Santa Cruz

“Si queremos una sociedad unida y pacífica, hace falta deponer actitudes de odio y rencor” Mons. Sergio Gualberti

Mons. Sergio Gualberti instó a los fieles a ser testigos de la paz y el perdón en su vida personal, comunitaria y social. Asimismo denunció que Bolivia hay muchos rencores enfrentamientos y divisiones que hacen sangrar el corazón de tantas personas y grupos.

Por otro lado el prelado expresó su alegría por el anuncio oficial de la visita del Papa Francisco a Bolivia del 8 al 10 de julio, y porque Santa Cruz será parte de su peregrinación.

Exhortó al Pueblo de Dios entender que el Papa viene como el enviado del Señor, trayendo un mensaje de perdón y paz, para confirmar a los bolivianos en su fe, “para contagiarnos con la alegría del Evangelio, para fortalecer nuestra esperanza y para animarnos a vivir la caridad fraterna”

Mons. Gualberti hizo referencia a la quebrantada salud de Cardenal Terrazas y agradeció las diversas muestras de compromiso y apoyo tanto de los profesionales galenos como del pueblo de Dios que han manifestado preocupación por la salud del Pastor de Bolivia y su pronto retorno.

A continuación  ofrecemos la Homilía de Mons. Sergio Gualberti pronunciada el domingo 10 de abril en la Basílica Menor de de San Lorenzo Martir, Catedral de Santa Cruz.

En este tiempo de Pascua la liturgia de la Palabra nos invita a hacer un camino junto a los discípulos de Jesús, a hacer con ellos la experiencia de las apariciones y del encuentro con Cristo resucitado, para gozar de la vida nueva que él nos ha traído.

Para los discípulos no fue fácil reconocer y aceptar que Jesús había Resucitado. Ellos, desconcertados ante la tumba vacía, asustados por temor a los judíos,con dudas acerca de la suerte de Jesús, buscan animarse estando unidos en la comunidad y en la oración.

Jesús se presenta imprevisto en medio de ellos, él toma la iniciativa de la palabra y les lleva dos grandes regalos. El don de la paz: “La paz esté con ustedes”y el don el perdón “Conviértanse para que sus pecados sean perdonados”.

La paz es el primer saludo del resucitado, elaugurio y el don que confirma que la salvación está cumplida. “Después de haber puesto fin a las tristezas de todos, Jesús anuncia las gloriosas y admirables obras de la cruz, que consisten en la paz”(San Crisóstomo). El Resucitado es el único camino a la salvación y a la esperanza de compartir con Él la vida eterna.

Los discípulos ante la aparición sorpresiva de Jesús, quedan “atónitos y llenos de temor”, creyendo ver a un fantasma, pero también “era tal su alegría y admiración, que se resistían a creer”. Estos sentimientos contrastantes, temor y al mismo tiempo alegría, son expresión de sus dudas de la verdadera identidad de Jesucristo y de su presencia física, hace falta que el Resucitado mismo abra los ojos de sus corazones y mentes para que lo reconozcan. Jesús viene en su ayuda iniciando el diálogo con una pregunta:”Por qué están turbados y tienen dudas?”, y les muestra los signos de la pasión y crucifixión en sus manos, en sus pies y en el costado.

Con la resurrección no desaparecen las marcas de los clavos y de la lanza: el resucitado es el mismo crucificado. Además para que vean que él es real, come un trozo de pescado asado delante de sus ojos: “Un espíritu no tiene ni carne ni huesos, como ven que yo tengo”. Jesucristo con esos gestos quiere despejar la sospecha de que la experiencia de la Pascua no sea otra cosa que la visión de un “fantasma”, él no es un espíritu de un muerto, un espíritu sin cuerpo, sino el mismo Jesús con quien han compartido durante los tres años de su misión pública: “Soy yo mismo”.

Pero, a pesar de esos gestos y palabras, siguen las dudas en los apóstoles, porque el misterio pascual sólo se comprende si se lo mira con los ojos de la fe. Jesús entonces a partir de lo que las Escrituras dicen acerca del Mesías, les ayuda a releer su muerte y resurrección: “Les abrió la inteligencia, para que pudieran comprender”. Les revela el sentido verdadero de todo lo acontecido en esos días y les recuerda que las Escrituras habían anunciado que: “El mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día”. La muerte por tanto hace parte del designio de Dios, una muerte para la vida. En el pensamiento humano, tanto la muerte como la resurrección del Hijo de Dios es un hecho difícil de aceptar, como manifiestan las dudas de muchos creyentes hasta el día de hoy.

Esta dificultad nos desafía a tener la mirada de fe, para comprender que la victoria del Resucitado sobre la muerte es un anuncio que da inicio a una situación nueva de libertad, una liberación del miedo a la muerte, de la situación de pecado y de una vida en paz. En este contexto se entiende el sentido profundo del otro don de la Pascua: el perdón. Los creyentes experimentamos el pecado, pero también el perdón en Cristo, y por Él conocemos la vida nueva.

El pecado del pueblo judío ha sido grande: “Matar al autor de la vida” como afirma con valentía San Pedro en su predicación: “Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida”. Pero Dios,fiel a su plan de salvación, a pesar del pecado de su pueblo, le ofrece la posibilidad de recibir el perdón a través de una sincera conversión.

Pedro expresa todavía más claramente esa actitud de comprensión y misericordia de Dios hacia su pueblo: “Yo sé que ustedes obraron por ignorancia”, como un pretexto para justificar su error. Dios, en su gran amor,transforma nuestros errores en instrumentos para cumplir su designio de salvación, él escribe recto sobre nuestras líneas torcidas. “Pero así, Dios cumplió lo que habían anunciado por medio de los profetas: que el Mesías debía padecer”.

Al don del perdón, que es la puerta para acceder a la salvación de Jesucristo, debe corresponder nuestra respuesta de amor y de una vida cristiana coherente. La certeza del perdón de Dios nos abre horizontes infinitos de esperanza, nos llena de ardor y gozo, y nos anima a recurrir confiadamente a él. Cuando tenemos la experiencia personal del perdón y de la paz de Dios que nos llena de alegría, sentimos la necesidad de comunicarla y testimoniarla con gestos concretos de reconciliación hacia las personas que nos ofende y nos hacen sufrir, y que viven esclavos del odio, del rencor y de la venganza.

Es lo que Jesús resucitado pide a sus discípulos de todos los tiempos, ser testigos de la paz y el perdón en nuestra vida personal, comunitaria y social. Este mensaje de Jesús sigue siendo muy actual también para nosotros y para nuestro país, donde hay muchos rencores, enfrentamientos y divisiones, que hacen sangrar el corazón de tantas personas y grupos.

Si queremos una sociedad unida y pacífica, hace falta deponer actitudes de odio y rencor, y emprender decididamente el camino del perdón y de la reconciliación. Nosotros, que tenemos el gozo de haber sido llamados a la misión de testimoniar a Jesús resucitado, tenemos anunciar y testimoniar en nuestra vida cotidiana, la alegría de la salvación que con ternura y misericordia él nos ha traído. Estamos llamados a ser mensajeros del perdón y de la paz.

En este clima pascual de la alegría quiero expresar el gozo de nuestra Iglesia por el anuncio de la visita del Papa Francisco en Bolivia es 8 al 10 de julio, y porque Santa Cruz será parte de su peregrinación. El viene como el enviado del Señor, el mensajero del perdón y la paz, para confirmarnos en nuestra fe, para contagiarnos con la alegría del Evangelio, para fortalecer nuestra esperanza y para animarnos a vivir la caridad fraterna. Les invito a todos a preparar con esmero su acogida, en especial espiritualmente con nuestra oración y el acercamiento a la palabra de Dios, para que aprovechemos plenamente de esa gracia que Dios nos hace.

Por último, quiero agradecer a tantas personas que en estos días han orado por la salud del Cardenal y al personal médico que con tanto cariño, disponibilidad y profesionalidad lo están atendiendo. Gracias a Dios hay unas mejorías, sin embargo se necesita seguir orando para que el querido Cardenal Julio supere esta coyuntura delicada y podamos tenerlo nuevamente en medio de nosotros, gozando de su testimonio de fe y de su palabra iluminadora y profética.

Amén