Internacional

Crónicas Vaticanas: Las lágrimas del Papa ante la Inmaculada

Lunes 12 de diciembre 2022
#crónicas #vaticanas

El pasado jueves 8 de diciembre, después de dos años el Papa Francisco veneró públicamente la imagen de la Virgen que se encuentra sobre una columna, en la famosa Plaza de España, de frente a la antiquísima embajada de ese país europeo. Los últimos dos años lo había hecho privadamente, a tempranas horas de la mañana, para evitar las aglomeraciones en tiempo de pandemia. Pero, este año retomó la tradición secular porque a las cinco de la tarde llegó hasta el lugar y saludó a cientos de peregrinos y turistas que abarrotaron la zona.

Ese mismo día, en horas de la mañana, el cuerpo de bomberos, con una enorme escalera, depositó en los brazos de la imagen mariana un aro de flores que permanecerá allí hasta que las inclemencias del tiempo lo permitan.

Sin embargo, este año 2022 la visita del Papa será recordada por su llanto, pues en medio de su discurso al hablar de la guerra se le quebró la voz y no pudo ocultar su amargura. “Es una derrota para la humanidad”, explicaría después en un saludo a los periodistas que no estaba programado.

No es común que esto suceda. Imagino que el llanto del Papa, el día de la Inmaculada, fue el desahogo de un pastor que tiene sobre sus espaldas el peso de la historia de la Iglesia. El mundo no está mejor que hace diez años y, tal vez, las lágrimas del Papa se deben al sufrimiento en Ucrania y a otras guerras olvidadas que, desde hace años, siguen sembrando muerte y desolación. (Al escribir estas líneas, en Ucrania, familias enteras no tienen electricidad ni agua potable, y el clima es de menos diez grados centígrados).

No cabe duda que estamos llamados a un ejercicio de esperanza y solidaridad.

Pero las lágrimas también caen cuando en el seno de la iglesia se experimenta la división y la agresión entre las facciones opuestas, y de estas contra el Sucesor de Pedro.

Las lágrimas también se derraman cuando vemos que los abusos de poder, abusos espirituales y abusos sexuales, siguen siendo una herida abierta en el seno de la Iglesia.

Al respecto, la semana pasada, emergió en las noticias la denuncia que una consagrada habría realizado en contra del padre Rupnik, un jesuita muy estimado en ambientes artísticos, teológicos y espirituales. El hecho dividió la opinión de personas de muy alto valor moral, así que nos limitamos a transcribir la reflexión que Gianfranco Matarazzo, ex superior de la Provincia Euro-Mediterránea de la Compañía de Jesús, realizó el pasado 7 de diciembre:

«Con todas mis limitaciones, intento dar mi vida a la Iglesia católica a través de los jesuitas. Nunca he pertenecido a la mortificante dicotomía “conservador” o “progresista”.

Pero hay que decirlo: el caso Rupnik es un tsunami…de injusticia, de no transparencia, de gestión cuestionable, de la actividad disfuncional, de trabajo hecho a medida, de la comunidad apostólica sacrificada al líder, de trato desigual.
Y el comunicado de los jesuitas reaviva este tsunami. Un caso ejemplar de justicia denegada.

Ni siquiera se ayudó al presunto autor. Un daño letal para la Orden Jesuita, pero aún más a la Santa Madre Iglesia.
Otro caso de estudio, como si no fuera suficiente lo que ha ocurrido hasta ahora.

¿Qué hay que hacer?

1. Asumir todas las responsabilidades y consecuencias de esta opción.
2. Ofrecer una reconstrucción detallada de todo lo sucedido.
3. Convocar una rueda de prensa y responder a todas las preguntas de forma transparente, sin tener que hacer añadidos porque les obliguen.
4. Abrir los archivos.
5. El P. Hans Zollner S.J., acreditado como una voz autorizada en el tema de los abusos y siempre exigente con los obispos respecto a la gestión de esta tragedia, ha de tomar posición sobre su Orden.

No hablaré más sobre este caso.»

(Fin de la reflexión del jesuita Matarazzo, y fin de esta crónica semanal)

Por Ariel Beramendi