Análisis

Sugestivos alardes de bravura

Una serie de acciones y mensajes provenientes de ciertos círculos gubernamentales que durante los últimos días han sorprendido a la opinión pública, han dado nuevos motivos para sospechar que cierto nerviosismo está apoderándose de quienes se mueven en los más altos niveles jerárquicos de la estructura gubernamental.

Una desenfrenada competencia de zalamería para ver quién eleva más alto la imagen presidencial es una de las formas como se manifiesta ese extraño estado de ánimo. Sin ser nueva la inclinación a la adulación, durante los últimos días se ha llegado a extremos de idolatría que si bien en otro contexto serían solamente cómicos, al tener como telón de fondo ciertas pugnas en el segundo nivel de la cúpula, adquieren otra connotación.

El ensañamiento con que se ha desencadenado una nueva ola de ataques verbales, legales y físicos contra dirigentes políticos y líderes de movimientos sociales adversos al régimen gobernante es otro ejemplo de lo dicho. Tampoco es nueva la agresividad oficialista, pero incluso teniendo como punto de referencia siete años de continuo acoso resultan sorprendentes los extremos a los que durante los últimos días ha llegado el uso de armas innobles para eliminar del juego político a quienes son vistos como un obstáculo para lo que los jerarcas actuales describen como “la reproducción del poder”.

Como es bien sabido, dependiendo de las circunstancias, los alardes de lealtad o agresividad pueden ser temibles o deleznables, según las circunstancias en que se producen. Lo segundo es más probable cuando van acompañados de signos de debilitamiento e inseguridad. En esos casos, el término “bravuconería” es el que mejor se ajusta para describirlos.