Análisis

¿QUÉ NOS DIRÍA HOY EL P. GREGORIO IRIARTE?

El día 11 de octubre es el cabo de año de la partida del P. Gregorio Iriarte, OMI a  la casa del Padre. Después de un año todavía permanece vivo el  recuerdo de su figura de gran defensor de los derechos humanos, un experto y comunicador de la situación económica y social de Bolivia, un profeta de la justicia, un pedagogo, un gran cristiano.

Pero ¿qué nos diría hoy Gregorio si todavía viviera entre nosotros?

Seguramente hubiera publicado una nueva edición de su Análisis crítico de la realidad  y nos hubiera dicho que el país vive un momento de bonanza económica, ha mejorado la macroeconomía, se ha reducido la extrema pobreza, se ha iniciado la industrialización petrolera, se ha renovado la infraestructura educativa, sanitaria, vial y deportiva, ha crecido el número de celulares y de usuarios de internet… Sin embargo persiste todavía el abismo de la desigualdad entre sectores ricos y pobres,  Bolivia todavía está muy atrás en el ranking de capital humano dentro de Sudamérica.

Pero junto a esto, seguramente denunciaría el aumento de la confrontación y de la violencia desde las esferas del gobierno que criminalizan a los que disienten del pensamiento único, hasta las agresiones a la mujer dentro de la familia, pasando por los linchamientos populares y los bloqueos de carreteras por cualquier motivo. Se maravillaría de la fuerza del narcotráfico que llega ahora hasta vender drogas en las escuelas, criticaría la corrupción en todos los niveles, la retardación de la justicia y la impunidad, el hacinamiento de las cárceles, el secuestro y trata de personas, los numerosos embarazos de adolescentes, el aumento de incendios forestales, la inseguridad ciudadana, los constantes accidentes mortales en las carreteras, la falta de información objetiva y el uso de medias verdades, la polarización del país, etc.

Seguramente nos diría que no sólo se vive de pan y progreso, que estamos ante una crisis de valores no solo cristianos sino humanos y tradicionales, que estamos perdiendo  humanidad, respeto a las personas y a la naturaleza, que estamos imitando lo peor de los países desarrollados del imperialismo neoliberal que tanto criticamos,  que parece que hemos perdido el rumbo, que esta escalada de violencia nos puede autodestruir, que de nada sirve ganar el mundo y progresar económicamente si perdemos lo más importante  que es el respeto a la vida, el amor, la libertad, la solidaridad, la paz y armonía entre nosotros y con la naturaleza.
 
Gregorio nos exhortaría hoy a una educación en valores humanos, a través de la familia, la escuela, la universidad y las Iglesias, como base mínima para una convivencia pacífica y nos animaría a una conversión ética personal y colectiva, sin  perder nunca la esperanza que es una virtud tanto humana como cristiana.

Que el recuerdo y el testimonio de la vida de Gregorio nos impulsen a seguir su camino de promoción de los derechos humanos, defensa de la justicia y del bien común y de educación en valores.

Gregorio: añoramos tu voz profética, tu humanismo, tu sagacidad política, tu valentía, tu sentido del humor, tu bondad. Y tu último mensaje: Dios nunca castiga, siempre perdona.