Análisis

¡Viva Cristo Rey!

Tradicionalmente los católicos celebramos el último domingo del año litúrgico con la mirada puesta en el Señor que vendrá al final de los tiempos con gloria y majestad para juzgar a vivos y muertos premiando a los buenos y castigando a los malos (Mt 25, 31-46). Esta imagen del Rey triunfante ha inspirado a muchas personas que han pretendido que Jesús reine en el mundo, en todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo el poder político.

Durante muchos siglos ésa fue la inspiración del “Sacro Imperio Romano” y de otros intentos nacionales dentro del llamado occidente cristiano. La fe se imponía muchas veces, obligando a la gente a convertirse al cristianismo incluso bajo la presión de instrumentos coercitivos. Esto originó una aversión a la Iglesia Católica que todavía persiste en algunos lugares.

El Concilio Vaticano II trajo una notable purificación en esa percepción de la fe, la cual de ninguna manera puede imponerse a las personas en contra de su voluntad. La libertad religiosa no puede ser coaccionada por ninguna circunstancia. La nueva evangelización parte de ese principio fundamental del respeto a la libertad en materia de conciencia y de religión.

Con ello algunos piensan que se debe modificar el contenido de la fe. En concreto no se debería hablar de Cristo Rey, ya que una de las potestades del poder político real incluye la imposición de sus leyes incluso con la fuerza, sancionando con penas o recluyendo en la cárcel a los transgresores.

Una correcta catequesis debe ayudar a corregir ideas erróneas. Jesús es verdaderamente rey, pero su realeza, como Hijo de Dios, se hará efectiva únicamente al final de los tiempos. Recobra actualidad la afirmación de Jesús ante Pilato, el injusto gobernante que lo condenó a muerte: “Mi reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). El Señor aceptó ser ultrajado, coronado de espinas y vestido con un manto de púrpura y una caña en las manos. Murió ridiculizado como “Rey de los judíos”, sentado en el trono real de la cruz.

Esta escena muestra, al mismo tiempo, el poder del maligno que incita a desconocer a un Rey impotente. Esto explica por qué hay ideologías en el mundo que no solamente desconocen la fe cristiana sino que abiertamente la rechazan y la combaten. El drama de la persecución a los cristianos se ha recrudecido en las últimas décadas.

Resistiendo a esas tentaciones y amenazas los seguidores de Jesús debemos esforzarnos en llevar a cabo la misión de la evangelización integral, utilizando los medios técnicos y culturales dentro del sistema democrático que mejor garantiza la vigencia de los auténticos derechos humanos. La Iglesia, renunciando a la tentación del poder político, debe hacer presente en el mundo el reinado, ante todo espiritual, de Jesucristo sobre aquellas personas que le aceptan y quieren ser guiadas por su Espíritu de Verdad y de Bondad en la ingente batalla contra el espíritu de la mentira y de la maldad que amenaza con dominar el mundo. Lejos de tener miedo elevemos nuestro espíritu para proclamar como lo hicieron muchos mártires: “¡Viva Cristo Rey!”