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Se salva aquel que no vuelve el dinero un ídolo, Mons. Sergio Gualberti

Monseñor Gualberti saludó a las mujeres bolivianas por su día y exhortó al pueblo de Dios a implementar medidas apropiadas y urgentes para luchar contra el machismo, contra toda forma de violencia contra la mujer y contra el crimen del feminicidio.

Hizo votos por que la iglesia siga en el camino de renovación con el Sínodo por la familia y por otro lado instó al pueblo a comprender que la sabiduría de Dios posibilita distinguir los caminos de la verdad versus la mentira, optar por la paz y no por la violencia, por la vida y no por la muerte

Explicó que la confianza en los bienes, la autosuficiencia frente a Dios, el egoísmo frente a los demás, el apego excesivo al dinero es «idolatría».

HOMILIA DE MONS. SERGIO GUALBERTI

Pronunciada en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir

Catedral de Santa Cruz – Bolivia

Octubre 11 de 2015

Hoy se celebra el Día Nacional de la Mujer en Bolivia , a todas ellas nuestras sinceras felicitaciones y expresiones de estima por su gran labor y dedicación en la familia, la sociedad y la Iglesia. Este día tiene que ser sobre todo la oportunidad para seguir trabajando a fin de que las mujeres sean respetadas y valoradas en igualdad de condiciones con los varones, y que más y más vayan ocupando el lugar que le corresponde en todos los ámbitos de la sociedad. En particular hay que implementar medidas apropiadas y urgentes para luchar en contra del machismo, de toda forma de violencia en contra de la mujer y del crimen de feminicidio.

Como Iglesia hoy también celebramos la memoria del Papa San Juan XXIII, gran pontífice que hace 53 años, en una fecha como hoy, convocó el Concilio Vaticano II, definido “nuevo Pentecostés” para la Iglesia, hecho que ha marcado profundamente su vocación y misión en el mundo contemporáneo. Pedimos al Espíritu del Señor que siga acompañando a la Iglesia en el camino de renovación para que sea signo visible del Reino de Dios y de manera especial que ilumine y guíe a los Obispos reunidos este mes con el Papa Francisco en el Sínodo extraordinario de la familia.

La palabra de Dios de este domingo nos llama a reafirmar nuestra opción de ser cristiano, a poner al centro de nuestra Vida a Jesucristo y a dejarnos permear por Él, Sabiduría del Padre. La 1ª lectura es parte del gran discurso sobre la sabiduría, en forma de oración, puesto en boca del rey Salomón, al comienzo de su reinado. Dios responde a su plegaria del rey, llenándolo con los dones de la prudencia y la sabiduría, dones que le permitirán gobernar al pueblo de Israel con justicia y equidad, instaurando un tiempo de prosperidad y paz. La sabiduría y justicia de Salomón actuó con tanta sabiduría, que se hizo modelo proverbial de estatista para los gobernantes de todos los tiempos.

La sabiduría de la que estamos hablando, no es tanto una dote humana, sino un don de Dios que permite participar de sus pensamientos y conocer sus planes sobre la vida y la historia de las personas y de los pueblos. Es el don que posibilita distinguir los caminos de la verdad versus la mentira y que da la valentía para optar por la paz y no por la violencia, por la vida y no por la muerte.

Como hemos escuchado, Salomón expresa su aprecio por la sabiduría con imágenes tan claras que hablan por sí mismas: coronas, tronos, riqueza, piedras preciosas, oro, plata, salud, belleza no son más que un poco de arena en comparación a la sabiduría. Por eso: “La amé más que la salud y la quise más que la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso”. La sabiduría es el resplandor de la eterna verdad, ante la cual la luz material se opaca, por eso es preferible renunciar a las luces perecederas con tal de contar con la sabiduría de Dios: luz que ni se engaña ni nos puede engañar, que ilumina y da sentido pleno a la vida y que lleva en sí todas las demás riquezas.

En el Evangelio encontramos a otro hombre, según San Mateo un joven, que, en busca de felicidad y del sentido de su vida, corre hacia Jesús para pedirle: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”.Es un joven que demuestra confianza en Jesús, lo llama “bueno”y su pregunta es fundamental acerca del destino eterno de nuestra existencia humana.

También es un joven piadoso, que desde la niñez ha cumplido con los mandamientos del Señor. “Jesús lo miró con amor”, su miradano es tanto un reconocimiento por lo que ha hecho, sino invitación a tomar una decisión nueva y radical: “Sólo te falta una cosa”. De hecho Jesús pide a ese joven dar tres pasos: “vende lo que tienes” que no viva atado a sus riquezas, “dalo a los pobres” que sea solidario con los necesitados y los que sufren, y por último: “ven y sígueme”, que se haga su discípulo dándose totalmente al seguimiento de la persona de Jesús.

Ese joven, “Al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes”. Él es piadoso pero su corazón está sofocado por el apego a los bienes materiales, lo que le impide tomar la decisión de dejarlo todo para seguir a Jesús.La renuncia a los bienes no es un fin a sí mismo, sino en función de la adhesión a Jesús, es condición para ser discípulo y heredar la vida eterna.La propuesta de Jesús no es para unos pocos elegidos, ni un consejo para los más generosos, es para todos aquellos que, en él, descubren el motivo auténtico de su vida.

La mirada triste del joven permite a Jesús introducir una reflexión sobre los bienes terrenales, muy en sintonía con la enseñanza de 1era lectura de la sabiduría. Jesús se dirige a los discípulos con una afirmación muy fuerte: ” ¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”.Ese joven, a pesar de ser piadoso, pone su confianza en sus bienes más que en Dios. Toda su vida está centrada en ellos, como a decir que no necesita de Dios y que no le preocupan los pobres. La autosuficiencia frente a Dios y el egoísmo frente a los demás impiden ser discípulos de Jesús. Este apego excesivo al dinero es «idolatría».

El dinero no es uno de tantos ídolos; es el ídolo por excelencia. Es el anti-dios en quien se pone la fe, la esperanza y la caridad, alterando totalmente esas virtudes humanas y cristianas. La codicia, además de idolatría, es también fuente de infelicidad.  El avaro es un hombre infeliz rehén de su dinero, que se aísla y desconfía de todos.


Pero Jesús no deja a nadie sin esperanza de salvación, tampoco al rico. Cuando los discípulos, después de lo dicho sobre el camello y el ojo de la aguja, preocupados le preguntan a Jesús: «Entonces ¿quién podrá salvarse?», Él responde: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios». Dios puede salvar también al rico. La cuestión no es «si el rico se salva», sino «qué rico se salva». Se salva aquel que no vuelve el dinero un ídolo, que lo considera solo un medio para vivir, que es solidario y comparte sus riquezas con los pobres y marginados, que practica la justicia, que paga un salario justo y digno a los trabajadores. Estos son los tesoros propuestos por Jesús a los ricos: «Acumulen tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan…».

Jesús nos ofrece a todos la salvación y nos llama a optar, como Salomón, por la verdadera riqueza; seguirle a Él, Sabiduría eterna del Padre. Nos invita a encaminarnos como discípulos detrás de él hacia una vida de donación y de amor en favor de los pobres y olvidados de este mundo, compartiendo nuestra existencia con ellos. Es un paso difícil a darse, porque la tentación de ponernuestra confianza en las riquezas es muy grande,pero no es imposible, por eso pidamos con las palabras del Salmo: “Señor, ayúdanos con tu amor”, para que optemos por ti, única y verdadera Sabiduría que llena nuestra vida.

Amén