Análisis

¿POR QUÉ OCTUBRE ES SIEMPRE TURBULENTO?

La breve historia de estas últimas semanas está marcada por hechos que quedarán escritos en la historia boliviana de este principio de siglo. Me referiré tan sólo a dos hechos, porque son insoslayables. El primero, obligatorio, es la marcha del TIPNIS, y su “día después” (por cierto que los angloparlantes dan a esta expresión un tono tabernario). El otro asunto serán las elecciones judiciales llevadas a cabo el pasado domingo 16 de Octubre.

Para empezar la cuestión del TIPNIS – nobleza obliga a reconocer que el Presidente después de una resistencia numantina a las demandas de los indígenas, a las 11 de la mañana del pasado viernes, al fin cedió a la demanda de los orientales. La cuestionada carretera se construirá fuera del área del Parque Isiboro-Sécure. Lo demás, ya veremos cómo va resultando. Pero vale la pena contar algunos episodios del conflicto.

Entre los hechos que llamaron la atención acerca de la marcha de los indígenas del Parque Nacional, fue la convicción profunda y la resistencia heroica, no sólo a las inclemencias del camino sino también a la agresión violenta de la fuerza pública enviada por el gobierno para detener la marcha, y llevarse a un grupo de indígenas como “prisioneros de guerra”.

Los indígenas y el Sr. Presidente discurrieron por vías paralelas y tal cual nos enseñaron en la escuela, esas líneas nunca se encuentran. Los originarios caminaban hacia el Palacio de Gobierno, mientras que su inquilino de turno se entretenía en discursos, guirnaldas y otros divertimientos, con el pretexto de que no podía recibir a los fatigados caminantes porque el Palacio estaba en plena refacción. El atento observador opina que la refacción no la requiere el bien proporcionado edificio presidencial de la Plaza Murillo sino el gobierno en pleno. Por fin, el viernes 21, al día siguiente de la fiesta de Nuestra Señora de La  Paz, los indígenas de tierras bajas y el indígena altiplánico se encontraron.

El otro episodio digno de tenerse en cuenta fue el combate del pasado miércoles a tiro limpio entre narcotraficantes y policías, precisamente en la zona del TIPNIS. Lo que confirma que el Parque Nacional no fue ocupado por mucho tiempo por cándidos hortelanos de alcachofas y coliflores, sino por la gentuza que cultiva y trafica con la perniciosa “hoja sagrada”, destinada a la droga. Razón tenía la multitud que recibía con aplausos a los marchistas y repetía el estribillo de “TIPNIS sí, coca no”. Por su parte el novel ministro de Gobierno, siguiendo algunos malos hábitos de su predecesor, calificó a los marchistas de “ebrios”. Mejor hubiese hecho extremando la vigilancia de la alcoholemia de los choferes que cada dos por tres son responsables de víctimas mortales en las desatendidas carreteras del país.

Total, que el conflicto apunta a una solución negociada, en la que la población civil ha cooperado al dar su apoyo a los marchistas y en contra del gobierno que no atinaba a comprender a las fuerzas emergentes de los “indignados”.

Pasaré como gato por brasas a las elecciones judiciales. A la moda de los antiguos doctorcitos chuquisaqueños se discute si la consulta nacional fue convocada con nobles propósitos estrictamente judiciales, y que los malos de la película la utilizan como un ariete político opositor. La verdad pura y simple es que esas elecciones tuvieron el propósito de investir la toga magistral a los ciudadanos fieles al gobierno. ¡Poder, más poder, todo el poder! El barniz jurídico que se les quiere dar es un mal disfraz del gran carnaval político.  Y concluyo. En el curso de las dos batallas aquí indicadas, el más apaleado fue el Señor Presidente.