Análisis

¡SALVEMOS EL PIRAÍ!

La alarmante contaminación del río Piraí –símbolo geográfico de  Santa Cruz de la Sierra- no ha sido de un día para  el otro. Diversos informes han venido alertando acerca de la situación desde hace muchos años, pero ahora se llegó a un punto crítico tal, que requiere acciones inmediatas si se quiere evitar el colapso de este importante recurso hídrico. Es por eso que el Diario Mayor EL DEBER ha proseguido con su campaña a favor del Piraí mediante un reciente foro y la continuará, hasta que veamos    acciones concretas por parte de las autoridades competentes.

Estudios que vienen del siglo pasado han sido reforzados últimamente por recientes auditorías ambientales y otros significativos trabajos. Todos coinciden en algo: urge ejercer acciones concretas, ya que el río corre el riesgo de desaparecer o, peor, de transformarse en un curso atípico de agua de características dañinas y no acordes con el equilibrio ambiental que se procura en aras de un desa-rrollo sustentable.
El Informe Ambiental de la Contraloría General del Estado informó en mayo pasado que los tramos más infectados del río comprenden desde los municipios de La Guardia, Warnes, Colpa Bélgica, Okinawa Uno, Montero, Portachuelo, San Pedro hasta la zona de Fernández Alonso, al norte del departamento. El informe alerta que en el Piraí, en estos últimos 10 años, las actividades industriales, agrícolas y domésticas han tenido un fuerte impacto sobre el río y que, además, este corre el riesgo de seguir deteriorándose. A ello se agrega la actividad de dragas, muchas de naturaleza ilegal, que dañan irreversiblemente al río y obtienen pingües beneficios a costa de su deterioro sin dejar, para colmo, nada ni para la ciudad capital ni para el departamento.

En la Gobernación cruceña se presentó un plan de ejecución integral con un cronograma de implementación. Asimismo, se presentó a la Corporación Andina de Fomento (CAF) un plan integral de manejo del río Piraí y ahora se espera el financiamiento de esta entidad de fomento para poner en práctica el plan acordado. Ojalá así sea y pronto.

En el foro que auspiciamos  -como lo destacaron nuestros cronistas- se hicieron muchas propuestas y se dieron también muchas explicaciones. El tema ahora es trabajar en serio, hacerlo en forma coordinada sobre la base de pautas acordes con políticas ecológicas de alto nivel. El Piraí se muere y eso no podemos permitirlo. El río símbolo de la ciudad debe sanearse para tratar de volver a ser lo que era en su momento, sin descuidar las naturales necesidades de la zona, pero manteniendo un todo armónico que contemple un balance adecuado entre perentorias necesidades del crecimiento socioeconómico y urbano con las necesidades impostergables de mantención de pautas naturales de conservación.

El Piraí es de todos y para todos. Hagamos pronto algo por este nuestro río que clama en silencio por ayuda inminente. Estudios hay de sobra. Ahora hay que ir a las cosas concretas.No puede pasar un día sin que nos refiramos al mal aspecto que ofrece la ciudad, con edificios públicos y particulares pintarrajeados o con leyendas tan desagradables como insolentes, con aceras en mal estado, sin guardar un mismo nivel, copadas por vendedores callejeros, por último inexistentes porque a los dueños de viviendas y terrenos no les viene en gana mandarlas hacer y a la Alcaldía no le da ni la tos. También el mal aspecto se manifiesta en los letreros con propaganda comercial, de los cuales la gran mayoría no fueron hechos y colocados conforme a la reglamentación, fuera de que son antiestéticos y no son pocos los que contienen groseros errores ortográficos. ¡Y encima cumplen la dañina ‘misión’ de distraer la visual, lo que entraña peligro tratándose de conductores de motorizados!
Ahí están por años de años esos letreros; a veces la comuna realiza operativos y desmonta unas decenas de ellos, pero a la vuelta de uno o dos meses, surgen el doble por la inveterada costumbre de la desobediencia y porque, como la ciudad crece y crece, pues también aparecen nuevos negocios cuyos propietarios lo primero que hacen es colocar su cartel a su gusto y conforme a sus generalmente escasos conocimientos de las lenguas camba, castellana, quechua, china, inglesa y otras, cuyas terminologías emplean, entonces están llenos de incorrecciones.
Tampoco pasa un día sin que el periodismo y nuestro peregrinar por las calles no nos hagan topar con los basurales que se van formando porque la gente, ya sea a pie o en vehículo, va tirando puchos, cajetillas vacías, cáscaras de frutas, restos de hamburguesas, botellas de plástico -y de vidrio para que la cosa sea más peligrosa- y miles de otros desperdicios. Capitaneando esta agresión salvaje contra la capital cruceña están las personas -que de igual modo suman millares-, que insisten en botar los desechos en corredores, calles, avenidas, lotes, áreas verdes y canales. Donde más abundan es en los alrededores de los mercados y en los desagües cercanos a estos centros de abastecimiento popular, que precisamente son los que más limpieza debieran exhibir puesto que en ellos se compra y consume comestibles crudos y cocidos.

La desaprensiva forma de actuar de esas personas llega al extremo porque ni siquiera piensan que ellas y sus familiares pueden ser los primeros afectados, peor aún tomando en cuenta que el viento y los animales, en especial los perros, en cuestión de minutos, máximo en dos o tres horas, es encargan de esparcir la basura formando inmensos muladares con olores que no se pueden soportar. Parece mentira que acontezca esta asquerosidad en una ciudad de casi dos millones de habitantes, pero es la triste realidad, una realidad de la que se echan cruces los visitantes y que, por lo visto, a los vecinos ya no nos espanta.

Pero es menester reaccionar, no es posible cargar con semejante estigma. Si no por el ornato y el buen aspecto de la urbe, por la salud de los vecinos que se puede ver fatalmente afectada, sin tomar en cuenta el aspecto económico porque una curación, y en su defecto el velorio y el entierro, pueden resultar mucho más caros.