Análisis

TODOS ERAN ANGELITOS

Mi amigo el diablo que no tiene entrada al Palacio de Gobierno desde que las fuerzas policiales no permiten el ingreso a la Plaza Murillo a los opositores que se manifiestan en contra del Gobierno de Evo, me pidió que le ayudase a descubrir quién fue el funcionario que ordenó la represión contra los marchistas del Tipnis para reservarle un lugar privilegiado en los infiernos.

Como no me gusta negar favores a nadie, acepté la colaboración solicitada por el Maligno y comencé mi búsqueda en el Palacio de Gobierno donde encontré a secretarias amables y empleados recelosos que me informaron que el presidente Evo no pudo haber ordenado la siniestra represión contra los marchistas benianos porque ese día se encontraba en Sucre entregando un trofeo para los juegos deportivos estudiantiles que comienzan en octubre.

Busqué al ministerio de la Presidencia Carlos Romero para preguntarle si sabía algo acerca del funcionario culpable de la inhumana represión y me dijo que él no podía ser porque él siempre actuó como emisario del señor Presidente aunque no tuvo nada de éxito en sus negociaciones de paz con los marchistas benianos.

Desolado, me dirigí a la Cancillería y dije al portero que venía en nombre del Diablo para saludar al insigne yatiri y averiguar si el Canciller sabía quién ordenó la represión de los indígenas benianos.

Me atendió una secretaria muy simpática y eficiente quien me aseguró que David Choquehuanca no pudo ser quien dio la orden represiva porque más bien él debía cumplir el papel de Canciller Secuestrado al que las fuerzas policiales deberían proceder a liberarlo

No tuve más remedio que dirigirme al Ministerio de Gobierno donde su titular me reafirmó que él nunca pudo ordenar la malvada acción policial por haber cumplido antes las funciones de Defensor de los Derechos Humanos, pero que sospechaba que su viceministro Marcos Farfán pudo ser quien dio la orden perversa, y que por eso renunciaba al Ministerio.

Cuando pregunté al señor Farfán, éste negó haber impartido la orden de represión a las fuerzas policiales y que éstas actúan bajo el imperio de las circunstancia siguiendo las órdenes de sus mandos inmediatamente superiores y como el pueblo pedía la cabeza de alguien que pudo ordenar la represión, ofrecía también la suya y renunciaba irrevocablemente a su alto cargo.

Ante el fracaso de la misión que me había encomendado el Diablo, le llamé a una cita secreta y le dije: “Estás fregado, amigo Diablo, porque vives en el país donde todos somos angelitos empezando por Evo, San Álvaro García Linera, Carlitos Romero, David Choquehuanca, Sacha Llorenti y Marcos Farfán, siendo también Ángeles Verde aceituna todos los policías de alto, mediano y bajo grado”

El Diablo con el rabo entre las piernas se sintió derrotado y se marchó.