
EL SEPULCRO ABIERTO:
SIGNO DE BÚSQUEDA Y REVELACIÓN
El cuerpo ausente y la narrativa que revela al sujeto creyente.
Dos sesiones marcan el día de la Pascua. La primera, alguna mujer —dice el Evangelio de Lucas, Juan dice María Magdalena—, van temprano al sepulcro. El segundo gesto, el de Pedro y Juan, que corren para ver esta experiencia, para ver lo que ha sucedido. Pero no es un tema de crónica, sencillamente, el Evangelio de Juan no nos da una crónica, es un texto de teología. Y entonces, la imagen que quiere darnos es de los creyentes que buscan al Señor, del creyente que camina, que va a la búsqueda del Señor.
Realidad y tensión entre muerte y vida en el mundo del creyente
Pero se confronta con una realidad en esta búsqueda del Señor: una realidad de vida, una realidad de anunciar, una realidad de acoger, dentro de un desafío de la muerte que acompaña la historia de todo el mundo. Y cómo la muerte acompaña la historia de nuestro mundo. Basta mirar un noticiero que nos damos cuenta de cómo la muerte lo acompaña. El discípulo en medio de la muerte de este mundo es el que corre a buscar el encuentro con el Señor resucitado. Esta es la imagen.
LA MUJER TESTIGO Y EL ANUNCIO DE LA VIDA
EN TIEMPOS DE MUERTE
María Magdalena, apóstol de los apóstoles.
Y aquí hay después los detalles: el anuncio. María Magdalena es ella quien da el anuncio a los apóstoles. Lo recordábamos anoche: la palabra apóstol es mensajero. El mensajero para los apóstoles son las mujeres. Y leeremos en estos días el Evangelio, como que Pedro y Juan se retiran. Jesús aparece a María Magdalena. Aún no viene de preguntarse: si Pedro y Juan eran los jefes reconocidos de la Iglesia, ¿por qué el Señor aparece cinco minutos después cuando ellos se han ido y aparece a María Magdalena? Buena pregunta.
La duda y la sospecha: La confusión no anula el anuncio de la resurrección.
Ese de hecho error de las mujeres: son las que anuncian la resurrección del Señor. Todavía con confusión. “Han robado el cuerpo”, dice María Magdalena. “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”, dirán las mujeres. De la literatura del Evangelio de anoche: ya no está. Dos anuncios: ¿Dónde lo han puesto? ¿Dónde está el Señor resucitado?
Anunciar al Resucitado es ser mensajeros de esperanza y transformar estructuras de muerte
Esta es la pregunta: ¿Dónde está hoy el Señor resucitado? Esta mañana, el Papa Francisco ha invitado a los cristianos a ser estos anunciadores que salen del sepulcro y van por el mundo anunciando esta resurrección del Señor. Es el anuncio de esperanza, el anuncio que transforma la vida. ¿Y qué significa esto? Significa que la muerte no gana. La vida. Significa que estamos llamados a cambiar todas las situaciones de muerte. Significa que tenemos que ir a construir posibilidad de vida.
La vida cristiana no es pausa, es compromiso cotidiano.
Y no basta una tregua simbólica de treinta horas como la proclamada en la guerra de Ucrania. Que es un desafío. Ciertamente, treinta horas son unos muertos menos hoy, pero no tiene mucho sentido si mañana se reanuda. Estamos llamados a ser cristianos que no hacen solo momentitos de pausa, momentitos de vida. Cristianos que construyen vida.
El cementerio de nuestras seguridades: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”
Y la segunda reflexión que pueden hacer es la pregunta de los ángeles anoche a las mujeres: ¿Por qué buscan entre los muertos? A veces buscamos entre los muertos. Buscamos en nosotros mismos, en lo que nosotros sabemos que está muerto. Buscamos en eso. No es el caso. ¿Por qué buscas entre los muertos?
Quitar la piedra que encierra la muerte.
Hay situaciones negativas. ¿Por qué estás en torno a estas y no te liberas y caminas por otro rumbo? ¿Por qué sigues buscando entre los muertos? ¿Por qué sigues estando ahí sobre la piedra que tapa la muerte, que encerraba la muerte? Quítala, esta piedra. Todavía muchas veces dejamos que las piedras que hacen muerte, que encierran muerte, sigan ahí. No las quitamos. Y a pesar de que constatamos la muerte, no quitamos estas piedras. Sí nos lamentamos, pero dejamos que las piedras estén ahí. El desafío del cristiano es ir por el mundo, es decir: sí, es posible quitar todo lo que es muerte.
Celebrar la Pascua es apostar por la vida.
¿Y cuántas muertes? Y no hacemos la lista hoy que es Pascua de las cosas que son muerte. Todos lo sabemos. Y su muerte también en nuestro corazón. Cuántas cosas son muertes. Relaciones tóxicas, para decirlo en un término fácil que hoy corre mucho: relaciones negativas, relaciones que encierran, maltrato, violencia. Cuánta situación de muerte. Hasta en el nivel personal, en el nivel más allá del personal, vemos cuántas situaciones. El cristiano no se dobla a las situaciones de muerte.
LA PASCUA QUE TRANSFORMA
Y NOS HACE ANUNCIADORES DE VIDA
Cristo Resucitado es fuente de fuerza para una vida nueva.
Experimenta la resurrección. Acoge un Cristo resucitado y encuentra la fuerza de la vida en él. Esto les deseo: que, como Pedro, como Juan, han venido temprano esta mañana, para encontrar, para celebrar la vida. Y después, vayan a buscar al Cristo resucitado. Más bien, vayan a anunciar al Cristo resucitado ahí donde hay situaciones de muerte.
Anunciar a Cristo es construir vida donde reina la muerte.
¿Qué quiere decir anunciar a Cristo resucitado? Ayudar a que las situaciones de muerte se cambien en posibilidad de vida. Trabajar para que sea la vida: una vida plena, una vida verdadera, una vida de libertad, una vida, si quieren, de mayor pobreza, pero no de esclavitud. Anunciamos la vida, celebramos la vida y hacemos nacer la vida.
Ser peregrinos de esperanza es construir futuro desde el Evangelio.
Entonces sí seremos peregrinos de esperanza, como nos invita a hacerlo el Papa Francisco: peregrinos de esperanza, ahí donde hay necesidad de apuntalar a lo que construye y a lo que hace vida. Que sea una feliz Pascua. Que seamos anunciadores de la resurrección. Como María Magdalena.


