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Refugios a lo largo de frontera mexicana presionados por migrantes regresando de EE.UU.

(Saltillo / México) Gerardo Bueso, de 26 años de edad, ha sido deportado de Estados Unidos dos veces. Por tercera vez él está intentando entrar a Estados Unidos, donde trabajaba como jardinero.

“La economía (hondureña) es muy pobre, así que (migramos) para salir adelante”, dijo Bueso, quien nació en San Pedro Sula, Honduras, ciudad industrial que ahora se considera la capital mundial del asesinato.

Bueso está entre los más de un millón de inmigrantes deportados de Estados Unidos durante los últimos cinco años.

La ola de deportados ha presionado las ciudades fronterizas mexicanas, muchas de las cuales ya sufren la violencia del crimen organizado, y ha presionado los refugios de migrantes usados para servir a personas que van hacia el norte, no hacia el sur.

Alberto Xicoténcatl dirige un refugio para migrantes operado por católicos en Saltillo y trabaja estrechamente con colegas en los estados fronterizos Coahuila y Tamaulipas. Él dijo que están preocupados por la naturaleza desordenada de las deportaciones, con cientos de deportados llegando a un pueblo fronterizo un día y lo mismo sucediendo en otra localidad al día siguiente.

Los deportados son objetivos fáciles para las pandillas del crimen organizado que les roban lo poco que tienen. Muchos deportados se quedan en los pueblos fronterizos para nuevos intentos de entrar a Estados Unidos, dijo Xicoténcatl. Algunos migrantes vivieron en Estados Unidos tanto tiempo que tienen solamente lazos sueltos con las patrias que dejaron hace mucho tiempo.

“Hay personas que tienen todas sus familias en Estados Unidos y ya no se sienten mexicanas … porque ya no son mexicanas, por lo que quieren regresar (al norte)”, dijo Xicoténcatl.

Algunos de los llegados más recientes “quieren regresar a sus lugares de origen porque se dan cuenta de que Estados Unidos es muy difícil”, él añadió.

La hermana Leticia Gutiérrez, directora de Scalabrinianas: Misión Para Refugiados y Migrantes, dijo que las deportaciones separan familias: en muchos casos uno de los miembros es enviado al sur y los niños y otros parientes permanecen en Estados Unidos. Ella también dijo que a veces los miembros de la familia son separados y repatriados a través de múltiples puertos de entrada.

Un informe reciente de la Iniciativa Kino Para la Frontera, operada por jesuitas en Nogales, Arizona y Nogales, México, encontró que se las rupturas familiares durante la deportación son comunes, a pesar del objetivo de evitarlo declarado por el Departamento de Seguridad Nacional. Uno de cada cuatro deportados fue separado de un miembro de la familia inmediata durante el proceso de deportación, encontró una encuesta Kino.

La hermana Leticia se hizo eco de la preocupación de los administradores de refugios sobre lo impredecible de las deportaciones.

“La manera en que el gobierno estadounidense hace las deportaciones es muy arbitraria”, dijo la hermana Leticia.

A veces la vida en el lado mexicano de la frontera presenta problemas. La frontera de casi 2,000 millas es tranquila en lugares como Tijuana y plagada de violencia, crimen organizado y actividad de carteles de drogas más al este en Tamaulipas.

Los carteles a veces intentan reclutar a los recién deportados, dijo la hermana Leticia. Otras veces les roban o intentan extorsionar dinero de sus familiares en Estados Unidos.

“No hay ni una investigación sobre las condiciones de las comunidades que están recibiendo deportados”, dijo la hermana Leticia.

El impacto de las deportaciones a menudo se siente lejos de la frontera, especialmente cuando las olas de mexicanos llegan de regreso a sus comunidades de origen y no pueden ganar más que una fracción de lo que ganaban en Estados Unidos.

Algunos llegan con niños ciudadanos estadounidenses que están acostumbrados a la interacción y el aprendizaje en inglés y que en muchos casos carecen de los documentos necesarios para ser matriculados en las escuelas públicas mexicanas, dijo Ellen Calmus, directora del Proyecto El Rincón en Malinalco, México.

“Algunos de ellos tienen problemas de idioma, todos tienen problemas con una cultura escolar diferente”, explicó ella.

Muchos migrantes potenciales ahora se están quedando en México en vez de ir hacia el norte, reflejado en datos emitidos el año pasado por el Pew Hispanic Center mostrando que el número de mexicanos que regresaba (voluntariamente o no) superaba en número a los que salían.

Algunos se quedan porque es difícil y costoso cruzar la frontera; otros se quedan debido a las pobres perspectivas económicas en Estados Unidos.

Por David Agren