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Armando Porcel A. : “Fiesta de la Virgen de Guadalupe”

Virgen de Guadalupe antigua

La festividad de la Virgen de Guadalupe era la más sonada en esta parte de América, tanto por la fama de sus joyas y los milagros que había hecho. Se realizaba con esa religiosidad que era tan característica del pueblo sucrense. Empezaba con la novena que son cánticos de alabanza durante los 9 días previos a la misma festividad, estos cánticos estaban interpretados en la lengua nativa por los campesinos que venían de la provincia de Yamparáez, tañían un sentimiento muy profundo que llegaba al fondo del corazón y hasta las lágrimas.

Había otro cantor, un señor al que llamaban el Pepero, hombre alto de voz ronca que cantaba “Dulce Jesús mío”, las cholas arrodilladas con la mirada embelesada ante la imagen de la Virgen, entregándole todas sus penas y pidiéndole al mismo tiempo otros favores; esto se repetía durante los 9 días. Día antes, en la noche se daba la serenata, “la fiesta pasadora” (mujer que pasaba la fiesta) invitaba los famosos ponches frente a la capilla, mientras que en la Plaza 25 de Mayo, frente a la puerta principal de la Catedral, se realizaban los juegos artificiales hechos por nuestros artesanos de la pólvora, a los que les llamaban cueteros, a uno de estos artesanos se lo conocía como el “loco niño”, al otro como “sordito Morales”.

Durante la exposición de los fuegos artificiales se veían los avioncitos, los soldaditos, las camaretas, los castillos, los buscapiquis, etc., lo más esperado era la largada de los globos de papel de seda de colores, los niños miraban hasta que se perdían en la inmensidad de la noche.

8 de septiembre, día mismo de la festividad, las campanas mayores lanzaban sus tañidos al aire como ocurría solo en grandes acontecimientos como el de la Virgen de Guadalupe o la muerte del obispo. Diez de la mañana comenzaba la misa mayor con la asistencia de toda la población como ministros de la Corte Suprema, el Ejército, la Policía, empleados públicos y todos los feligreses de todas las órdenes religiosas.

Transcurría la misa con toda su pompa eclesial: los curas vestidos con sus casulla bordada con hilos de oro y plata, incensarios de plata con repujado único de la época colonial. Concluida la misa salía la procesión de la Virgen de Guadalupe, la cual era bajada de su altar con mucho cuidado porque era bastante gruesa, otra lámina de plata por detrás, para el transporte de la Virgen durante la procesión, era un quitoneo por los hombres devotos de muchos años.

Las campanas de todas las iglesias replicaban la salida de la Virgen de Guadalupe durante la procesión.

Las casas del entorno de la Plaza 25 de Mayo armaban altares para rendir homenaje a la Virgen de Guadalupe; señoras de la aristocracia al paso de la Virgen arrojaban pétalos de rosas rociados de perfume desde sus balcones. La procesión era acompañada con la banda de música de la Policía y el Ejército.

Concluida la procesión, la Virgen era colocada en su altar, era el momento donde las cholas le hacían regalos sacándose sus caravanas, sus anillos con incrustaciones de rubíes, diamantes, en oro de 18 quilates y plata.

Los hombres también regalaban sus anillos de oro con cabuchones de rubí, relojes de oro con sus leontinas de oro, era la fe por los milagros que la Virgen hacía al pueblo de Sucre.

La gente asistía con sus mejores galas, las cholas con centros bien almidonados, sus polleras de felpa, de terciopelo, con zapatillas de charol, medias nylon, talón negro, con mantones a cual mejor. Los hombres igual, como decían, desde la cabeza hasta los pies, y qué ternos se gastaban en casimires finos y sombreros finísimos como el borsalino.

La Catedral tenía dos barandas al medio de la nave central hechas de bronce, que le daban ese toque barroco; algunos decían que las perillas que tenían en la parte superior eran de oro. Dentro de este barandado se sentaba la clase aristocrática y la gente del pueblo lo hacía en el suelo.

En cuanto a las joyas que tenía la Virgen de Guadalupe a la vista, eran dos pavorreales de oro del tamaño del puño de un hombre, dos toritos de perfil también de oro que estaban en sus pies y qué decir de la pedrería tachonada en todo su cuerpo como rubíes, esmeraldas, perlas de oriente de todo tamaño, su diadema de oro con golondrinas también de oro.

En cuanto a la procesión, el comportamiento del pueblo, la solemnidad, era algo mayestático como nunca habrá.

Virgen de Guadalupe, patrona de los chuquisaqueños, protégenos hasta el fin de nuestros días… Ave María Purísima.

 

[AutorArmando Porcel A.]

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