Internacional

VÍCTIMAS DE ABUSOS LLEGAN A MADRID Y MAÑANA SE CONCENTRARÁN EN EL VATICANO

(ROMA) “Esta no es una demanda contra la Iglesia, la fe o la religión, sino contra los responsables de la pederastia

“Somos católicos, y vivimos los abusos, las violaciones y el silencio de los obispos desde la Iglesia. Después de 23 años de promesas incumplidas, hemos decidido denunciar”. Bárbara Blaine, presidenta de SNAP, la asociación de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos, que ha presentado una demanda contra el Papa y los cardenales Levada, Sodano y Bertone ante la Corte Internacional de La Haya, explicaba este mediodía, junto a la catedral de La Almudena, las razones de su polémica denuncia. “No es una demanda contra la Iglesia, la fe o la religión, sino contra los responsables, por activa o por pasiva, de la pederastia”.

El colectivo de víctimas se encuentra en Madrid, desde donde partirá a Roma -mañana se concentrarán en la plaza de San Pedro del Vaticano- para elevar la denuncia, presentada la pasada semana en La Haya, y exigir a la Santa Sede la entrega de “los archivos secretos de crímenes sexuales, que existen, y se los den a la Policía”. “No sé si seremos recibidos”, apuntó Vincent Warren, el abogado de las víctimas, que la pasada semana entregó en La Haya 20 documentos que, en su opinión, “demuestran que se han dado casos sistemáticos en todo el mundo, y que los obispos sabían lo que estaba pasando y no hicieron nada por evitarlo”.

Rita Milla, que fue violada repetidamente por varios clérigos, hasta quedar embarazada, está convencida de que “todavía hoy hay niños que están siendo abusados, y si el Papa quisiera pararía todos estos crímenes hoy”. Cuestionada sobre la política de “tolerancia cero” llevada a cabo por Benedicto XVI, Milla insiste en que “se trata sólo de palabras. No queremos esperar y que rompan de nuevo otras promesa. Ya no creemos al Vaticano”.

Las víctimas exigen, además de la entrega de los archivos secretos, el castigo a los obispos que encubrieron los abusos, y la puesta a disposición de la justicia de aquellos sacerdotes acusados de abusos y a los que, durante décadas, se cambió de parroquia en parroquia. Acciones que, por otro lado, Benedicto XVI ya ha exigido a todos los obispos católicos.

La demanda ha sido presentada ante el CPI por cinco víctimas, en representación de varios miles. Bárbara Blaine asegura que “sabemos que al menos han existido 20 casos en España, pero seguramente sean muchos más, porque aquí todavía hay mucho miedo de hablar. En Estados Unidos sí se puede hablar, y por eso hemos tomado la iniciativa”. Los nombres de Ratzinger, Levada, Sodano o Bertone aparecen en lugra que el de la Santa Sede “porque la demanda tiene que estar dirigida contra personas”, indica Warren, que sostiene que hay constancia de un caso “cuando Ratzinger era obispo, y supo lo que estaba pasando”.

Rita Milla vivía en Los Angeles. “con 16 años, abusó de mí un sacerdote. Yo quería ser monja, y él me hizo prometer no decir nada. Comenzó a traer a otros sacerdotes, y alguno de ellos me dejó embarazada. Entonces, me enviaron a Filipinas a tener al niño y dejarlo allí. Entonces, me puse enferma y mi madre vino a cuidarme. Ella me salvó. Denuncié con 23 años, y los obispos me aseguraron que actuarían contra los sacerdotes, pero no lo hicieron. Hoy, mi hija tiene 3 niños, y quiero que crezcan sin peligro”.

Phil Saviano, de Massachussets, tenía 12 años cuando sufrió abusos por parte de un sacerdote. “Tenía que hacer sexo oral y tocamientos al sacerdote. Me negaba, pero él era más fuerte. Quería evitar el contacto, pero cada día tenía que pasar delante de su casa cuando iba o volvía del colegio. Tenía miedo de no poder escapar, y de contarlo y que me echaran la culpa. Después de año y medio, lo conté, y con el tiempo supe que ese sacerdote había sido trasladado de parroquia a parroquia, y que decenas de chicos habían pasado por sus manos. ¿Por qué hago esto? Porque quiero proteger a otros niños para que no tengan que sufrir lo que sufrí yo”.

Bárbara Blaine tenía 12 años, y vivía en Chicago cuando fue violada en repetidas ocasiones por un sacerdote. “Me quejé al obispo, y nos dijeron que no había entendido la situación del sacerdote, en la época en la que estábamos (Woodstock, revolución sexual…). Nos prometieron que el sacerdote no iba a hacerlo otra vez… pero no cumplieron la promesa. Y no quiero que nadie más incumpla las promesas, ni que otros niños sufran lo que nosotros hemos pasado”.