Análisis

SOLIDARIDAD EN TIEMPOS DIFÍCILES

A partir de la madrugada del jueves 17 de febrero, la región amazónica ha sido afectada por inundaciones provocadas por el río Acre; unas 2.000 familias de los municipios fronterizos de Iñapari (Perú), Brasilea (Brasil) y Cobija (Bolivia) se vieron obligados a desalojar sus viviendas, según fuentes oficiales.

Los sentimientos de impotencia, pero también de solidaridad se han manifestado entre los pobladores de uno y otro país, junto a la colaboración y apoyo de las fuerzas armadas del Perú, Brasil y Bolivia con la instalación de campamentos, traslado de las pertenencias de las viviendas afectadas que se podían salvar. Estas acciones permitieron mantener la calma en la población local y de quienes se encontraban en tránsito entre estas poblaciones fronterizas.

En estos momentos se muestran muchas acciones cargadas de sentimientos solidarios entre los países hermanos, mujeres con mujeres, tolerancia con las y los niños, ancianos hombres y mujeres; sin embargo, pese a este clima de apoyo duele ver que una parte de los pobladores haitianos, circunstancialmente de paso en los municipios de la frontera peruana y brasilera, son discriminados y tratados con intolerancia, “… esta inundación ha afectado mucho a las familias de Iñapari, porque muchos han perdido sus pertenencia por la inundación…pero además … los haitianos pillos (delincuentes), han aprovechado pues este tiempo porque no tienen de qué vivir, están ilegales acá…”, se escuchaba decir a una persona.

Estas manifestaciones de intolerancia y vulneración de los derechos de estas personas, afectadas también por la inclemencia de la naturaleza vivida en su país y que los ha obligado a buscar refugio fuera de su tierra, impiden comprender que precisan de atención básica humanitaria, seguridad y respeto.

Son en su mayoría hombres jóvenes, quienes reciben un trato en general despectivo cuando se aproximan a solicitar algún servicio u orientación.  No se percibe mayor esfuerzo por guiar a estas personas que se encuentran hace más de dos años intentando sobrevivir.

Aparentemente, nos hace falta refrescar la memoria, para ser conscientes del motivo de la presencia de hombres y mujeres del hermano país de Haití, recordar que son personas que actualmente duermen en capillas cristianas solidarias, donde deben esperar más de dos horas para recibir una ración de alimentos en plato de papel estañado, sin cubiertos, a la intemperie, como sucede en Brasilea.

Los migrantes haitianos han pasado por una tragedia aún mayor a la que vive hoy parte de nuestra región. ¿Será que los prejuicios de color de piel y raza, son más fuertes que la valoración de la vida misma?