Beni

¿Qué es la Octava de Pascua? nos lo explica mons. Julio María Montoya

Con el Domingo de la Resurrección del Señor hemos iniciado una semana en la que vivimos “hoy, el Señor resucitó”.
Los días de la octava de Pascua, que finalizará con el actual Domingo de la Divina Misericordia, no son tiempo pascual, sino, tal como se dice en la Plegaria Eucarística II, “el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo”. De ahí que nuestra Madre y Maestra, la Iglesia, nos ha puesto para cada uno de estos días, en la Celebración eucarística, una de las apariciones de Jesús resucitado:

  • – Lunes de la Octava de Pascua: Aparición a las mujeres (Mateo 28, 8-15).
  •  Martes de la Octava de Pascua: Aparición a María Magdalena (Juan 20, 11-18).
  • – Miércoles de la Octava de Pascua: Aparición a los dos discípulos de camino a Emaús (Lucas 24, 13-35).
  • – Jueves de la Octava de Pascua: Aparición a los discípulos reunidos en el Cenáculo (Lucas 24, 35-48).
  • – Viernes de la Octava de Pascua: Aparición a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades (Juan 21, 1-14).
  • – Sábado de la Octava de Pascua: Aparición a los once mientras estaban comiendo (Marcos 16, 9-15).
  • – Domingo II de Pascua: Aparición a los discípulos, estando con ellos Tomás, a los ocho días de su resurrección.

En estos días de la Octava de Pascua, la Iglesia nos pone, tanto en la Liturgia de las horas como en la Eucaristía, el versículo: “este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él” (Salmo 117, 1.14-16.18-21). Y de nuestro corazón exultante de gozo brota el canto: “Hoy el Señor resucitó y de la muerte nos libró. Alegría y paz, hermanos, que el Señor resucitó”.

Finalizo este comentario, manifestándoles que el II Domingo de Pascua, con el que se concluye ” este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado” para entrar en “este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua ha sido inmolado”, San Juan Pablo II lo declaró Domingo de la Divina Misericordia, porque “este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Julio María Montoya

Vicario Apostólico emérito del Beni

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