Análisis

Rincón Vocacional: “Soy la gota de la vela que llora…”

…y que cae y busca un lugar donde descansar para seguir haciendo brillar esa Luz, que es Cristo. 

Bueno, es posible que para expresar esto no se necesite ser un buen escritor… con la voluntad es suficiente. Éste es mi primer artículo en la Red y hablaré de mi testimonio vocacional como seminarista.

La vocación no es aquélla que genera diferentes recursos y mientras más te favorezca, mejor. Es aquélla de la que tú gustas y, por lo tanto, es la verdadera a la que tú dirás: “me gusta y esto sí va conmigo y, por eso, me arriesgo”.

Mi inquietud empieza o nace, si vale el término, con la Primera Comunión. Fue la primera ocasión en que yo tuve conciencia de vivir y sentir dicha inquietud, porque mi Bautizo fue a los 8 meses. Entonces yo sentía ya el misterio de ser sacerdote. Fue algo fuera de lo común, digámoslo así, porque yo captaba bien las palabras del padrecito y eso hacía que en el fondo empezara a nacer una inquietud por estar en el altar sirviendo a Cristo.

Pero eso no fue tan concreto como para que yo dijera: “quiero ser sacerdote”. Será porque no tenía ni idea del camino que debía seguir, más allá de mi timidez y de buscar información. Así que la idea se nubló.

Terminé por apartarme un tiempo de la casa de Dios.

Ya estando en el colegio, y gracias a un amigo mío que en ese entonces me dijo que si quería hacer la Confirmación, sin pensarlo dije que “sí” y se despertó la vocación dormida. Era un gran reto porque yo quería estar en constante relación con Dios, viviendo el sacramento y diciéndole: “aquí estoy para servirte”.

Pero no fue así, dado que el animador que yo tenía no era muy comprometido con la formación que impartía a mi grupo. Así terminé mi Confirmación, no vivida al cien por cien. Pero seguía con la inquietud, así que pasé a ser catequista de mi querida Parroquia SAN JOSE durante dos años. En aquel tiempo aprendí mucho de los jóvenes, de las Hermanas Misioneras de la Providencia -que son quienes mucho trabajan por la Parroquia y el colegio del que yo vengo- y terminé mis estudios en la U.E. SAN JUANILLO de Sucre.

En un Grupo Misionero aprendí mucho, junto a mis amigos, y maduré mi formación personal. Toda esa hermosa experiencia me hizo ver más claramente a Dios.

Ya terminando los estudios del cole, mi decisión cambió porque tenía en mente estudiar la carrera de Arquitectura, pero esa idea no prosperó. Así que… ya ven, las cosas volvieron al principio, cuando sentí que Dios me llamaba. Pero me puso pruebas delante para ver si estaba dispuesto a seguirle. Y sí escuché y sigo escuchando a Dios en mi corazón en esta formación como seminarista.

Y, la verdad, me gusta y no me arrepiento de haber empezado mi formación en el Seminario. Aquel inicio fue anecdótico, misterioso e impactante, porque el día que ingresé era mi cumple de la mayoría de edad. Sé que con la ayuda de Dios seguiré con paso firme y no bajaré los brazos.

Y me quedo con 3 cositas:

1.- Como dice el Papa Francisco: “No tengan miedo al silencio porque de ahí nace el encuentro con el Padre”.

2.- Bien dice San Pablo: “No soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Nosotros somos templo de Cristo. No seamos esclavos de cosas que nos apartan de Dios.

3.- Una frase mía: “SOY LA GOTA DE LA VELA QUE LLORA Y QUE CAE Y BUSCA UN LUGAR DONDE DESCANSAR PARA SEGUIR HACIENDO BRILLAR ESA LUZ, QUE ES CRISTO”.

Para terminar, quiero desafiarles a que arriesguen su vida por Cristo, que es la Verdad. Vale la pena. Si llama a la puerta de tu corazón, déjalo entrar.

A ti joven, señorita, si estás animado o animada… ¡dile SÍ al Señor!

Hasta pronto.