Santa Cruz

“Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor” Mons. Sergio Gualberti en la jornada de los MCM

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, pronunciada en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir.

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy la solemnidad de la Ascensión de Jesús al cielo, acontecimiento que pone fin a la actividad terrenal de Jesús, es su vuelta definitiva al Padre. Por eso, de ahora en adelante, les toca a los apóstoles difundir la palabra de Jesús, ser los testigos autorizados del Señor resucitado porque los han visto después de su muerte, han compartido y comido con él en varias oportunidades y han sido instruidos por él “bajo la acción del Espíritu Santo”.

El Evangelio de hoy nos presenta la palabra definitiva de Jesús Resucitado. El lugar es significativo: en Galilea y sobre la montaña. Allí Jesús había proclamado su primer anuncio de la venida del Reino de Dios, su nueva doctrina de vida, las bienaventuranzas, ahora allí nuevamente resuena su Palabra pero no sólo como Jesús de Nazareth, sino como Señor Glorioso: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”, porque el Padre “lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación…”. 2da lectura.

Ya durante su vida terrenal Jesús había dado muestra de su poder, enseñando con autoridad, sanando a enfermos, echando demonios y perdonando pecados. Pero ahora, en manera total y definitiva, el Padre lo ha constituido Dios y Señor de la historia y de la humanidad por toda la eternidad.

Sin embargo, la autoridad de Jesús, no es como el poder de este mundo, poder, marcado a menudo por la dominación y opresión, muy codiciado y objeto de luchas y pugnas. Su autoridad es servicio, el ha venido a liberarnos de la esclavitud de pecado y del mal, y a vencer la muerte. En fuerza de esta autoridad, Jesús envía ahora a sus seguidores, en el mundo: “Vayan pues y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19).

Jesús confía a la Iglesia la misión de anunciarlo como único y necesario camino de la salvación. “Hacer discípulos”: Por el bautismo somos hechos discípulos, seguidores de Jesús que tienen una relación personal y comunitaria con él, que escuchan su palabra, la ponen en práctica y que guardan “todo lo que les he mandado”. Esto significa ser cristianos conscientes, que viven de acuerdo a la voluntad de Dios y que se dejan guiar en su vida por los valores y principios cristianos, con coherencia entre su fe y su vida.

Después de esas palabras, “una nube lo ocultó de la vista de ellos. Es el momento la “despedida”, la “separación”. La “nube” que oculta a Jesús de la vista de los discípulos, es signo de una nueva forma de presencia: Jesús sigue presente entre nosotros y cercano, pero, al mismo tiempo, su presencia va más allá de nuestra realidad terrena. Los apóstoles “miran atentamente” a Jesús, “miran” no en sentido material sino con los ojos de la fe lo que han compartido con Jesús hasta este último instante en el que Jesús es glorificado e introducido en el mundo de Dios. La Ascensión es la plenitud y coronación de la Resurrección de Jesús, y es la fiesta de la esperanza para nosotros, porque nos abre también a nosotros las puertas del cielo, porque donde está nuestra “Cabeza”, ahí esperamos estar también nosotros su cuerpo, la Iglesia.

La lectura termina con una pregunta de los “dos hombres vestidos de blanco” a los apóstoles: ¿Por qué se quedan mirando al cielo?”. Estas palabras son un pedido a no perder el tiempo pasivamente en esperar del cielo revelaciones especiales y espectaculares, ni soluciones milagrosas a los problemas del mundo, sobretodo representan un desafío a que vayan a anunciar con urgencia el evangelio a todo el mundo, como testigos privilegiados del Resucitado.

Tenemos que mirar al cielo, la meta y horizonte definitivos que nos esperan en la vida eterna de Dios, para poner toda nuestra atención a la realidad de cada día. La fe cristiana no puede quedarse sólo en alabanzas, en ritos emotivos y experiencias carismáticas desencarnadas, sino que tiene que concretarse en un compromiso de vida, testimoniando el amor del Padre en favor de todas las personas. El Resucitado no nos quita de la historia ni nos separa de la sociedad. Él nos sumerge plenamente en el presente pero con la exigencia de vivir conforme a su Palabra y mandatos, y no según nuestro antojo

La desaparición física de Jesús de esta tierra es el inicio, el punto de partida de la misión de la Iglesia, de anunciar y testimoniar el Reino de Dios, con la promesa de Jesús: “Yo estaré con Uds. todos los días hasta el fin de la historia”; el Señor nos asegura su presencia continua y perenne. Esta es nuestra fuerza y esperanza.

En este día de la Ascensión, la Iglesia celebra también la Jornada de los MCS, y el Papa Francisco ha centrado su mensaje sobre la: «Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro». “En un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, como la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas. Ante este escenario, los MCS pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a impulsarnos a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos.

“Comunicar bien” nos ayuda a conocernos mejor entre nosotros, a estar más unidos, a estar dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros, mediante el diálogo que nos permita crecer en la comprensión y el respeto.
Por eso tenemos que recuperar la capacidad de guardar silencio para escuchar, para mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana en las distintas culturas y tradiciones, y los grandes valores inspirados desde el cristianismo: como la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad… El comunicador tiene que ser como el buen samaritano, que se hace prójimo, cercano, porque todos somos humanos, hijos de Dios; la comunicación es «proximidad»“.

También hoy en la Iglesia en Bolivia iniciamos la Semana de Oración por la unidad de los cristianos, cuyo lema es la pregunta de san Pablo a los cristianos de Corinto: “¿Está dividido Cristo?” Superar las divisiones es el reto particular de todos los bautizados para hacer realidad el mandato del Señor que:”Sean uno, como yo y el Padre somos uno, y para que el mundo crea que me has mandato”. Es el testimonio que debemos al mundo, por eso oremos para que Dios nos conceda que, todos juntos, con humildad caminemos hacia la comunión plena en Jesús, nuestro único Señor y Salvador.

En el espíritu de gozo del resucitado que asciende al cielo, nos llena de viva esperanza y alegría que dos sacerdotes, nativos en esta tierra oriental, Mons. Aurelio Pessoa y Mons. Jorge Saldías, el próximo jueves van a ser ordenados Obispos con la función de Auxiliares de la Arquidiócesis de La Paz. Los acompañamos con nuestra sincera amistad y solidaridad, y en especial con nuestra oración, pidiendo a Dios que esté siempre a su lado en la desafiante misión de ser pastores del pueblo de Dios que peregrina en esa hermana Iglesia.

Amén