Análisis

TRES TRISTES TIGRES

Todos los análisis coinciden en señalar que el año 2012 podría ser aún más complicado para el Gobierno que otros anteriores.

Ello en razón del incremento de demandas ciudadanas no atendidas durante los primeros seis años de gestión y el empeño de algunas autoridades para reactivar problemas del pasado que parecían superados.

Tres son las metas de gestión que se ha fijado el Gobierno para éste y los últimos tres años de gobierno que le quedan, antes de las elecciones generales de 2014. De alcanzar eficientemente los tres temas que se señalan, ayudarían al Presidente a llegar con mejores posibilidades de éxito a un tercer periodo gubernamental: i) construir la carretera por el Tipnis; ii) eliminar la subvención a los carburantes, y iii) disciplinar a los medios de comunicación.

Los tres asuntos tienen un denominador común y es que despiertan rechazo y vigorosas resistencias en la población, provocando, por tanto, respuestas sociales y conflictividad que el Gobierno debe aplacar con un elevado e inocultable costo político.

Metas que espera alcanzar con el retorno, remoción o ratificación de colaboradores en los distintos ministerios.

La marcha del Tipnis de agosto-octubre 2011 no sólo impidió la construcción de la carretera, sino que unificó al país en torno a la defensa de los recursos naturales. Cualquier modificación de los precios de los carburantes irrita al ciudadano, pero también provoca un enorme déficit fiscal que quita el sueño a nuestros gobernantes. Finalmente, los medios de comunicación y la actividad de informar han ocasionado que el Presidente, en reiteradas oportunidades, califique a los comunicadores y analistas como los principales adversarios del régimen, por tanto, se impone la necesidad de ejercer un mayor control estatal que evite mostrar las debilidades en la gestión del Estado, en la popularidad del Presidente e imagen del equipo ministerial, a cualquier costo, incluso desafiando a la ciudadanía.

Los efectos nocivos del narcotráfico en todos los ámbitos de la sociedad y de la economía, los cuales han sido valiente y permanentemente denunciados por la Iglesia Católica boliviana, se complementan con la preocupación que existe en las cancillerías de países vecinos y europeos. El Gobierno se encuentra en el dilema de ser tolerante con la ampliación de la frontera agrícola de la coca y ceder ante la influencia de los sindicatos cocaleros (Chapare, Conisur, Yungas) o responder a la presión pública nacional e internacional para actuar con mayor firmeza y eficacia en la lucha contra los efectos del tráfico de estupefacientes.

Los tres tristes temas deben ser atendidos inevitablemente por el nuevo gabinete con los costos políticos que acarrea para la gobernabilidad e imagen del Presidente, quien insiste y aspira a un tercer mandato, a pesar de lo que señala la CPE.