Cochabamba

“¿Quién podrá separarnos del amor de Dios? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?

Mensaje a la Vida Consagrada en Bolivia

“¿Quién podrá separarnos del amor de Dios? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?…ni lo alto ni lo profundo, ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor”. (Rom 8, 35, 39)

Reciban un saludo fraterno a nombre de la Junta Directiva Nacional y a nombre de los equipos regionales con quienes nos hemos reunido el 2 de abril para conversar sobre lo que vivimos en este tiempo y cómo responder a los desafíos y clamores que escuchamos desde cada lugar de Bolivia.  La humanidad está aquejada por una pandemia que también nos ha tocado, sumiéndonos en días de perplejidad, miedo, angustia, ansiedad y temor por la propia vida, pero sabemos que un día esto dejará de condicionarnos como hasta ahora, y podremos seguir sirviendo al Pueblo de Dios allí donde estamos y compartir las alegrías y esperanzas, el dolor y sufrimientos de nuestras hermanas y hermanos en Bolivia.

Estamos preocupadas-os, confiamos no angustiadas-os, por lo que sucede con la pandemia del coronavirus porque puede costar vidas, como ya lo ha hecho aquí en nuestra tierra como en el resto del mundo, sintiéndonos parte de la fragilidad y fortaleza de esta humanidad que estaba muy confiada en sí misma.

Esta situación ha cambiado el ritmo de nuestra vida, a momentos inhumano, en que estábamos con sobrecargas, para aquel tiempo tan normal y necesario. Ella está provocando un tiempo de parar forzado y solidario, pero no puede ser sin más un tiempo para cuidar la salud propia y de quienes tenemos cerca, sino también una tiempo oportuno-propicio, como lo es la cuaresma, para un cambio en nuestro modo de vivir.

Este cambio de modo de vivir puede ir de la mano de reaprender a vivir la sencillez del día a día, esa cotidianidad que la pasábamos de largo por nuestros afanes. Este cambio puede ayudarnos a re-encontrarnos con las personas de casa y encantarnos con ellas y ellos, o hacer ajustes en nuestras relaciones o recordar qué nos une. Este cambio puede ayudarnos a purificar nuestra presencia en los medios en los que estamos sirviendo y ver si nuestro camino a los pobres está marcado por los criterios del Evangelio. Este cambio puede hacer que re-encontremos a Jesús en el silencio y en el sufrimiento de quienes están contaminados por la pandemia o quienes pasan hambre y privaciones porque tienen que vivir de lo que consiguen en el día a día.

En medio de este tiempo que no sabemos cuándo terminará, nos toca animarnos mutuamente, para favorecer nuestra creatividad, para valorar las iniciativas caseras y los momentos gratuitos en casa, en las compras del mercado con nuestras vecinas y vecinos, o en medio del servicio generoso y valiente que siguen haciendo religiosas y religiosos atendiendo comedores, hospitales, llamadas telefónicas o enfermas o enfermos en sus casas, ancianos, personas que viven en la calle. Desde nuestra fragilidad y limitación podemos ser creativas-os y seguir de píe en solidaridad con tantas personas y organismos (Cáritas) que siguen sosteniendo a otras-os o sacudiéndonos de nuestras parálisis por los miedos para escuchar las necesidades de quienes están cerca o de quienes nos llamen por teléfono. Podemos serle útil al Pueblo de Dios animándole de palabra o con gestos fraternos según nuestras posibilidades.

Les animamos a que las regionales se contacten constantemente, se pregunten cómo están y animen a sus vecinos y sean buena presencia cuando salgan según las restricciones. Animemos a las-os más posibles con lo que podamos y alentemos a que cada familia celebre o participe de las celebraciones de Semana Santa sabiendo que podemos dejar en Jesucristo nuestro dolor y esperar que Él lo reciba y transforme en esperanza y alegría para seguir viviendo y sirviendo desde nuestros carismas y presencias en estas tierras benditas del Dios de la Vida.

Nuestra oración y solidaridad con quienes fueron contaminados y sus familias. Nuestra plegaria y solidaridad con las jurisdicciones que tienen hermanos nuestros afectados por esta pandemia. Nuestra oración y solidaridad activa con quienes sufren carencias de alimento, de refugio, escucha, atención y afecto en este tiempo.

Reciban un abrazo por Pascuas de Resurrección en este año en que nuestros días de Pasión serán distintos y nos obligarán a abrazar con más fuerza nuestra cruz y abrazar las cruces de nuestras hermanas y hermanos con más sentido de solidaridad que en otros tiempos.

Junta Directiva Nacional y Juntas Regionales

Fuente: CBR Nacional