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¿Se puede abortar si el embarazo es causado por una violación? Responder a la violencia con más violencia

Ramiro Llanos, jefe de servicio penitenciario de nuestro país informaba a los medios de comunicación, la historia de una niña de 12 años que fue violada repetidas veces en la cárcel San Pedro de la ciudad de La Paz, por los que ella conocía como su familia  por su padre, tío y padrino, presos en esa cárcel, en los últimos cuatro años.

Como una de las pocas opciones que le quedan a esta niña, a su corta edad, es seguir con su embarazo o si la justicia lo autoriza practicarse un aborto. Sin embargo, no se puede responder a la violencia con más violencia.

La inviolabilidad de la vida es base de los derechos humanos. Todos –embriones y fetos, niños y adultos, ancianos, enfermos incurables y agonizantes– por nuestra condición de seres humanos, tenemos derecho a la vida, pilar de la igualdad esencial del género humano. El respeto irrestricto a la vida es el fundamento de la convivencia social y una exigencia ética primordial que toda persona encuentra escrita en su corazón con la sola luz de la razón.

Lamentablemente, nuestra cultura actual ha ido perdiendo conciencia sobre la gravedad del aborto, que debe producir horror por ser el asesinato del ser humano más inocente e indefenso, que a nadie ha ofendido ni puede ofender, que ni siquiera puede pedir auxilio con su llanto. La vida es suprimida por aquellos a quienes ha sido confiada su custodia: los padres, médicos y el personal de salud. En nuestro país viene creciendo una anticultura de la muerte, de la inseguridad y del narcotráfico,  y una mentalidad que, por el irrespeto de la dignidad humana y del derecho fundamental a la vida, revela la ausencia de una genuina antropología.

 A las múltiples violencias que desangran nuestra nación: el narcotráfico, a la persecución ideológica, a las masacres y homicidios de justicia comunitaria, a tantos vejámenes que permanecen en la impunidad de hecho, se quiere aumentar ahora una impunidad de derecho frente al aborto. No podrá haber verdadera paz en Colombia si no defendemos y promovemos la vida humana.

E aborto también es una afrenta a la dignidad de la mujer y le genera graves secuelas de índole sicológica que, a pesar de un tratamiento especializado, son difíciles de erradicar plenamente. El Pueblo de Dios acoge con solicitud y afecto a las mujeres que han abortado, muchas de ellas presionadas injustamente por otras personas y circunstancias, como la injuria de la violación. Recordamos que la legislación canónica sanciona con excomunión inmediata a quien procura el aborto, si éste se produce. Por eso, a todos los que han participado en un aborto la Iglesia les llama a la reconciliación con Dios y con sus conciencias.

Sería bueno promover en las instituciones públicas y privadas para que ofrezcan, generosa y oportunamente, su apoyo a toda mujer que espera un hijo. El niño no deseado, una vez nacido, también llegará a ser alegría y apoyo de su madre y de su familia. Igualmente, en muchos casos, podría ser dado en adopción para colmar los anhelos de matrimonios que desean brindarle su amor, su protección integral y el cuidado de su educación. El ser humano que se pretende abortar está siendo esperado por muchos esposos y por la sociedad.

(este artículo está basado en la declaración de los obispos de Colombia ante la despenalización parcial del aborto, año 2001. Puede leer dicha declaración aquí.)