Santa Cruz

Santa Cruz inicia mes aniversario con una eucaristía

El Arzobispo de Santa Cruz invitó a los cruceños a poner todo lo que vivimos en este mes bajo la mirada de Cristo y a recuperar la memoria para evitar las divisiones y no debilitar la esperanza y alegría. Las celebraciones septembrinas, comenzaron con un acto litúrgico en el altar donde el Papa Francisco celebró la eucaristía hace menos de dos meses. La celebración de la Palabra fue presidida por el Arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti junto a Monseñor Estanislao Dowlaszewicz y, algunos sacerdotes de la Arquidiócesis.

Al acto acudieron las principales autoridades del departamento y del municipio cruceño. Monseñor Sergio destacó que es la primera vez que se celebra el inicio de las fiestas septembrinas en esta altar donde hace menos de dos meses el Papa Francisco presidió la eucaristía. Al respecto el municipio dio lectura a una resolución que declara el altar monumento de Santa Cruz. Monseñor Sergio remarcó que el estilo misional del altar nos recuerda nuestras raíces y en ese sentido subrayó que no se trata solo de arquitectura sino que nuestra cultura está impregnada de cristianismo por el encuentro de nuestras culturas nativas con el evangelio. Recordando la invitación del Papa a que seamos una comunidad memoriosa, el prelado alertó que cuando se pierde la memoria del pueblo se debilita la esperanza y la alegría y que esa pérdida nos disgrega como pueblo provocando la división. Pidió no dejar de mirar la Cruz de Cristo para encontrar en ella la fuerza y buscar como pueblo cruceño caminos de libertad, de justicia y de paz. MENSAJE DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI Apertura solemne del mes de Santa Cruz, primera vez aquí en el altar donde el papa Francisco, hace menos de dos meses ha celebrado la Eucaristía, con la participación multitudinaria de gente de todas partes de Bolivia y de otros países. Este altar de estilo chiquitano, nos recuerda nuestras raíces, Santa Cruz la vieja fundada en San José de Chiquitos… una preciosa obra artística, un signo que hacía falta en nuestra ciudad, expresión de la capacidad de nuestros artistas locales y de una cultura impregnada de Cristianismo.

La Eucaristía Papal, fue acompañada por el maravilloso Coro y Orquesta Misional Barroca, también fruto maravilloso del encuentro de nuestras culturas nativas con el Evangelio. Hoy disfrutamos de este gran don acá en nuestra ciudad, a lado del monumento del Cristo, otra referencia y signo tan querido para memoria viva de los valores que han permeado el camino que ha desembocado en la Santa Cruz de Hoy. No es cuestión de nostalgia del pasado, sino la actitud realista de los elementos fundantes y los valores eternos que siguen siendo valederos para nuestros días y para avizorar un futuro esperanzador y humanizador. El Papa Francisco en su homilía, desde este mismo lugar, ha resaltado con fuerza el tema de la memoria: “los pueblos tienen memoria, una memoria que pasa de generación en generación, los pueblos tienen una memoria en camino. Y no son pocas las veces que experimentamos el cansancio de este camino.

No son pocas las veces que faltan las fuerzas para mantener viva la esperanza. Cuántas veces vivimos situaciones que pretenden anestesiarnos la memoria y así se debilita la esperanza y se van perdiendo los motivos de alegría. Y comienza a ganarnos una tristeza que se vuelve individualista, que nos hace perder la memoria de pueblo amado, de pueblo elegido. Y esa pérdida nos disgrega, hace que nos cerremos a los demás, especialmente a los más pobres… El punto de partida, es tomar muy en serio la vida de los suyos… Ve en sus miradas lo que late y lo que ha dejado de latir en la memoria y el corazón de su pueblo. Lo considera y lo valora. Valoriza todo lo bueno que pueden aportar, todo lo bueno desde donde se puede construir. Pero no habla de los objetos, o de los bienes culturales, o de las ideas; sino habla de las personas.

Una memoria tomada, una memoria bendecida, una memoria entregada siempre sacia a un pueblo”. Nuestro himno de Santa Cruz también nos ayuda a recordar, con unos versos certeros, nuestros orígenes e identidad: “La España grandiosa aquí plantó el signo de la Redención”. El signo de la redención, la Cruz con Cristo ahí clavado, la “Santa Cruz”, está plantada aquí, una cruz que ha puesto raíces y ha dado el nombre de nuestra ciudad y Departamento y que tiene que seguir marcando nuestros pasos. No es cualquier cruz, sino la de Cristo, Él que, con su entrega, ha transformado ese signo de suplicio y de muerte en signo de vida nueva y abundante.

La cruz así entendida, no es expresión de impotencia y de fracaso de Dios, sino manifestación de su amor y de su victoria definitiva sobre el pecado, la muerte y toda clase de esclavitudes personales y sociales, gracias a la resurrección de su Hijo. Tener a la cruz por símbolo significa un gran desafío, significa tener entre todos “los mismos sentimientos de Jesús”, como nos dice San Pablo en la carta a los cristianos de Filipo, cuando les pedía que hicieran perfecta “su alegría (del apóstol), permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo espíritu y un único sentir”.

La unidad, esfuerzo primordial para caminar juntos, toda división es obra de las fuerzas del mal, divisiones que llevan al fracaso y a la ruina. “No hagan nada por ambición o vanagloria, antes con humildad estimen a los otros como superiores a ustedes mismos. Nadie busque su interés sino el de los demás.” Es lo que hizo Jesucristo, que siendo “de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres”.

Tener a la cruz por símbolo significa también implementar relaciones interpersonales e institucionales inspiradas por la misión liberadora y humanizadora de Jesús, buscar la reconciliación valorando lo que nos une y no lo que nos divide. Es también respetar incondicionalmente a la dignidad de cada persona y los derechos humanos, y sembrar esperanza en tantos hermanos sumidos en la miseria material y moral, víctimas, en su mayoría, de la marginación y explotación de un sistema economicista injusto e inhumano. Se ha hecho un largo camino, pero hay todavía muchos desafíos que enfrentar.

El Papa nos recomendaba que nuestra ciudad y departamento sean una comunidad memoriosa. Que la cruz de Cristo sea la referencia segura y firme, renovemos nuestra opción libre y madura de ser seguidores de Jesús y que hagamos nuestra la sincera profesión de fe de Pedro: “Señor, ¿a quién iremos?”, porque no hay nadie más fuera de Cristo que llene la vida, que le de sentido y que esté dispuesto a acoger y redimir nuestro sincero dolor, a disipar el desconcierto y miedo, la injusticia y la muerte presentes en nuestra vida personal y social.

A lo mejor en algún momento de nuestra vida hemos buscado otros rumbos convencidos de encontrar allí lo que llenaba nuestro corazón y nos hacía felices, sin embargo, la experiencia nos ha llevado, tarde o temprano, a caer en la cuenta de que sólo Jesús salva, y que Él es la respuesta a nuestras preguntas vitales, a nuestras dudas, insatisfacciones y vacíos. Hemos caído en la cuenta que Cristo aquel que viene en nuestra ayuda y nos sostiene en los momentos de desánimo, de confusión y desconcierto, cuando nos cansamos de hacer el bien y de luchar por una sociedad justa y honesta. Su cruz victoriosa nos anime a seguir a su lado con fidelidad y convicción, y sostenga nuestro compromiso por la libertad, la justicia, el amor y la paz, los valores del Reino que hacen firme y seguro el caminar de cada uno de nosotros, de nuestra ciudad y de nuestro Departamento. Amén.