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Reflexión dominical: Laudato si’, encíclica del papa Francisco

La novedad de esta semana en el ámbito religioso es la carta encíclica del Papa Francisco Laudato si’, cuyas primeras palabras dan nombre a la misma y proceden del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís: “Alabado seas, mi Señor”. El subtítulo nos indica el tema específico que aborda “Sobre el cuidado de la casa común”, refiriéndose a la hermana madre tierra y a los daños múltiples que ésta está sufriendo, hasta convertirse en un auténtico clamor que unido al de los pobres de la tierra sigue siendo motivo de preocupación y de atención urgente para el pontífice.

El papa ha elaborado una reflexión espléndida en la que repasa la complejidad de los temas vinculados con la crisis ecológica del planeta, analiza los problemas del mundo ecológico en diálogo abierto con todos, da la visión cristiana sobre los mismos y propone métodos educativos que permitan afrontarlos de manera comprometida. Por eso los ejes centrales de la misma la encíclica son «la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.» (16).

El Papa Francisco exhorta a todos, no sólo a los creyentes, a escuchar los clamores de la tierra explotada y saqueada. Llega a decir que “la tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería.” (21), y pide a todos una auténtica “conversión ecológica”, como decía San Juan Pablo II, que permita asumir el cuidado de la gran casa común que es el mundo.

En su apertura al diálogo con todos merece la pena mencionar el diálogo con el querido patriarca ecuménico Bartolomé a quien cita ampliamente (8-9), con las asociaciones o instituciones dedicadas a la ecología, con el mundo del pensamiento y de la ciencia, y con las demás religiones. Es de resaltar la referencia constante del papa a las distintas Conferencias Episcopales del mundo, que en múltiples ocasiones han afrontado esta problemática y han elaborado documentos valiosísimos sobre el tema.

Los seis capítulos de su contenido permiten conocer las aportaciones analíticas del problema a la luz de la Biblia, profundizando en las causas humanas del deterioro del universo y poniendo de relieve el antropocentrismo desviado que lo sustenta. La encíclica propone una «ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales» (137), inseparablemente vinculadas con la situación ambiental y exhorta a asumir la educación como medio privilegiado para afrontar los grandes desafíos del problema ecológico, sin descuidar la gran responsabilidad que de de forma diferenciada han de asumir los agentes sociales en los diferentes países de la tierra. El texto acaba con dos oraciones preciosas, y con el estribillo «Laudato si’», que enmarca toda la encíclica.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura