Sucre

Tesoros del convento de las clarisas de Sucre

Al ingresar al Convento de Santa Clara, de Sucre, entre las calles Abaroa y Calvo, el ruido de bocinas y motores que provoca el tránsito en las calles desaparece y sólo se escucha el canto de los pájaros que moran en el jardín.
El jardín se mantiene hermoso, gracias a los cuidados de la mayor de las hermanas clarisas, que tiene 93 años de edad. Al centro hay una pileta, en cuya parte superior se notan huecos dejados adrede para que se acumule líquido que puedan beber las aves.

El monasterio fue fundado en 1636 por doña María de Zeballos y Vera. Desde entonces varias generaciones de religiosas han consagrado su vida a Dios.

Como este servicio es de toda una vida, las gradas en el monasterio son de poca altura, ello para que las religiosas de la tercera edad no tengan dificultades para subir y bajar.

Las clarisas de Sucre en los últimos años han mostrado una apertura y recientemente habilitaron un museo con importantes obras coloniales. Pero el Monasterio cobijaba un tesoro que permaneció oculto bajo capas de cal. Se trata de pinturas murales que ocupan una superficie de 600 metros cuadrados y fueron restauradas gracias a un financiamiento de la Embajada de la República Federal de Alemania.

Descubrimiento
El descubrimiento de las pinturas se realizó cuando en 2002 se hacían obras de restauración en los techos. Entonces una viga cayó y rasgó una pared, contó la entonces responsable del monasterio, la hermana Simona Ríos. Se indagó y en los archivos coloniales del monasterio se encontraron documentos que señalaban que en la planta alta estaban representadas escenas de la vida de la Virgen María y en la planta baja, de la Pasión de Cristo. Además se descubrió el contrato que se realizó con el pintor en 1707.

Luego del descubrimiento, las hermanas comenzaron a gestionar fondos para la restauración. En 2005, el especialista en pintura mural Roberto Quino elaboró un proyecto. En 2008, la hermana Ríos lo presentó a la embajada de Alemania, que lo aceptó.

Obras civiles
Las obras civiles comenzaron en marzo de 2009 y se extendieron por siete meses. El responsable fue el ingeniero Hugo Téllez, quien mostró a Miradas las labores realizadas en el jardín, en los pisos de las dos plantas, en los techos y paredes, además de la pileta y las escaleras.

Una primera dificultad fue conseguir 2.000 ladrillos con medidas similares a los utilizados en la construcción. Cuando se obtuvieron las piezas, se restauraron los pisos, alternando los viejos y los nuevos ladrillos. Otra complejidad fue la copia de los balaustres colocados sobre el muro perimetral del jardín, lo cual se solucionó tras recurrir a un ceramista que realizó copias de la única pieza en buen estado.

Ríos contó a este medio que en los años 90 también se realizaron obras financiadas por Adveniat, que es una institución alemana que apoya a instituciones católicas en Latinoamérica. La obra que se realizaba en 2002, cuando cayó la viga, justamente era impulsada por dicha organización. Asimismo, el área de los dormitorios de las religiosas fue restaurado por el Plan de Rehabilitación de Áreas Históricas de Sucre (PRAHS), explicó su coordinador Erland Ovando. Esta organización también realizó una intervención para habilitar una tienda en el convento, que funcionará próximamente.

Todas las intervenciones citadas son parte de un Plan de Obras para el Convento de Santa Clara, afirmó Ovando. En éstas, el PRAHS, que es una entidad civil -cuyo directorio está conformado por el Ministerio de Culturas, el Gobierno Autónomo Municipal de Sucre, el Arzobispado y la Universidad San Francisco Xavier- participa en la supervisión, asesoramiento, formulación de proyectos, asignación de recursos, gestión y contratación de empresas.

En el caso de la restauración de los murales de Santa Clara, las gestiones se realizaron directamente entre la comunidad religiosa y la Embajada de la República Federal de Alemania. En estas labores fue importante la participación de los cónsules de Alemania en Sucre, Gerd Mielke y Patricia Caballero. Para el embajador alemán en Bolivia, Peter Linder, la restauración de las pinturas murales trasciende el ámbito monástico. “Esta obra conjunta puede ser uno de los destinos más importantes de la región”, aseguró.

La embajada alemana recibe al año al menos 12 cartas con proyectos de envergadura similar al realizado en el convento de Santa Clara. Recientemente, en el Chaco concluyó un proyecto que registró la cultura guaraní de manera escrita y audiovisual, contó el diplomático alemán.

Planta alta
Las obras de restauración de los murales se hicieron en dos fases, que comenzaron en 2012 y fueron supervisadas por el especialista en restauración de pinturas murales Roberto Quino.

La primera etapa estuvo bajo la responsabilidad de Samuel Oporto y consistió en la restauración de las 27 pinturas murales de la planta alta, que muestran escenas de la vida de la Virgen María. La obra duró un año y fue realizada por seis técnicos formados en la Escuela Taller Sucre (ETS). Durante esas labores se comprobó que hay tres instancias pictóricas en esas superficies.

Las escenas de la vida de la Virgen María van desde la Concepción hasta la Coronación. Uno de los primeros cuadros muestra a los padres de la virgen, Ana y Joaquín. Ésta es una de las escenas basadas en los libros apócrifos, como La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, según Grimaldos.

Otra escena basada en apócrifos es el Nacimiento de María, así como Los desposorios de la Virgen. En las representaciones siempre se ve a María rodeada de ángeles, así como abundantes anagramas característicos. A partir de La Anunciación, las escenas se basan en la Biblia, como El nacimiento de Jesús, La huida de Egipto, La coronación de la Virgen, entre otras.

Caja de escaleras
El descenso a la planta baja se hace por la caja de escaleras. La restauración de esta parte, así como de la que se hizo en la planta baja, fue responsabilidad de Veimar Grimaldos, formado en la ETS y especializado en España y Francia. En esta fase trabajaron 20 personas, entre las cuales había jóvenes de 18 años que serán parte de la siguiente generación de restauradores. Las labores se realizaron entre septiembre y diciembre de 2014.

En la caja de escaleras se creía que había muy poca pintura mural, pero se descubrieron ocho representaciones. La escena principal es La Coronación de la Virgen. En las otras aparecen San José, San Juan Bautista, San Gabriel, San Rafael, San Cristóbal y San Gerónimo.

Entre estas pinturas hay una gran cantidad de ornamentaciones florales, que se utilizaban en la época colonial. “La escalera era un lugar muy noble para hacer pinturas y han aprovechado al máximo”, afirmó Grimaldos.

Planta baja

Frente a la salida de la caja de escaleras en la planta baja está la pintura más importante del convento, que muestra el milagro del pan, que consagró a Santa Clara. Esta escena es de una primera instancia. Durante la restauración, en algunos casos como en este cuadro, los especialistas tuvieron que completar las escenas o los marcos.

En la planta baja hay 33 representaciones. En los muros se comprobó que hay dos instancias, de las cuales las primeras eran más pequeñas. Además de las escenas de la Pasión de Cristo, también se aprecian escenas propias de la Orden de Santa Clara, las cuales fueron pintadas en los arcos. Una de ellas es El éxtasis de Santa Clara. Otro cuadro es La imposición de los estigmas.

Según Grimaldos, en los cuadros se nota un respeto de la iconografía católica de la época colonial. Ello, claro, con excepción de las escenas basadas en los apócrifos.

Ardua labor
Los murales estaban bajo cinco capas de cal, que se retiraron con bisturí, milímetro por milímetro. Al descubrir el cuadro se lo consolidaba y fijaba, además se devolvía la adherencia de la pintura a la pared. En ciertas lagunas se procedió al reintegro del resellado, en lo cual se emplearon los mismos materiales de construcción que se utilizaban en aquellas épocas, como adobe, barro y arena. Los materiales utilizados en la restauración, como las acuarelas, pinceles, resinas y pegamentos, tenían procedencia europea.

En los lugares en los que se hizo un reintegro de color se aplicó la técnica del regattino, que consiste en dejar líneas que diferencian la mano del restaurador de la del pintor, lo cual se nota a corta distancia. Las pinturas murales se hicieron con la técnica del temple a la cola -según se determinó en el Laboratorio del Ministerio de Culturas-, que consiste en usar tierras de color aglutinadas con color.

Las obras concluidas sólo muestran un 30% de la intensidad del color original. Un cuadro que refleja aquella grandiosidad es El taller del maestro, en el cual se notan dorados que se obtuvieron por la aplicación de pan de oro. Si bien se sabe que se comenzó a pintar en 1707, se desconoce cuándo se realizaron las otras instancias. Asimismo, no se sabe por qué las pinturas fueron cubiertas por capas de cal. Estas interrogantes pueden dar lugar a la elaboración de varias tesis doctorales, como afirmó el embajador Linder.

La hermana Simona Ríos recordó que una de las primeras pinturas que vio fue Jesús frente al Sanedrín. A medida que se avanzaba, afirmó, las hermanas no disimulaban su felicidad al ver cómo se cumplía un sueño de mucho tiempo. “Era una alegría ver como aparecían los cuadros”, afirmó.

Pero también expresó pesar por las pérdidas causadas, por ejemplo, cuando se realizaron instalaciones eléctricas y se desconocía la existencia de los murales. “Damos gracias a Dios por lo que se pudo rescatar”, expresó la hermana. “Éste es un patrimonio para todo Bolivia”, añadió.