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Un joven corazón misionero ha dejado de latir en Cochabamba

Un joven corazón misionero ha dejado de latir en Cochabamba.
Nuestro sacerdote, rector del Seminario San Luis, se ha ido inesperadamente.

Un hermano y amigo en quien muchos pusimos nuestra alegre y fraternal esperanza de que pronto sería un joven obispo capaz de hablar en el idioma del pueblo y tocando los corazones de la gente de los valles y de las montañas de Cochabamba.

Gracias por ser un jardinero que ha cuidado el terreno de las vocaciones y de la pastoral. Desde el cielo vas a ver los frutos “Tatay”.

Como siempre, se van los mejores y quedamos el resto.

Que Dios nos ayude a comprender el significado de este joven sacerdote que fue llamado repentinamente a la Casa del Padre.

Cuando la muerte sorprende a alguien cercano no sabemos como reaccionar. Que Dios permita que la vida del padre Crispin Borda sea semilla que dé frutos sacerdotales.

Por P. Ariel Beramendi

Entrevista realizada por Infodecom a P. Crispín

ntrevista realizada por el P. Ariel Beramendi, a propósito de la vocacion sacerdotal.

P. Ariel: ¿Por qué te has hecho sacerdote?

En un viaje, recuerdo, tuve la oportunidad de conocer un curso vocacional en Cadeca.

P. Ariel: ¿Qué edad tenías?

Tenía 21 años.

En esto nos presentaron a Cristo, nos hablaron de Jesucristo: ¿cómo llamaba?, ¿para qué llamaba?, ¿cuál era la misión?

Recuerdo muy bien la cita que nos leyeron aquella vez: Marcos 3,13–14, que dice: llamó a los que Él quiso, para estar con Él y enviarles a predicar el evangelio.

Y la pregunta que yo tenía: ¿será que el Señor me llama a mí? Y la pregunta que yo me tenía era: ¿será que el Señor se puede fijar en uno que es del campo?, ¿será que yo puedo servir para estar con Él?

Entonces ésta era la inquietud que rondaba alrededor de mi cabeza.

Lo que sucedía entonces era que ahí había una casa que se llamaba Casa Raimundo Erna, donde se podía salir bachiller y se podía discernir un poco más y aclarar el tema de la vocación para luego continuarlo.

Entonces me quedé tres años en la Casa Raimundo Erna.

P. Ariel: ¿Estudiando?

Estudiando para salir bachiller. En ningún momento me vino, vamos a decir, este cuestionante: que yo no puedo ser. Siempre estaba manteniendo: que yo puedo ser.

Iba más allá, si vale el término. Hoy quiero que se aclare un poco más: el término era el de configurarse con Cristo.

El sacerdocio, puedo entender hoy, no es cualquier decir, sino un decir que tiene su esencia en Jesucristo. Y es una cosa muy bonita, me encanta mucho. Estoy contento y feliz para hacer las mismas cosas que ha hecho Jesucristo en ese sentido.

P. Ariel: Ahora dime una cosa: cuando decidiste entrar al seminario, ¿cómo se lo dijiste a tus papás, a tus hermanos?

Tengo que ser bien sincero en eso. No dije que iba a estudiar para cura, sino que iba a emprender un camino de estudios que, posiblemente, me llevase para el camino al sacerdocio. Porque en el tema académico tenía dificultades.

P. Ariel: Y ellos, ¿te apoyaron siempre o estaban en duda?

Casi estaban divididos: una mitad que apoyaba siempre y me daba confianza, me animaba. Y otra mitad que me desanimaba.

P. Ariel: En esa época de seminarista, ¿qué buenos recuerdos tienes y qué dificultades?

El recuerdo más grande que tengo es que hemos entrado once al curso propedéutico y de los once, somos seis sacerdotes. Esto es una cosa muy bonita.

Entre las buenas y malas, creo yo, era que estábamos siempre juntos y nos hemos ayudado. Recuerdo muy bien que me ayudaron en la parte académica algunos que no quiero decir su nombre… (risas, refiriéndose al P. Ariel).

Esto era una cosa muy buena y más aquella vez cuando terminamos filosofía, ¿te recuerdas? ¡Tú también! Tuvimos una buena calificación, vamos a decir… (refiriéndose al P. Ariel). Entonces eso me animó bastante.

Yo siento así: Dios cuando te llama no te deja solo, te manda a sus ángeles que pueden darte una mano y pueden colaborarte para poder continuar.

P. Ariel: Si hay algún joven que está pensando o le ha pasado por su cabeza la idea de ser sacerdote, ¿qué le dirías tú?

Que den una respuesta, pero una respuesta desde su interior. Hay algunas veces que estamos indecisos… no tenemos claro la cosa, no.

Pero hay que dar el primer paso. Decirle sí al Señor, aquí estoy, yo también puedo ser tu discípulo, te puedo seguir a ti.

(El P. Crispín es Rector del Seminario San Luis de Cochabamba. Le agradecemos su testimonio. Que Dios bendiga su importante labor pastoral)