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Construir un país con valores, demanda dejar de lado los sueños de poder. Mons. Sergio Gualberti

Cristo Rey

La solemnidad de Cristo Rey fue el tema central de la Homilía de Mons. Sergio Gualberti. El Arzobispo indicó que Cristo tiene un rol insustituible en la historia de la humanidad y es el único ante quien debemos arrodillarnos. En contraposición indicó que ningún ser humano tiene la potestad de exigirnos total adhesión a su persona.

Por otro lado el Prelado indicó que el reino de Cristo Rey, es un señorío de dominio eterno, y su rol es definido con títulos que ayudan a descubrir su vocación y misión. Empero Cristo Rey, no busca su propia gloria e interés. El sirve y se entrega por amor.

El Arzobispo destacó que Cristo Rey, para implementar su reino, no recurre a la fuerza, engaños, amenazas o violencia sino que el poder de Cristo Rey radica en ser testigo fiel de la verdad, por ello, responder el llamado de Cristo Rey implica conversión en el vivir, pensar y actuar, implica creer en Dios, Jesús, su obra, su misión y su destino. Todo esto constituye la Buena Noticia de salvación para todos, con Cristo que es un rey crucificado y cuyo trono es la cruz.

Asimismo remarcó que la autoridad de Cristo Rey no es un privilegio, Y su poder es fuerza de amor que nos liberó de nuestros pecados por tanto no podemos ser súbditos de tiranos que esclavizan.

Por otro lado expresó su preocupación por la ausencia de justicia y estado ante los linchamientos, por la desconfianza del pueblo en el sistema electoral, por los enfrentamientos en esferas de gobierno, por la ocupación de tierras forestales. Por ello exhortó al Pueblo de Dios ha encaminar sus pasos hacia la paz.

El Arzobispo expresó un rotundo No a la multiplicación de los feminicidios y un si a la educación en igual dignidad y derechos. Finalmente instó a los bolivianos a entender que construir un país con valores demanda dejar de lado sueños de poder

Homilía de Mons. Sergio Gualberti

Arzobispo de Santa Cruz

Noviembre 25 de 2018

Cristo Rey tiene un rol insustituible en la historia de la humanidad

Con esta solemnidad de Cristo Rey termina el Año Litúrgico en nuestra Iglesia, tiempo en el cual hemos ido viviendo a la luz de la fe y con gratitud los misterios principales de la salvación. Y hoy, la Iglesia centra su atención sobre el rol insustituible de Jesucristo en la historia de la humanidad como el único Señor ante quien debemos arrodillarnos.

Ningún ser humano tiene la potestad de exigirnos total adhesión a su persona

El único que puede pedirnos la adhesión de todo nuestro ser y de nuestra conciencia, el Señor al que se orienta nuestra historia personal, familiar, comunitaria y social. Ningún ser humano, por poderoso que sea, tiene la potestad de exigirnos la adhesión total a su persona y, en el caso de que lo hiciera, cometería una grave arbitrariedad.

El reino de Cristo Rey, es un señorío de dominio eterno,

Las lecturas de la liturgia nos ayudan a entender en qué sentido Cristo es Rey, y desde ya podemos decir que su realeza es muy distinta de cómo la concibe el mundo. La lectura del profeta Daniel presenta una visión cósmica en la que aparece la figura del “Hijo de hombre”, el “Mesías” enviado por Dios a su pueblo. El llega “sobre las nubes del cielo”, símbolo de la vida que trae y, con un ceremonial de las entronizaciones imperiales, recibe del “Anciano”, o sea de Dios, “el dominio, la gloria y el reino… su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido”. Es una visión grandiosa en la que el Mesías aparece dentro de la historia y al mismo tiempo por encima de ella, ejerciendo un señorío temporal y además eterno.

Cristo Rey el hijo de hombre, es definido con títulos que ayudan a descubrir su vocación y misión

La 2da lectura del libro de Apocalipsis identifica al “Hijo de hombre” con Jesucristo y lo define con una serie de títulos que ayudan a descubrir su vocación y misión:

– el “testigo fiel” que, con su palabra, su vida, su pasión y muerte, nos ha revelado la verdad acerca del misterio de nuestro Dios, que es Padre de la vida, del amor y la misericordia.

– “El primero que resucitó de entre los muertos” y que por tanto precede a una multitud de hermanos en la gloria de Dios.

-El “rey de reyes” que en la gloria ha recibido el poder de vencer al pecado y a la muerte en la tierra y en el cielo.

– el Alfa y el Omega, el principio y fin del universo y de la historia humana. “El que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso”, y a quien Dios ha confiado los destinos del mundo. San Pablo lo expresa con palabras claras: “Por medio de él existen todas las cosas y nosotros somos por él” (1 Cor. 8,6). Nuestra existencia humana está en Él y tiende hacia Él, Vida plena y sin fin.

No busca su propia gloria e interés. Cristo Rey Sirve y se entrega por amor

El evangelio de San Juan nos presenta la confrontación de los poderes de dos reyes: Pilato y Jesús. A la pregunta de Pilato: “¿Eres Tú el rey de los judíos?”, Jesús responde afirmativamente: “Tu lo dices: yo soy rey”, pero en seguida aclara “mi realeza no es de este mundo”. La realeza de Jesús no tiene origen terrenal y no es un estado con las características y manifestaciones de los poderes del mundo.

Para implementar su reino, Cristo Rey no recurre a la fuerza, engaños, amenazas o violencia

Para implementar el reinado de Dios Jesús no recurre a la fuerza ni a las armas, tampoco domina o somete sirviéndose de engaños, amenazas o la violencia. Contrariamente a los Pilatos del mundo que buscan su propia gloria e interés, Jesús es un rey que ha venido a servir y a entregar su vida por amor, para transformar la historia de la humanidad, liberándola de toda clase de esclavitud y de la muerte.

El poder de Cristo Rey radica en ser testigo fiel de la verdad

Jesús mismo manifiesta cuál es su misión y en que consiste su realeza: “Para esto he nacido y he venido al mundo; para dar testimonio de la Verdad”. El poder de Jesús, su misión, el sentido y la finalidad última de su encarnación y misión salvadora es: “dar testimonio de la verdad”. Jesús, la Verdad eterna del Padre hecha carne, ha venido a testimoniar y revelar la verdad de Dios y de su reinado, el designio de amor y de vida para toda la humanidad. Creer en Jesús, el testigo “testigo fiel” de la Verdad, es acoger su palabra y su presencia en nuestra vida y seguir sus pasos.

Responder el llamado de Cristo Rey implica conversión en el vivir, pensar y actuar

Nosotros tenemos la dicha de haber sido llamados a ser parte del reinado de Dios, que no es algo más a lado de Dios, sino sencillamente la presencia de Dios mismo, la fuerza sanadora y salvadora, en nuestra vida e historia. Esta gracia implica una conversión, una nueva manera de vivir, pensar y actuar, frutos de una sintonía constante con Cristo, el único criterio de referencia de nuestra existencia de creyentes: “El Reino de Dios se ha hecho cercano, conviértanse y crean en el evangelio”.

Creer en Dios, Jesús, su obra, su misión, su destino constituye la Buena Noticia de salvación para todos

Creer en el Evangelio no es sólo creer en Dios, sino creer que la persona de Jesús, su mensaje, su obra de liberación, su misión profética y su destino de muerte violenta e injusta constituyen la Buena Noticia de la salvación para todos los seres humanos. Creer en el Evangelio es también entablar nuevas relaciones: de amor de hijos con Dios nuestro Padre y de amor de hermanos con todos los demás seres humanos.

Cristo es un rey crucificado y su trono es la cruz

Pero no podemos olvidar que a Jesús se le dió el título de Rey en la cruz como motivo de su condena: “Jesús de Nazareth, Rey de los Judíos”. !Sí!, Jesús es rey y verdadero rey, pero crucificado y su trono es la cruz. Ante un rey colgado entre dos ladrones, sufrido por los azotes y la corona de espinas, abandonado e insultado, no hay como equivocarse acerca de su realeza.

La autoridad de Cristo Rey no es un privilegio, Y su poder es fuerza de amor

En el Rey crucificado, la autoridad es servicio y el poder es fuerza de amor. Por la cruz, nosotros somos partícipes de su realeza, no como privilegio para jactarnos o para dominar, sino como servicio de amor y entrega a los demás. El paso decisivo para convertirnos en discípulos de Jesús y participar del Reino, no es otro que reconocer en el Crucificado al Hijo de Dios. Sólo con la mirada hacia Jesús en la cruz y, con él, hacia todas las víctimas de la injusticia y los sufrientes de este mundo se producirá en nosotros la auténtica conversión que pide el Evangelio y podremos hacernos “súbditos del Reino de Dios”.

Cristo nos liberó de nuestros pecados por tanto no podemos ser súbditos de tiranos que esclavizan

Súbditos no de tiranos que esclavizan, sino de Cristo que “nos ama y nos liberó de nuestros pecados” y por tanto personas evangélica y espiritualmente libres, que con gratitud expresan su adhesión gozosa al Señor. Acoger a Cristo Rey, nuestro único Señor, nos ayuda no sólo a nosotros personalmente sino también a nuestra sociedad a encontrar el rumbo hacia una convivencia justa y en paz, en particular en este tiempo de grave descomposición y de confrontación social.

Ante la ausencia de justicia y estado, desconfianza en el sistema electoral, enfrentamientos en esferas de gobierno, ocupación de tierras forestales, hay que caminar a La Paz.

Como muestra unos hechos de estos días: el acto criminal y gravísimo pecado de los linchamientos, resultado de la cobardía de las masas, de la impunidad y de la ausencia de la justicia y del Estado; la improvisación y la vulneración del padrón electoral en las elecciones primarias generan desconfianza en el sistema electoral; los enfrentamientos entre niveles de gobierno y la ocupación de tierras forestales protegidas.

No a la multiplicación de los feminicidios. Si a la educación en igual dignidad y derechos

También sigue la preocupación por el multiplicarse de feminicidios frutos del machismo, el odio y la violencia ciega en contra de las mujeres. Nos unimos al clamor que se eleva en este Día mundial de la NO violencia en contra de la mujer, pidiendo que se eduque a las nuevas generaciones al respeto de la mujer en igual dignidad y derechos y se termine con la discriminación y toda violencia física, sexual y psicológica.

Construir un país con valores demanda dejar de lado los sueños de poder

Es el momento de repensar lo que estamos viviendo y de preguntarnos ¿qué País queremos construir y con cuales valores? La figura de Cristo, el Rey de la verdad, la vida, de la santidad y la gracia, la justicia, el amor y la paz, nos indica el camino: dejar de lado los sueños de poder, las confrontaciones y las divisiones, y abrirnos a horizontes de amor y esperanza, sobre los firmes cimientos del bien común, de la reconciliación y la unidad.

Y hoy celebramos el día de los laicos en la Iglesia, esta es la tarea de todos los bautizados. Los laicos son todos los creyentes que se comprometen en hacer realidad este reino de justicia y de paz.

Con sentimientos de gozo y gratitud a Cristo Rey hagamos nuestra la alabanza del libro de Apocalipsis: “A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén”.