Análisis

SOLIDARIDAD CON LOS MARCHISTAS

Desde que alguien descubrió que las marchas, manifestaciones y bloqueos sirven para construir el futuro de nuestro país me he adherido gozoso a estas bellas y eficaces medidas de presión y creo no haber faltado a ninguna sin enterarme demasiado de las causas que las motivaron, o si aquéllas respondían a objetivos izquierdistas o derechistas.

Por esa mi vieja afición, no me sorprendió mucho escuchar de labios de mi comadre cochabambina su invitación a demostrar nuestra solidaridad con los marchistas benianos que se han propuesto recorrer más de 600 kilómetros caminando por senderos y caminos acompañados de sus mujeres, sus guaguachas y sus abuelos en defensa del Parque Nacional Isiboro Sécure, que es patrimonio ecológico no sólo de ellos, sino de Bolivia.

Mi comadre Macacha vino a despertarme ayer domingo para contarme muy dichosa que había seguido a través de la televisión la Santa Misa que ofreció en Santa Cruz nuestro Cardenal Terrazas, quien en su homilía nos pidió a los católicos solidaridad y amor para los marchistas benianos que sufren de hambre y sed de justicia.

Al escuchar a mi pariente espiritual salté de felicidad y le dije: “No es necesario que me diga una sola palabra más porque la palabra del Cardenal es una orden para mí, y pongo a disposición de usted mi motocicleta Harley Davidson, mi guitarra que está guardada en el ropero, mi bacinica de plata que compré a una distinguida dama chuquisaqueña y que la guardo bajo mi lecho conyugal (no a la dama sino a la bacinica) para que usted convierta esas piezas valiosas de mi patrimonio en ayuda alimentaria y medicinal destinada a los marchistas benianos”.

Al escuchar esas mis instrucciones nacidas de mi corazón, la cholita cochabambina derramó unas lágrimas en reconocimiento a mi espontánea solidaridad con la marcha de los indígenas amazónicos que se proponen llegar a La Paz, como ocurrió anteriormente.

Por solidaridad con los benianos y conmigo, ella aceptó mi sugestión, diciéndome: “Yo marcharé con usted, querido y respetable compadre, porque usted apenas puede caminar y yo soy su transportadora oficial, por lo cual marcharé a su lado y seré su sostén, seré su ayuda, todo lo que quiera yo seré”, como dice la letra de un famoso vals peruano.

Mientras celebrábamos nuestra decisión sirviéndonos un delicioso chupe de camarones en el restaurante peruano “Karamanduca”, expliqué a mi comadre el deleite espiritual que siempre sentí al adherirme a todas las manifestaciones, marchas y bloqueos de los que tuve noticia, no siendo raro el que también lo hubiera hecho cuando estas medidas de presión las dirigía el sindicalista cocalero Evo Morales, ahora convertido en nuestro Presidente Evo desarrollista a ultranza.