Internacional

Refugiados llegan ahora más que nunca

Esta semana se han batido todos los récords en llegada de refugiados a Europa. La explicación es sencilla: las rutas, aunque cada vez más largas y mortíferas, siguen abiertas. Los muros que Europa construye aún no están terminados, ni se ha puesto en marcha la operación para controlar militarmente la costa Libia. Los que huyen de las guerras saben que esta es una oportunidad única y el próximo tren tal vez les obligue a tomar aún más riesgos. Por eso aprovechan estas fechas. Es ahora o nunca porque medios legales para entrar, ni existen ni se esperan.

Hungría

Esta semana de los récords también es la evidencia de muchos fracasos. Fracasos locales, regionales y planetarios. La guerra civil en Siria, una de las mayores ‘fábricas’ de hacer refugiados de la historia, no deja de expulsar personas que huyen de la violencia. Más de cuatro millones de almas huyendo de los bombardeos de Asad o de las matanzas del Estado Islámico. Todos los agentes que deberían haber trabajado para detener el conflicto o no lo hicieron o contribuyeron a alimentarlo aún más. El resultado se palpa en las fronteras de Europa: En Hungría, cada día que pasa se baten las marcas del día anterior. 2.000 personas, la mayoría sirios, entraron el 25 de agosto. Al día siguiente eran 2.533. Hasta que la ruta se cierre con el muro que construye el gobierno de Viktor Orban en Hungría, intentarán pasar muchos más.

Islas griegas

Otra ruta peligrosa, pero aún posible es la de las islas griegas. Samos, Kos o Lesbos son accesibles desde la frontera turca en pequeñas lanchas. No están demasiado lejos, pero su mayor facilidad incrementa el precio para las mafias. 160.000 personas, más del 60% sirios, han llegado por esa vía desde enero hasta julio. Esta misma semana han llegado casi 25.000, nuevo récord. lo que supone casi la mitad de todos los llegados en 2014, cuando las patrulleras griegas recibían las órdenes del gobierno del ex primer ministro Samaras de impedir a esas embarcaciones que llegaran a suelo griego.

Libia

La tercera gran ruta abierta, la de Libia, también evidencia otro fracaso: el de estabilizar un país después de la revolución del 17 de febrero de 2011 contra Gadafi, apoyada desde el aire por los bombardeos de la OTAN. Hoy Libia es estado fallido, sucursal yihadista y sumidero de otros fracasos más antiguos, como el de Somalia, con 26 años de incansable guerra civil; como el de Eritrea, con un tercio de población en el exilio consecuencia de la última dictadura estalinista del África; como el de Sudán del Sur, que encadena conflictos étnicos y hambrunas desde los años 60, como Nigeria y su califato de Boko Haram; como la olvidada República Centroafricana, con sus matanzas religiosas que la misión de Naciones Unidas no es capaz de detener. Y qué decir de Irak o Afganistán.

Todos los conflictos africanos rebosan en la costa de Libia, en el territorio entre Zuwara y Misrata, donde los traficantes de personas, que ya han captado a sus víctimas en grandes nudos migratorios como Agadez (Níger), Tamanrasset (Argelia) o Jartúm (Sudán), estabulan a estas mismas personas como si fueran ganado en barcos de fortuna cada vez más sobrecargados a precio de crucero de lujo en el primer mundo. Más de 120.000 personas han llegado a Italia por esa vía, que también es la más mortífera. Hasta el momento se han dejado la vida en el Mediterráneo 2.373 almas, una cifra que quedará anticuada en unas horas con el naufragio de otro pesquero que se ha producido este jueves, con cientos de personas a bordo. Este miércoles, el buque Dignity I, fletado por Médicos Sin Fronteras, rescataba a 303 refugiados en un barco y encontraba a 52 muertos dentro de la bodega. Hasta este momento, la ONG ha salvado de morir en el mar a 11.482 personas.

Es verano y el buen tiempo facilita la navegación. Esa es otra de las razones de la llegada masiva de personas en esta ruta. Pero si la Unión Europea lleva a cabo su idea de bombardear en la costa libia las bases de las mafias, y la ruta queda cerrada, los refugiados de estos conflictos buscarían otra travesía, aunque fuera todavía más peligrosa. Es lo que llevan haciendo desde hace años. Actualmente Europa responde a esta realidad con muros: la reforzadísima valla de Melilla, el que construye Hungría, la muralla de alambre de espino que separa Grecia y Turquía en Erdine, la verja entre Bulgaria y Turquía en Lesovo…

En busca de nuevas rutas

Cada vez que se cierra una ruta, otra, más peligrosa que la anterior, se abre. Y actualmente hay 16 millones de personas huyendo de conflictos en todo el mundo según ACNUR, el récord absoluto. En los 90 llegaron las travesías migratorias de cayucos desde Mauritania y Senegal, luego las pateras en el estrecho, desde el año 2005 llevamos viendo saltos masivos en la valla de Melilla, ahora casi imposible de superar, recientemente vivimos la tragedia del Tarajal de Ceuta… Siempre hay otro lugar por el que viajar para los desesperados.

La costa de Túnez está muy controlada por su gobierno, igual que la de Egipto. Si se cierran Grecia, Libia y Hungría, ¿cuál será el siguiente camino hacia Europa?