Análisis

San Agustín y Juan Mendoza

No abundaré sobre la figura de don Juan Mendoza y Nernuldes, personaje eminente de la galería de ilustres orureños. La historia ha cincelado con letras imborrables su hazaña aeronáutica. Tampoco narraré la vida del gran Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia Católica y el más grande de los Padres de la Iglesia de Cristo.

Cicerón dijo hace más de dos milenios que “la gratitud no es sólo la virtud más grande, sino también la madre de todas las virtudes” .San Pablo escribió a los tesalonicenses: “Ésta es nuestra vocación: ser agradecidos” (1 Tes 5, 18).

Shakespeare había escrito: “Defrauda más el hijo ingrato que el diente de la serpiente. Ingratitud, demonio con corazón de mármol”. Y Séneca: “El más ingrato de todos es el que se ha olvidado”.

La gratitud es aquella virtud que nos inclina a recompensar de algún modo al bienhechor por el beneficio recibido.

Antonio Royo Marín O.P. explica: La gratitud como virtud moral que es, consiste en el medio. Se le oponen, pues, dos vicios: uno por exceso, y otro por defecto. Por exceso, se peca contra la gratitud de dos modos: a) mostrándose agradecido por una cosa que no lo merece (por ejemplo por la ayuda que se nos prestó para cometer una mala acción); y, b) manifestando nuestra gratitud de manera inoportuna (por ejemplo, recompensando el beneficio demasiado pronto, como si quisiéramos quedar en seguida libres de la deuda).

Por defecto se comete el pecado de la ingratitud, cuando por descuido o negligencia se omite el deber de gratitud. También cuando lejos de agradecer el beneficio recibido, hace todo lo contrario, ya sea devolviendo mal por bien, o criticando el beneficio, o reputándolo como un daño.

Los pueblos de todos los tiempos han expresado su gratitud a sus héroes, gobernantes, patricios y personas eminentes, erigiéndoles monumentos, nominando sus calles, plazas, universidades y colegios con sus nombres, a fin de perpetuar en cierta manera la obra de los gigantes de la historia de la patria chica o de la grande.

Quisiera citar un admirable ejemplo. Uno podía tener diferencias políticas o ideológicas con el Prof. Ángel Mendoza Justiniano, fundador del colegio “Aniceto Arce” de nuestra ciudad, pero D. Ángel era en muchos aspectos un hombre muy cabal. ¿Por qué un convencido comunista había nominado el colegio fundado por él, con el nombre de un expresidente de ideología conservadora? El eminente profesor mismo lo dijo en una de sus arengas a sus alumnos: “porque Aniceto Arce construyó el primer ferrocarril del país de la frontera de Chile a Oruro”.

Aniceto Arce, también construyó las carreteras Sucre-Potosí y Sucre-Cochabamba, empero, hace un par de años un grupo de personas quiso derribar el monumento al expresidente Arce, de la Plaza 10 de Febrero, con el mismo argumento con que fue defenestrado por los liberales cuando comenzó la construcción del ferrocarril: que “nos había vendido a Chile”.

La ingratitud es hija de la soberbia. Y la virtud contraria de la soberbia es la humildad.

En 1808, justamente un año antes de la muerte de Franz Joseph Haydn, se llevó a cabo en Viena una magnífica ejecución de su extraordinaria composición: el oratorio La Creación. El propio compositor estuvo presente en tal ocasión. Anciano y débil, fue introducido a la gran sala en una silla de ruedas, naturalmente, su presencia produjo en el público un electrizante entusiasmo. Cuando la orquesta y el coro irrumpieron con toda su fuerza el pasaje “Y se hizo la luz”, la audiencia estalló en una explosión de aplausos.

Conmovido por la respuesta, Haydn, hizo un gran esfuerzo por ponerse de pie, y haciendo acopio de todas sus fuerzas, levantó sus brazos temblorosos exclamando: “¡No, no! No viene de mí, sino de allá –del Cielo arriba de nosotros viene todo!” Esa es siempre la postura de los hombres auténticamente grandes: la humildad.

Y la historia no puede seguir escribiéndose al servicio del poder. Precisamente hoy por hoy, nos encontramos con que las nuevas generaciones especialmente, no saben la diferencia que existe entre “memoria histórica” e “historia”.

Y a propósito del título de este artículo, la mayoría de los orureños desconocen que originalmente, la Universidad Técnica de Oruro cuando pasó de Distrito Universitario de Oruro al rango de Universidad el 12 de noviembre de 1937 “durante el gobierno de la Junta Militar presidida por el Tcnl. Germán Bush”, fue creada con el nombre de San Agustín, denominación que le fue arrebatada el 31 de marzo de 1941 con la fuerza de un espíritu antiteo.

(*) Director Nacional de Pioneros de Abstinencia Total