Análisis

SE OLVIDARON DE LA MADRE TIERRA

A 10 años de la Carta Democrática Interamericana, en Bolivia, si nos atenemos a la caracterización que de la democracia hace la CDI, ya no existe una democracia de pesos y contrapesos que limite el poder y garantice las libertades individuales de los ciudadanos, sino un Gobierno autocrático, que basa su poder en la represión, la intimidación judicial y su arma más mortífera, el mal gusto y una ilimitada vulgaridad.

Basta ver el atropello inaudito contra un boliviano ejemplar y honesto como el ex presidente del Banco Central, Juan Antonio Morales, cuyo arresto abusivo es el símbolo de la insensatez que impera hoy en Bolivia.

Pero también los cancerberos del Gobierno se ensañan contra la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), acusándola absurdamente de ser agente del imperialismo americano.

En efecto, un exsargento y exministro de este Gobierno, ahora escondido bajo el pomposo título de Director de la Agencia para el Desarrollo de las Macroregiones y Zonas Fronterizas, acusó al Gobierno de los Estados Unidos de apoyar a los indígenas de las tierras bajas que marchan en defensa del Tipnis, con el supuesto plan de establecer territorios autónomos similares a las reservas indígenas estadounidenses donde posteriormente se instalarán empresas transnacionales. Según el exministro, esta conspiración se hace a través de Usaid, con programas de becas, apoyo para fortalecer la democracia multipartidaria y a los partidos políticos débiles, así como el financiamiento a medios de comunicación.

La verdad es que todos esos absurdos usa el Gobierno para perpetrar el mayor crimen ecológico de nuestra historia con el objeto de abrir nuevas rutas y territorios en zonas protegidas y territorios de comunidades indígenas, para garantizar la expansión de los cultivos de coca, destinada al narcotráfico, cuyos réditos pronto serán la mayor fuente de sustento económico del país, utilizan a sus aciagos operadores políticos, exmilitares al estilo de Chávez o Montecinos en Perú, para desacreditar a los indígenas que defienden sus territorios.

Lo único que hicieron los indígenas bolivianos fue pedir por piedad al Gobierno que éste deje un poco de tierra para otros cultivos que no sean coca y que les permitan vivir en paz en las tierras que ocupan por varias generaciones.

Pero la acusación del exministro no podría ser más disparatada, y por supuesto, como en todos los casos, envuelve a Estados Unidos, el enemigo más a mano en estos casos, el imperialismo y sus proyectos de ocupar el país. En su visión de provincia, estos deleznables comisarios políticos inventan conspiraciones, planes de invasión y otros absurdos, basados en llamadas telefónicas como si en democracia cualquier ciudadano no podría hablar con quien le venga en gana. Además acusan a las ONG de financiar dicho movimiento, cuando hoy sabemos, por denuncia de los únicos intelectuales que tenía el MAS y que por pudor se retiraron públicamente, que las marchas conspirativas de los cocaleros en el pasado contaban con apoyo logístico de Cipca, Unitas, Padem y recursos de países europeos que hoy deben arrepentirse del monstruo que crearon.

Éste no es el gobierno de los indígenas, de los humillados, de los históricamente excluidos, es el Gobierno de los cocaleros prósperos y de los politiqueros mestizos. Las máscaras han caído. Lamentablemente la comedia continúa.

Los actuales portavoces del Gobierno creen que la población boliviana, como sucede con los que nos gobiernan, está compuesta por débiles mentales, esperemos no tengan la razón.