Lunes 3 de octubre 2022
#crónicas #vaticanas
Desde siempre el mes de octubre en Roma es un tiempo muy bello. La ciudad se despierta definitivamente después de su letargo veraniego. En un clima otoñal, los crepúsculos provocan suspiros entre peregrinos y turistas, las aves emigran, y romanos y forasteros regresan para comenzar nuevamente un ciclo laboral o de estudios.
Por lo demás, como cada domingo cuando los miles de campanarios anuncian el mediodía, en el Vaticano se abren las cortinas blancas del tercer piso del Palacio Apostólico, el papa aparece, saluda con la mano y antes de rezar la oración mariana del Ángelus, explica el evangelio dominical.
Sin embargo, este domingo 2 de octubre el Santo Padre salió de esos cánones y durante todo el tiempo dedicado a su reflexión, hizo un llamado vehemente a la paz. Ante las banderas rusas que prometen con desenfado el uso de armas atómicas, el papa de 85 años quiso hacer escuchar su voz.
Estas fueron algunas frases que pronunció ante los peregrinos y ante las cámaras de televisión que transmiten su mensaje a todo el mundo:
“¿Qué más tiene que pasar? ¿Cuánta sangre debe correr aún para que entendamos que la guerra nunca es una solución, sino solo destrucción? En nombre de Dios y en nombre del sentido de humanidad que habita en cada corazón, renuevo mi llamamiento para que se llegue inmediatamente a un alto el fuego. […]
Mi llamamiento se dirige ante todo al Presidente de la Federación Rusa, suplicándole que detenga, también por amor a su pueblo, esta espiral de violencia y muerte. Por otro lado, […] dirijo un llamamiento igualmente confiado al Presidente de Ucrania para que esté abierto a serias propuestas de paz.”
Por otro lado, desde esta crónica informamos algo que sucederá a mediados de este mes, ya que se publicará el documento que resume aquello que el Pueblo de Dios ha expresado a la pregunta fundamental: ¿Qué quiere Dios para su Iglesia hoy?
Las respuestas llegaron al Vaticano desde todas las conferencias episcopales del mundo y otros organismos nacionales e internacionales, estos respondieron a la convocatoria que el Papa realizó al desencadenar un proceso inédito de consulta al Pueblo de Dios (recuerdo que obispos y sacerdotes también son parte de él y no son una entidad separada, ni mucho menos una élite).
De hecho, este domingo 2 de octubre la Secretaría del Sínodo y todo el equipo de trabajo que se reunió por 12 días extenuantes, fue recibido por el Papa en una sala contigua a su residencia. Fue una audiencia fuera de los programas oficiales, en la que el cardenal Mario Grech le informó sobre la redacción de este documento de trabajo, que en estos días será traducido y entregado nuevamente a las conferencias episcopales, para que estas preparen la fase continental durante el primer trimestre del 2023.
No cabe duda que el Papa desea que el sínodo esté en el centro de la vida eclesial y que la iglesia reflexione cómo ser una “carpa” donde haya espacio para todos.
La intención es buena y sincera. Será un camino productivo, de tensiones y dialécticas productivas, pero también de discernimiento creativo. Algunos quedarán más contentos que otros, pero lo importante es que nadie se sienta excluido y para esto sí que nos falta camino por andar.
Finalmente, el Papa en su invitación de oración para este mes, también ha invitado a orar por la Iglesia en sínodo, aclarando en su video de invitación que este “caminar juntos” no quiere decir democratizar la iglesia pero tampoco dar pasos atrás.
(aquí el texto integral del Ángelus: https://www.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2022/documents/20221002-angelus.html)
Por: Ariel Beramendi


