Análisis

Ramón Rocha Monroy : Un satélite de comunicaciones

En Bolivia se habla constantemente de incorporar las TICs a la educación superior, un tema sostenido en las 11 versiones de la universidad pública. Son las tecnologías de información y comunicación. Sin embargo, un tercio de la población boliviana no tiene acceso a estas tecnologías. Poner en primer plano a la población fue el primer criterio para seleccionar el satélite Túpac Katari, pues es también tentador otro satélite que nos informe acerca de nuestros recursos naturales.

“Quizá el pensar que el recurso humano es el más valioso de todos y que nuestros recursos naturales también son importantes que después del satélite de comunicaciones vamos a lanzar un satélite para observar estos recursos ha sido la decisión que ha inclinado la balanza”, dice el director ejecutivo de la Agencia Boliviana Espacial, Iván Gutiérrez en el último número de La Migraña.

El artículo 20 de la Constitución garantiza el acceso de todos los bolivianos a los servicios básicos de telecomunicaciones.

Había que priorizar lo primero sin descuidar lo segundo.

En lo simbólico, hoy Bolivia se hace presente en el espacio mediante un proyecto tecnológico, financiero y político para dar este servicio a la población tradicionalmente marginada de este derecho. Así lo ha destacado China, desde donde se lanzó el satélite y donde se capacita gente para su control y mantenimiento. Y que se llame Túpac Katari y haya retornado desde lo más profundo de nuestra historia libertaria y beneficie a millones de personas, hace realidad su dicho póstumo: “Volveré y seré millones”. El segundo satélite se llamará como su esposa, Bartolina Sisa.

Iván Zambrana destaca que el programa no surgió de la nada, porque Bolivia tiene una apreciable tecnología. “Por ejemplo, tenemos en Cochabamba empresas que exportan software, hemos tenido hace unos años en El Alto empresas que exportaban máquinas bordadoras computarizadas, hace dos semanas ha hecho su vuelo inaugural una avioneta fabricada en Oruro”.

Hay tecnología pero no competitividad en la industria por la magnitud de algunos países, como China. Sin embargo, en las telecomunicaciones, un tercio de la población ha de tener gradualmente acceso a tecnologías de la comunicación y la información y oportunidades de las cuales habían sido excluidos. Ese es el sentido democrático del satélite Túpac Katari.

La tecnología satelital no es nuestra, pero el satélite significa ya no comprar servicios de otros países ni generar empleos muy bien pagados en ellos. Ese es dinero que se quedará en el país, donde se generarán fuentes de empleo de alta tecnología. Hasta hoy, Bolivia dependió en principio de los servicios de una cooperativa internacional llamada Intelsat (el servicio satelital tiene unos 65 años); pero en los 90 Intelsat se privatizó y surgieron varias empresas privadas transnacionales, a las cuales comprábamos servicios. Cuando entre en servicio nuestro satélite, seguiremos comprando servicios pero en una cantidad mínima. No se puede orientar las antenas hacia nuestro satélite de un momento a otro. “Hay miles de estaciones en todo el país y hay que ir a cada estación a mover la antena y eso va a llevar este año, supongo”.

Para empezar, Entel, Viva y Tigo se van a incorporar al Túpac Katari.

Entre los beneficios, basta pensar “qué haríamos sin celular, sin televisión, sin internet, ya no sabemos vivir sin eso y para la gente que está viviendo sin eso tener acceso a estas cosas le va a ser un cambio, un cambio de vida literalmente.” Baste mencionar tres servicios: telefonía, internet y televisión, que llegarán al área rural a cualquier persona que los necesite.

El autor es cronista de la ciudad