Análisis

Ventajas de ser cochabambino

Siguiendo una vieja tradición del cholerío nacional, al cual mi comadre Macacha y yo nos honramos en pertenecer, nuestra fiesta por el 14 de Septiembre concluyó en una mutua agresión con patadones y puñetazos inspirados en el principio filosófico “te pego porque te quiero”. En esta confrontación física y amorosa salí perdidoso por la diferencia de edad y peso entre ambos púgiles. Felizmente, la sangre no llegó al Rocha River.

Nuestra reyerta comenzó cuando mi comadre empezó a exagerar en los elogios que hizo de su marido, menospreciando mis virtudes de varón nacido en La Paz aunque de padres cochabambinos, lo cual me calentó los ánimos de tal manera que le pregunté desafiantemente: ¿Qué tiene su marido cochabambino, don Nemesio, que en paz descanse, que no tuviera yo?

Ahí comenzó la agresión de la cholita cochabambina, que ya había ingerido algunas tutumas de chicha punateña, recibiendo yo algunos golpes y devolviéndolos delicadamente, porque todavía conservo algunas cualidades de caballero paceño educado en el colegio San Calixto de La Paz.

Es allí donde comienza la pequeña leyenda acerca de mi cochabambinismo. En efecto, cuando llegó el primer día de clases, mi buena madre me dijo: “Hijito, cuando tus nuevos compañeros te pregunten de dónde eres, diles que eres cochabambino.

Sorprendido, le pregunté por qué tendría que decir eso si yo había nacido en La Paz, respondiendo ella sabiamente: “Diles que eres cochabambino para que te crean inteligente”.

Los años me demostraron que la principal virtud de los cochabambinos es su inteligencia y no es ninguna revelación decir que Cochabamba, en todo tiempo, dio al país el concurso de muchos hombres inteligentes cuyos nombres aún perduran, como José Antonio Arze, fundador del Partido de la Izquierda Revolucionaria.

Para colofón de esta crónica sólo mencionaré a vuelapluma a Daniel Salamanca, Augusto Céspedes, Walter Montenegro, Walter Guevara Arze, Ricardo Anaya, Marcelo Quiroga Santa Cruz y don Nemesio, el marido de mi comadre Macacha, porque si no lo nombro, me vuelve a sacar la mugre.