Santa Cruz

“También los jóvenes de hoy se dejan cautivar por ideales y testimonios auténticos” Mons. Sergio Gualberti

Mons. Sergio Gualberti, en ocasión de la celebración de la Festividad de San Lorenzo Mártir, patrono de la arquidiócesis de Santa Cruz, manifestó su júbilo al anunciar los preparativos de 2 aniversarios importantes para la Arquidiócesis: los 100 años de la dedicación de la Catedral y Basilica Menor de San Lorenzo  y los 25 años de apertura del Seminario San Lorenzo.

En ese contexto enfatizó la necesidad que tienen los seres humanos de encontrarse y reunirse en lugares destinados a reflexionar sobre el sentido de dedicar una Iglesia al Señor, y también sobre las vocaciones sacerdotales diocesanas.

Por otro lado remarco que puede ser verdad que la disminución de vocaciones sacerdotales entre los jóvenes se deba a la falta de ideales, a su conformidad con satisfacciones fáciles que ofrece la actual cultura individualista, consumista e inmediatista, vehiculada por la globalización. Pero también es cierto que los jóvenes también son cautivados por ideales y testimonios auténticos de vida. En ese contexto destaco la entrega, interés y profundo compromiso de los aproximadamente 7 mil jóvenes voluntarios en ocasión de la visita del Papa Francisco.

FESTIVIDAD DE SAN LORENZO MARTIR

PATRONO DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA CRUZ

HOMILÍA DE MONS. SERGIO GUALBERTI

10 de agosto de 2015

Este año la Fiesta de San Lorenzo, patrono de la Arquidiócesis y de la Catedral, reviste una significación particularmente importante por dos aniversarios: 100 años de la Dedicación de nuestra Catedral y Basílica Menor San Lorenzo el 17 de agosto de 1915 y los 25 años de apertura del Seminario Arquidiocesano que también lleva como patrono a San Lorenzo.

Estas fechas son la oportunidad para reflexionar sobre el sentido de dedicar una Iglesia al Señor, y también sobre las vocaciones sacerdotales diocesanas. Consagrar a una iglesia, es dedicarla a Dios y a su culto, es indicar que esa construcción pasa a ser propiedad de Dios, ser “la morada de Dios entre los hombres”. Dios, según la revelación, desde siempre ha querido establecer unas relaciones de amor con la humanidad,estar con nosotros. Los seres humanos para encontrarnos y reunirnos entre nosotros, necesitamos de lugares y espacios concretos, Dios también ha querido tener lugares para recibirnos y compartir con nosotros.

El Hijo de Dios al encarnarse quiso tener una casa y un pueblo donde vivir, poner su morada entre nosotros, una sinagoga donde orar con la comunidad, y ser el Emmanuel: “Dios con nosotros”. Por eso, edificios como los santuarios, templos, basílicas, capillas, son espacios privilegiados donde Dios descenderá siempre en busca de nosotros para reunirse y entrar en comunión con su pueblo. Ya en el A.T. tenemos toda una historia de lugares de encuentro con Dios. Moisés y el pueblo de Israel, aún siendo nómadas en el desierto, construyen la tienda del encuentro. Allí experimentan la presencia de Dios como aquel que libera, camina y está en medio de ellos. Esto significa el nombre de Dios, “Yo soy el que soy”, revelado en el Horeb, no un Dios lejano, sino que se va manifestando y que se hace conocer a través de sus actuación cada día codo a codo con  de su pueblo con quien ha estrechado una alianza.

Al instalarse en la tierra prometida el pueblo busca un lugar provisional donde establecer el Arca de la alianza, hasta que Salomón construye el templo de Jerusalén, signo fundamental para el pueblo de Israel de la presencia providente de Dios. Siglos más tarde, cuando los Babilonios destruirán el templo, se levanta la voz del profeta Ezequiel que propone una nueva concepción del templo, como el lugar de donde brota la fuente de agua viva. Nos estamos acercando a la concepción de Jesús que ante la samaritana se propone a sí mismo como el agua viva: “el agua que yo le dé se convertirá en fuente de agua que brota para la vida eterna”. El verdadero templo y la verdadera presencia de Dios en medio de nosotros es Jesús mismo, el agua de vida:” “Destruyan este templo y lo reconstruiré”.

En Cristo templo del Padre, también nosotros por el bautismo hemos sido hechos templos de Dios. “¿No saben que Uds. son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Uds.?”. (1Cor 3, 16). Llamados a ser templos de Dios en cada momento de nuestra vida, llamados a vivir nuestra fe en comunidad y ser miembros a pleno título del nuevo pueblo de Dios.


San Juan en Apocalipsis,(21,1) describe la culminación de la secuencia de los Templos, con la visión del último Templo vivo en el que ya no veremos a Dios como en un espejo, sino cara a cara, y donde le amaremos, le gozaremos y le amaremos. Es la gloria definitiva. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva… ¡No vi en la ciudad ningún templo, pues el Señor Dios todopoderoso y el cordero son su Templo! Mientras esperamos ese momento definitivo, el Señor nos convoca a ser templos de Dios, ser pueblo de Dios orante en nuestros templos, ser comunidades que celebran la vida, y le agradecen y alaban por su presencia salvífica en medio de nosotros.

El segundo motivo de gozo es la celebración de los 25 años del Seminario Mayor San Lorenzo, querido por el Arzobispo de entonces, Mons. Luis Rodríguez, con el nombre de Seminario Santa Cruz. A lo largo de estos años el Seminario ha ido creciendo y ha asumido el nombre actual, ha tenido un nuevo edificio más acorde a las exigencias de hoy y ha abierto sus puertas a los seminaristas de las jurisdicciones del Oriente de Bolivia. Todos estos pasos han sido realizados gracias al impulso de nuestro querido Cardenal Julio Terrazas, a quien agradecemos sinceramente y acompañamos con nuestras oraciones para que el Señor le afiance en el proceso de recuperación de su salud.

Sin embargo, el Seminario se está quedando demasiado grande por la disminución de vocaciones sacerdotales y religiosas en estos últimos ocho años en nuestro país. Se han identificado distintas causas de esta crisis, sin embargo creo que siguen siendo cuestionadores y actuales dos elementos que indicaba el Beato Papa Pablo VI en 1964 en ocasión de instituir la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: «El problema del número suficiente de sacerdotes es el índice justo e inexorable de la vitalidad de fe y amor de cada comunidad parroquial y diocesana, y testimonio de la salud moral de las familias cristianas

Creo que estas palabras son para nuestra Iglesia una llamada de atención que no podemos dejar pasar de alto así nomás. Él nos indica que, si queremos que surjan vocaciones en nuestra Iglesia, hace falta más vitalidad de fe y amor de cada comunidad diocesana y parroquial y más testimonio de las familias cristianas. Algunos están poniendo como causa principal el temple de los jóvenes de hoy, su falta de ideales, su conformidad con satisfacciones fáciles y con la farandola propuesta por la actual cultura individualista, consumista e inmediatista, vehiculada por la globalización.

Seguramente hay una verdad en todo esto, sin embargo me parece una visión demasiado negativa y parcializada. También los jóvenes de hoy se dejan cautivar por ideales y testimonios auténticos, como confirma el gran número de jóvenes que se han ofrecido como voluntarios en la visita del Papa, y sobre todo el espíritu con el que se han comprometido. Desde la preparación han asumido con responsabilidad las exigencias requeridas y, durante los días memorables de la visita, se han entregado con disponibilidad y generosidad total, sin mella de cansancio, sueño y hambre. Puedo atestiguar que, para la mayoría de ellos, ha sido una expresión verdadera de fe y experiencia eclesial, vivida como mandato de nuestra Iglesia.

Creo que el desafío está en que nosotros sacerdotes, todas nuestras comunidades y las mismas familias cristianas sepamos dar un testimonio alegre y coherente de nuestra fe en Jesucristo y de nuestro espíritu de servicio al Evangelio y a la Iglesia. Hace falta que dejemos transparentar con nuestra vida que “el Señor en el día a día sigue dirigiéndonos su palabra y nos llama a realizar nuestra vida con él, el único capaz de apagar nuestra sed de esperanza”.

También ahora Jesús repite a muchos jóvenes: «Ven y sígueme» (Mc 10,21). Nosotros sacerdotes, de manera especial, tenemos que ser compañeros de viaje de ellos, acompañarlos en su respuesta a la invitación del Señor, indicarles las pautas para encontrar personalmente a Jesús y entablar un diálogo sincero y confiado con él. Hay que cautivarles para que lo sigan y lo pongan en primer lugar, para que entren en su voluntad y descubran la belleza del servicio a Dios, a la comunidad cristiana y a los hermanos. Esta noche pedimos al Señor que nos fortalezca en la fidelidad a nuestro ministerio y que nuestro testimonio anime a los jóvenes a acoger el llamado del Señor para seguirlo y servirlo con gozo a lo largo de toda la vida. Amén