Análisis

Rincón Vocacional: “¡Enciende una luz!”

Y queriendo poner el corazón duro, el Señor nos gana. Siempre lo hace. Aprovecha tu débil corazón para llenarlo de su fuerza y te lanza a buscar algo inmensamente grande. 

¡Hola a todos los fieles seguidores del ciber-espacio a través de la tecnología! En esta ocasión para compartir la acción de la mano de Dios en cada uno de sus hijos, especialmente en aquellos a los que quiere llamar a una especial misión.

Hace unos días escuché una canción que resonaba constantemente en mi mente y mi corazón, que dice “… enciende una luz, hazla brillar, no la puedes esconder”. Muy apropiada para dirigir a los lectores en esta ocasión.

A menudo l@s jóvenes de hoy no quieren ser aludidos con una llamada directa. La respuesta siempre resuena con un ¿yo?, pero si yo soy… Y salen al encuentro una serie de adjetivos que se rezan para anunciar: ¡No!, el Señor no se fijaría en mí. Porque simplemente no cumplo las expectativas, es decir, no soy inteligente, no estoy preparado, qué voy a decir a la gente, soy una facha… Y queriendo poner el corazón duro, el Señor nos gana. Siempre lo hace. Aprovecha tu débil corazón para llenarlo de su fuerza y te lanza a buscar algo inmensamente grande.

Esto me recuerda el día en que yo vi a una hermana joven, muy sencilla, en la que siempre encontraba en su rostro una sonrisa, que no te exigía cambiar pero sí te invitaba y te contagiaba a vivir. La luz de su mirada me hizo cambiar, me hizo buscar lo que daba a conocer. Con su fragilidad un día inquietó mi corazón y solo sé que ya no volví a ser la misma.

Cuando buscaba ese algo misterioso, pero grande, todo el mundo estaba en su ruido de compras, siestas, fiestas. Los ruidos de cada día que solo ellos entendían. ¿Y yo? Confundida, buscando a alguien que no sabía quién, ni dónde encontrarle. Solo buscando en silencio y en el silencio me encontró porque yo no lo hice.

Y, ¿dónde quedaron nuestros miedos? Tan solo los escondió, los cubrió, dio vida a nuestra fragilidad para ser sus manos, sus labios, sus ojos, sus pies, su corazón y hacer palpable su presencia aquí y ahora.

Esta luz debes hacerla brillar. No la puedes esconder. Hay mucha necesidad de esa Luz en las calles y plazas, en las casas y escuelas, en las discotecas, en ti mismo. Cuando una luz se enciende, el corazón crece y aguarda una esperanza: el gran encuentro final con aquél que un día te dijo silenciosamente… ¡Ven y sígueme!

 

Maritza Romero Pallares
Consagrada secular, de votos temporales, en la familia del Instituto Secular Cruzada Evangélica Católica (ISCE), de fundación española y presente en Bolivia desde 1960.
http://www.cruzadaevangelica.com/