Santa Cruz

EL ORATORIO MISIONERO DON BOSCO, una experiencia misionera juvenil en el Norte Integrado

El día 15 de Febrero de 2011 el diácono Diego Villalobos, que llevaba unas semanas de haber llegado Santa Cruz, en Montero, se dirigía por primera a todos nosotros en los buenos días y las buenas tardes. En su saludo lanzó a los jóvenes una invitación: Se necesitan jóvenes que deseen formar parte de un grupo juvenil y se animen crear en las instalaciones de la parroquia San José de la Floresta el Oratorio Salesiano los fines de semana en los tiempos libres. Allá existía un grupo de jóvenes que llevaban algún tiempo colaborando y se les invitó a formar parte de este nuevo grupo, pero les costaba mucho entender, como a todos nosotros al inicio, la mentalidad oratoriana y el movimiento juvenil Salesiano, no como un grupo, sino como eso mismo, como un movimiento de diversos y múltiples grupos.

 

Finalmente mientras esperábamos a que el grupo juvenil de la parroquia decidiera o no participar en iniciar o no esta experiencia, cinco jóvenes nos acercábamos al hermano Diego para aceptar su invitación: Walter Barhen, Juan Salvador Mercado, Laura Balcázar, Estefany Guzmán y Rodrigo Uriona. Al inicio todo parecía un fracaso. De mil jóvenes solo cinco aparecimos y no parecía ser un buen principio. Sin embargo tuvimos un primer encuentro en el que empezamos a comprender lo que es un oratorio y cómo lo llevaríamos adelante. A partir de entonces tuvimos un mes de formación acerca de los orígenes del oratorio, nos empapamos de los elementos básicos de la espiritualidad salesiana, aprendimos juegos, dinámicas de animación, reflexionamos acerca de la asistencia salesiana, el sistema preventivo, el trinomio razón, religión y amor y lo que más repetía Diego: CASA QUE ACOGE, ESCUELA QUE EDUCA PARA LA VIDA, PATIO DONDE JUGAR PARA HACER AMIGOS, PARROQUIA QUE EVANGELIZA.

 

Al pasar este mes de intensa formación iniciamos la campaña a través de la radio María Auxiliadora, invitando en las eucaristías dominicales, el hermano Diego en sus homilías, en boletines y volantes informativos para hacerles llegar la invitación a los jóvenes y niños. En ese transcurso  se fueron entusiasmando otros jóvenes de los que nos hacíamos ayudar: Marcelo Florez, Jimena Claros, Luis Fernando Ruiz, Paulino Leigues, Arelis, Moisés y Daniel Prieto, Ruddy Mendez y Mauricio entre otros y así, llegado el primer sábado de Abril se dio apertura al primer oratorio salesiano parroquial con la presencia de 23 niños. Después de muchos años volvía a  verse vida juvenil, según cuenta los más adultos de la parroquia.

Ese día hubo acogida, juegos, dulces y las primeras buenas tardes con el compromiso de traer un nuevo amigo. Eran pocos niños pero eran 23, más que el número de jóvenes con los que empezó Bon Bosco su oratorio, dijo el  hermano Diego, motivándonos a trabajar con lo que Dios manda cada día.

 

Se realizó la evaluación de la jornada y se preparó el próximo encuentro al cual llegaron poco más de 35 jóvenes. Mientras tanto empezaban entre los jóvenes de la parroquia y la Escuela Salesiana Muyurina a nacer los grupos asociativos. CORO, TEATRO, ACÓLITOS, LECTORES, JUVENTUD MISIONERA, ENCARGADOS DE PASTORAL, etc. Estos grupos empezaban a organizarse dentro de sí mismos, cada uno tenía un horario de reunión, de formación y de proyección dentro del colegio salesiano y pasado unos meses también fuera de la escuela. Por ejemplo el grupo de teatro empezó a pasar por todas las escuela de la parroquia y apoyarnos económicamente para el oratorio y aunque cada grupo era independiente en sus reuniones, teníamos la formación común en los diferentes encuentros de la inspectoría y de la Región, como en las escuelas de líderes y de animadores, jornadas de salesianidad, precampo Bosco, campo Bosco, FORJA, retiros espirituales  e incluso una fiesta que recibió el nombre de ágape de la fraternidad salesiana finalizando el año a la que hemos venido dando continuidad porque reúne a todos los miembros del MJS para dar gracias a Dios por lo que hemos vivido durante el año y empezar a vivir la preparación a la navidad. Toda esta formación nos enriquecía y nos daba herramientas para poder llevar adelante nuestro oratorio que llegó a tener un sábado 350 niños que desbordaron nuestra capacidad pero que se volvieron motivación para seguir luchando. Generalmente se mantenía el centenar de niños y con ellos íbamos adelante con actividades recreativas, talleres, deporte y oración.

 

 Posteriormente llegó una experiencia fuerte de apostolado: la navilandia que se preparaba para recibir 500 niños y jóvenes. Esta experiencia puso a prueba lo que habíamos aprendido sobre sistema preventivo y asistencia salesiana, puso a prueba la creatividad, la astucia y nuestra capacidad de animadores. A esto se sumaba la ausencia del hermano Diego que iba a su país. Por tanto estábamos frente a los jóvenes solos por primera vez. Esto nos sirvió mucho. Fue importante delinear quienes iban a estar en la cabeza de la actividad, reunirse para programar y evaluar todos los días, ver los aciertos y desaciertos para corregir al día siguiente y seguir adelante garantizando que la actividad no perdiera su sentido espiritual. Diego nos había recomendado empezar siempre con un tema de formación y terminar con una celebración sencilla de oración. Para ello cada día un grupo de tres personas preparábamos la formación y oración entre nosotros mismos y aprendimos a rezar y nos sentíamos bien dando una charla formativa: ya no dependíamos del todo de Diego. La experiencia fue de un valor único.

 

En el mes de Enero del 2012 culminó la actividad navideña y de vacaciones útiles en las que ayudamos a los niños a repasar sus temas de clase y regresaba el hermano Diego, y el oratorio volvía a su normalidad, los jóvenes a sus labores educativas y nosotros también al estudio. Ya un pequeño grupo de nosotros nos volvíamos exalumnos y entrabamos a la universidad lo cual nos aumentó la exigencia y la capacidad de donación para poder continuar en el MJS  y el oratorio.

 

En fin, retomar las actividades oratorianas fue más sencillo. Ya se había constituido el consejo pastoral del oratorio y marchaba adelante nuestra actividad salesiana. En el mes de febrero Diego nos envió a los mayores y más antiguos a una semana de formación para jóvenes formadores y animadores llamada FORJA con  el compromiso de regresar a la región y organizar la Escuela de animadores II sin ayuda de ningún religioso excepto para lo litúrgico. Fue una semana intensa en la Paz pero nos abrió mucho los horizontes. Llegados a Montero nos dispusimos a la organización de la escuela de animadores, los temas, la oración, la logística estaba en nuestras manos y por primera vez los salesianos y salesianas estaban de asistentes solamente. Todo salió de maravilla y a partir de entonces buscan de nuestros servicios incluso a nivel de la inspectoría, como para la última Jornada Juvenil Salesiana por ejemplo.

 

Y a lo largo del año se presentó una novedad. Cuando laborábamos en el oratorio una nueva generación de animadores venía preparándose con el hermano Diego y se iban integrando poco a poco al grupo de animadores del oratorio, de manera que llegamos a superar el centenar. Había momentos en que eran más los animadores que los jóvenes presentes lo cual logro distraernos y traerle algunos dolores de cabeza a nuestro amigo diácono quien tenía que llamar la atención con frecuencia y reorganizar en varias ocasiones nuestro trabajo. Por circunstancias de la vida, gracias al grupo de cursillistas de colores, empezamos a ir al barrio 25 de enero, de otra parroquia, donde reuníamos hasta 200 adolescentes y donde la acogida fue muy bella. Nos lamentábamos de la pobreza extrema, a tal punto que fuimos testigos de un bebé que moría y era velado sobre un madero y al día siguiente llevado en una carretilla hasta un cementerio improvisado que tenían allí.  Esto nos impactó a todos pero este oratorio tuvo que ser cerrado porque nuestros recursos económicos no ayudaban y las distancias eran enormes.

 

Pero un día, en un momento de formación, el diácono nos propuso ir pensando en las periferias de la parroquia donde “abundan los niños pobres y los perros” como acostumbra a decir. Los animadores que ya eran tantos podrían dividirse en grupos y salir a los barrios más pobres. La idea coincidió con un pensamiento del párroco el  P. Luis quien deseaba que cada grupo pastoral de la parroquia apadrinara uno de los sectores más marginados y fueran allí para acercarse a las familias, preparar a los bautismos y matrimonios, hacer presencia parroquial, celebrar la eucaristía y de paso empezar a abrirnos espacio. Esta experiencia misionera por parte de los grupos apostólicos de la parroquia, llevando el almanaque de María Auxiliadora, empezó en 5 barrios pobres en noviembre del 2012 y desde entonces Diego, empezó a prepararnos para ir a los oratorios donde deberíamos acercarnos a los niños y jóvenes, compartir el deporte, formar grupos asociativos infantiles y dar catequesis de primera comunión para lo cual empezó un curso de biblia que aun hoy llevamos adelante.

 

Esto coincidió con una crisis muy triste que tuvimos que vivir. Entre nosotros hubo compañeros que pensando quizá que el MJS es solo un grupo de diversión o un club de amigos fueron desleales a la confianza ofrecida y tras varios robos sucedidos en la parroquia la gente nos señaló. Se empezaron a perder, además de la confianza, varias ayudas económicas que se recibían y el ambiente se tornó difícil para poder realizar el oratorio. No pudimos continuar en el centro parroquial con la misma fuerza además de que se nos cerraron las puertas de los lugares del centro parroquial. Pero ya estaba la idea de ir a los barrios, así que,  el grano de trigo caía en tierra para morir y nacer con nuevos frutos.

Llegó febrero del 2013 y el párroco había ofrecido a Diego varios centros de apostolado para nosotros en las periferias de la parroquia. Se reorganizó el consejo pastoral del oratorio y Ivanna, ya de la segunda generación de animadores, asumía la autoridad de los nuevos oratorios en su conjunto, porque Paulino, que estaba al frente, había sido nombrado coordinador del MJS regional y miembro del consejo del MJS de Bolivia. Eran siete los lugares para ir con la presencia de nuestro oratorio misionero como le empezamos a llamar: 1. El centro parroquial que estaría bajo la responsabilidad de sor Lourdes Molinedo FMA, y que atendía los domingos el oratorio en la parroquia, además de ser una hermana llena de amor y trabajo por los jóvenes; 2. La escuela Salesiana Muyurina, 3. Barrio Niño Jesús con las salesianas oblatas, 4. Barrio Chapas, 5. San Silvestre con los cursillistas de cristiandad, 6. El barrio 03 de Julio, con los cooperadores y luego, en Mayo, el Barrio Paraíso.

 

A todos nos gustaba la idea y queríamos empezar. Ivanna y el diácono Diego sortearon los lugares. Nadie podía escoger su lugar ni sus compañeros. Todos irían donde Dios lo pusiera y si era necesario un cambio Ivana lo haría consultando a Diego y como ya ha hecho varios cambios, entonces le llamamos “la inspectora”.

Vividos tres meses de conocimiento, de integración con la gente y los niños, después de superar miradas, desconfianzas de la gente, miedos por la nueva experiencia y de irse adaptando, el Padre Inspector Cristobal López, vino a enviarnos con la imposición de la cruz, el día de la ascensión del Señor, mediante la celebración eucarística dominical de manera que asumimos públicamente el compromiso de ir a los barrios y no abandonarlos. Lo mismo se hizo en la escuela Salesiana Muyurina para motivar a los estudiantes a que se unan a nuestros grupos. Nosotros estamos felices siendo manos, pies y voz para Dios llevando alegría al estilo de Don Bosco en los oratorios y en la región. En las próximas semanas un pequeño grupo de los muchachos de uno de los oratorios realizarán la confirmación y de cuatro barrios vienen la primeras comuniones.

Y como este año el don Bosco que Dios nos envió ya se hizo sacerdote, proyectamos empezar a atender las familias de los niños, visitar los enfermos de las comunidades, celebrar la Eucaristía, nos estamos organizando para la navidad y se han empezado a integrar la tercera generación de animadores y Diego sugiere celebrar la semana santa en cada lugar con el apoyo de los sacerdotes de Muyurina. Tal vez al año venidero deberemos buscar un par de barrios más para no acumular animadores de nuevo.  Muchas son las cosas que hemos vivido y de las cuales damos gracias a Dios, a don Bosco y su hijo ahora sacerdote quien nos ha cambiado la vida. Quisiéramos que todo fuera mejor y más organizado, mayor compromiso y profundidad en lo que se hace pero el P. Diego nos tranquiliza diciendo que solo el tiempo dará consistencia a la experiencia y que Dios es el que hace todo y que él actúa despacio y en el silencio. La verdad es que muchas cosas deben mejorar pero tenemos las ganas de seguir adelante exalumnos y alumnos y otros jóvenes no estudiantes salesianos que componen nuestro movimiento.

Las fotografías que le compartimos son de los diferentes oratorios y personas que se encuentran al frente de los mismos.

 

Gracias a quienes lean estas líneas. Los queremos a todos

Con cariño, Laura, Ivana, paulino, Teffy,  Juansa