Análisis

Rincón Vocacional: “La voluntad de Dios depende de “Dios”

Sé que la experiencia todavía es corta pero igualmente sé que está hecha de momentos inolvidables para este seminarista que quiere vivir arraigado en Cristo… 

Hola, comunidad en Cristo,

Con fe viva y muy animado para tratar de hacer la voluntad de Dios, quiero compartir en esta oportunidad otra experiencia de mi vida como seminarista.

Bueno, este año llevo el curso de 1ro de filosofía y lo tenía que realizar en Sucre, en el Seminario San Cristóbal. Pero por motivos de fuerza mayor tuve que viajar y ahora continúo mi formación en la ciudad de Cochabamba, en el Seminario Mayor San José. De mis primeras experiencias es de las que quiero contar ahora.

Llegué tarde a la incorporación en mi nueva casa de formación porque aquí empezaron el 5 de febrero pasado y mis comienzos fueron dos semanas después. Así que empecé el 23 de febrero con un recibimiento muy cariñoso. Ya estoy aquí un buen tiempo y diría que me ha servido de mucho porque me adapté rápido.

Para ser sincero también diré que me tuve que acostumbrar al ambiente de una comunidad Teológica, si vale el término, pues desde hace mucho no vienen a este Seminario alumnos de Filosofía. Es la razón por la que vivo esta realidad: convivir con compañeros que tienen más edad y más años de formación que yo. Ni se me pasó por mi cabeza estar, desde ¡ya!, en este Seminario. Soy un joven de 19 años que trato con personas que tienen entre 21 y 33 años. Sin duda, es un reto grande para poder fortalecer mi vocación descubriendo más metas a conseguir.

Sabemos que el objetivo de todo seminarista, en especial el mío, es llegar a ser servidor de la persona más maravillosa que ha existido en toda la historia de la humanidad: Cristo. Claro que cada seminarista tiene una perspectiva distinta de la que pienso yo, pero con el mismo objetivo.

Bien, sobre algunas actividades que también son distintas de las que yo solía realizar en Sucre puedo decir que son más estrictas. A ellas también hay que adecuarse. Nos ayuda la formación que aquí recibimos.

Sé que la experiencia todavía es corta, pero igualmente sé que está hecha de momentos inolvidables para este seminarista que quiere vivir arraigado en Cristo. Tomo las palabras de una de las Hermanas Misioneras de la Providencia, allá en Sucre, que pertenecen a mi parroquia. Un día me dijo: “eres el consagrado de Dios”.

Sin más, me despido con unas frases mías inspiradas por Cristo:

• “La vida siempre te trae sorpresas. Si son malas, afróntalas. Y si son buenas, acógelas y luego transmítelas”.

• “No te quedes en ese silencio de la soledad que te ahoga en un vaso de agua. Grita, pero grita fuerte y di que amas a Cristo y que eres testigo del misterio de nuestra Fe”.

• “Somos imagen y semejanza del Padre. No tenemos por qué avergonzarnos de pronunciarnos en su nombre. El santo padre, Papa Francisco, dijo: “Un cristiano no tiene que ser triste sino feliz… ¡Vayan contra corriente!”.

Ariel Cruz Gutiérrez, de la Diócesis de Sucre (seminarista en Cochabamba)