300 jóvenes de todo el mundo reunidos en Roma durante la Semana Santa para trabajar en equipo con otros 15.000 jóvenes que participaban desde sus lugares de origen a través de grupos de Facebook.

El documento de trabajo reconoce “la dificultad de muchas conferencias episcopales para entender el contexto y la cultura en la que viven los jóvenes”, caracterizada por rasgos diferentes a los del pasado como, por ejemplo, tener como referente principal a la madre debido a la ausencia o debilitamiento de la figura del padre.

El texto alerta del “vuelco de la relación entre generaciones”, a medida que los adultos son menos maduros y miran a los nuevos jóvenes como referencia. Muchas conferencias episcopales señalan que “hoy en día, la relación entre jóvenes y adultos ya no es un conflicto generacional sino más bien la incomunicabilidad recíproca”, con una relación que “se limita a lo afectivo, sin tocar la dimensión educativa y cultural”.

En esos mundos alejados, muchas parroquias “ya no son lugar de encuentro” e incluso se registra “una dificultad de las instituciones religiosas para sintonizar con la conciencia moderna” y expresarse en un lenguaje inteligible para los jóvenes.

Si bien reconoce que este cuadro “genera desconcierto y perplejidad entre los adultos”, el documento aconseja “evitar los juicios precipitados”.

Es necesario entender que muchos jóvenes experimentan una sed de espiritualidad, pero no se sienten atraídos -e incluso a veces repelidos- por las formas de religiosidad organizada, pues “los jóvenes católicos piden propuestas de oración y momentos sacramentales capaces de entrar en su vida cotidiana”.

Pero hay también buenas experiencias pues, “donde se reconoce el valor de los jóvenes, el estilo de la Iglesia y su dinamismo adquieren una fuerte vitalidad, capaz de llamar la atención”. Son Iglesias de jóvenes y de adultos, con rasgos alegres, en lugar de Iglesias de viejos.

Fuente: ABC.es