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¡Descubre quién es Hermano Luis, el sacerdote citado por Papa Francisco como ejemplo de misericordia!

La primera vez que Papa Francisco lo recordó fue el 6 de marzo de 2014, en un encuentro con los párrocos de Roma. Luego volvió a mencionarlo como ejemplo de misericordia algunos meses después, el 11 de mayo de 2014, en la homilía de la misa para las ordenaciones sacerdotales. También le citó en el libro entrevista: «El nombre de Dios es misericordia». Hace algunos meses, en febrero pasado, también lo puso como ejemplo durante la homilía de la Eucaristía que celebró en San Pedro con los frailes capuchinos; posteriormente en el encuentro con los sacerdotes de Roma en San Juan de Letrán y con los confesores del Jubileo.

Está claro. Cuando se trata de enseñar sobre el sacramento de la reconciliación y la acogida de los penitentes en el confesionario, Papa Francisco lo menciona como buen ejemplo… 

“Recuerdo a un gran confesor, un padre capuchino, que ejercía su ministerio en Buenos Aires. Una vez fue a verme, quería hablar. Me dijo: «Te pido ayuda, siempre tengo mucha gente en el confesionario, gente de todo tipo, humilde y menos humilde, pero también muchos sacerdotes… Yo perdono mucho y a veces me viene un escrúpulo, el escrúpulo de haber perdonado demasiado». Hablamos sobre la misericordia y le pregunté que qué hacía cuando sentía ese escrúpulo. Me respondió así: «Voy a la capillita, frente al tabernáculo, y le digo a Jesús: «Señor, perdóname porque he perdonado demasiado. ¡Pero fuiste tú el que me dio el mal ejemplo!»… Nunca olvidaré esto. Cuando un sacerdote vive así la misericordia sobre sí mismo, puede darla a los demás”. 

Este fraile capuchino ahora tiene un rostro y un nombre, gracias al buen oficio profesional del periodista Andrea Tornielli quien le encontró. Se llama padre Luis Dli, tiene 89 años y pasa sus días confesando “en un Santuario de un barrio popular en Buenos Aires (Argentina)”. Allí, a pie de confesionario, le concedió a Tornielli la siguiente entrevista. 

Padre Luis, el Papa habló ya dos veces de este ejemplo hablando de un fraile capuchino, y el hermano capuchino es usted. ¿Puede decirnos qué pasó y por qué usted habló así al entonces cardenal Bergoglio?
Mira yo dentro de todo soy un poco, no digo escrupuloso, pero un poco timorato diríamos en las confesiones, en el perdón y todo eso. Entonces cuando él era cardenal acá en Buenos Aires yo tenía mucha confianza, iba hablar con él y alguna vez le he dicho todo esto; y él me decía: Perdona, perdona, hay que perdonar. Y entonces bueno sí yo perdono, pero después me queda cierta intranquilidad y entonces digo pero yo después voy a Jesús y le digo que Él me enseñó, el mal ejemplo me lo dio Él, porque Él perdonó todo, jamás rechazó absolutamente a nadie. Entonces se ve que a él le impresionó estas cosas, o le quedaron grabadas, y por eso lo comenta; pero no, no es una cosa… Porque él sabe que yo confieso mucho, atiendo muchas horas, de mañana y de tarde. Incluso más de una vez él recomendó a algunos sacerdotes para algún problemita que vinieran a charlar conmigo. Yo los atiendo y ahora con algunos sacerdotes somos grandes amigos porque vienen habitualmente están siempre charlando y están muy bien espiritual, pastoralmente muy bien. Así es que yo tengo que agradecerle mucho al Papa esa confianza que ha depositado en mí, agradecerle muchísimo, porque no es merecida. Yo no soy un tipo, un sacerdote, un fraile preparado, de estudios, de ningún doctorado, no tengo nada. Pero la vida me ha enseñado mucho, la vida me ha golpeado, la vida me ha enseñado y como nací desde muy abajo, muy pobre, entonces me parece que siempre tengo que tener una palabra de misericordia, de ayuda, de cercanía, a todo el que llega, a todo el que viene acá. Que nadie se vaya (sintiendo) como que no me entendió o (pensando) que me despreció o que me rechazó.

¿Pasa mucho tiempo aquí, confesando en este santuario?
Habitualmente de mañana, de 9 a 12. Tengo la misa a las ocho, habitualmente ¿no? Salvo algunas excepciones yo atiendo de 9 a 12 y acá de 15 a 19 horas. Todos los días. El domingo de 7.30 a 12.30; de tarde también los domingos estoy en lo mismo desde las 15, celebro la misa y luego sigo atendiendo hasta que las velas (no) ardan.

Usted tiene 89 años…
89 años…

Es muchísima la gente que usted ha visto, confesando. ¿Qué consejo puede dejar a sus hermanos sacerdotes sobre qué actitud tener en el confesionario?
Es lo que dice el Papa, yo otra cosa no puedo decir, porque lo siento, porque lo vivo. Misericordiosos, comprensión, poner… iba a decir cuatro oídos, pero no, ¡toda la vida! A escuchar, a comprender, a poder ponerse en el pellejo del otro, en el cuero del otro para entender qué está sucediendo. Que no seamos, empezando por mí, funcionarios, que cumplimos algo, ya está: le di la absolución, sí, no y se terminó. Todo lo contrario. Yo creo que hay que tener una cierta cercanía, una amabilidad especial, porque a veces hay gente que llega de años que no sabe muy bien lo que es la confesión. No te asustes, no te preocupes. La confesión lo único que se necesita es querer ser mejor, nada más; que no pienses cuántas veces con quién y que esto y que lo otro. Estas cosas no sirven para nada. Me parece que alejan a la persona. Yo tengo que procurar que las personas se acerquen a Dios, se acerquen a Jesús.

Este es también un consejo para la gente que viene a confesarse…
Exactamente, sí, que no tengan miedo. No tengan miedo porque… Yo siempre les muestro esta postal (es una imagen del Padre abrazando al Hijo Pródigo), que la tengo a acá siempre. Porque me dicen ¿pero Dios me va a perdonar? ¡Pero Dios te abraza, Dios te quiere, Dios te ama, Dios camina contigo! Dios vino a perdonar, no vino a castigar, vino a estar con nosotros, ¡dejó el cielo para estar con nosotros! ¿Entonces cómo vamos a tener miedo? Me parece que es casi un absurdo, un desconocimiento, una idea equivocada de nuestro padre Dios.

Cuando escuché al Papa hablar del ejemplo que usted le ha dicho -aunque hasta hoy nadie sabía que era usted quien le había dado este ejemplo-, yo pensé en un hermano suyo, un capuchino, el padre San Leopoldo Mandic que también tenía esta actitud con la gente que se iba a confesar.
Sí, sí, le conozco mucho; leí su vida y aprendí mucho de él. Incluso del padre Pío, que yo estuve con él en el año 60, creo, 61, estuve con el padre Pío. Y todas estas cosas me enseñaron mucho.

Ah, ¿usted conoció al Padre Pío?
Sí, estuve con él, me confesé con él. Estuve con él en el mismo conventito de antes en el año 60. Esas cosas a mí me han enseñado mucho, me han grabado muchas cosas lindas de este ejemplo de misericordia, de amor, de paz, de tranquilidad, de cercanía; a pesar de que el Padre Pío era bastante fuerte, bastante enérgico. Pero cuando tenía que escuchar y perdonar era Jesús perdonando. Sí, sí.

Muchas gracias
Por nada, al contrario. Un agradecimiento grande al Papa por este amor, por esta confianza inmerecida que me ha regalado. ¡Gracias a ti!