Análisis

¿Ya se dijo todo?

Después de la excepcional dimisión de Benedicto XVI y del siguiente cónclave, el Colegio Cardenalicio eligió al Cardenal Jorge Mario Bergoglio.

Poco antes de la elección estuve a punto de conformarme a lo mucho que se ha dicho, escrito y comentado sobre este episodio actual de la historia de la Iglesia, cuando llegaron a mis manos nuevos datos valiosos para tomarle el pulso a una respuesta válida para moros y cristianos. Si se me permite esta licencia, rescataré unos pocos testimonios que ilustran el panorama general del acontecimiento.

Empezaré por interrogarme el motivo que determinó al Papa Bergoglio de “rebautizarse” con el patronímico de Francisco. Enseguida me llegó la respuesta “El nombre de Francisco con el que desde ahora nos evoca al Poverello de Asís  nos evoca su espíritu evangélico de cercanía a los pobres, su identificación con el pueblo sencillo y su compromiso con la renovación de la Iglesia” decía un religioso jesuita, al mismo tiempo que se planteaba la pregunta de que, siendo Bergoglio jesuita, no se hubiese puesto el nombre de Ignacio,  fundador de la Compañía de Jesús. Pues no: el sucesor de Pedro se llamará Francisco.

Para explicarnos esta elección, un alto cargo de la Compañía de Jesús, comentaba hace un par de días: “El nuevo Papa, desde el momento en que se ha presentado ante el pueblo de Dios, ha dado testimonio de modo visible, de su sencillez, su humildad, su experiencia pastoral y su profunda espiritualidad”. Y el propio Ignacio de Loyola gustaba de calificar a su fundación como “la mínima Compañía de Jesús”.

Esta breve explicación aclara dos cuestiones muy discutidas en los últimos años. Si el actual Vicario de Cristo es conservador o progresista, división que gusta utilizar a quienes ven a la Iglesia de dos colores, y  los contraponen sin posibilidad de conciliación.

Pues no señores: el Papa Francisco no es ni lo uno ni lo otro. Es, en primer lugar, un hombre de Dios, cuya misión es evangelizar, llevar la palabra de Dios a todo el mundo.   Francisco tampoco es un europeo como fue la tradición milenaria del Papado. Ni es asiático ni africano, tal como lo habían arriesgado algunos vaticanistas de vía estrecha.
 
Y, por añadidura, el P. Adolfo Nicolás, S.J. superior general de la Compañía de Jesús, en su primer mensaje sobre el nuevo Pontífice, ha expresado su amor y fidelidad a Su Santidad el Papa Francisco, primer Vicario de Cristo con este nombre. Adviértase que, al fundador de la orden jesuítica, le agradaba nombrarla con este otro nombre: “La mínima”  Compañía de Jesús. Como estamos viendo, todavía quedan muchas, muchísimas cosas por ver en la milenaria historia de la Iglesia, que se escribe día a día.