Análisis

PIRATERÍA URBANÍSTICA

Estoy seguro de que Ud. amigo lector que vive en el barrio sur o en la ladera este de la muy noble y muy leal ciudad de Nuestra Señora de La Paz, se sorprendería si un día se despertara como vecino de los villorrios de Achocalla, Palca o Mecapaca, porque los muy honorables señores alcaldes de dichas localidades rurales se habían posesionado por arte de birlibirloque como burgomaestres de la zona en que Ud. vive y se desenvuelve.

Pues esto es lo que pretenden los alcaldes mencionados: ampliar el término municipal de su pueblo, a costa de unos barrios modernos y dinámica como son los de la zona sur -incluido el sector gastronómico de Las Cholas, por supuesto-  así, como sin querer queriendo, embolsar los abundantes impuestos que pagan los vecinos de aquellas áreas de gente acomodada y otras zonas en plena actividad y desarrollo. Y todo esto, sin haber hecho ningún mérito más que hacerle la vida imposible al alcalde paceño, Luis Revilla por no pertenecer al MAS.

Los promotores más interesados en esta operación de piratería urbanística son los loteadores, ansiosos por ocupar terrenos ajenos y negociar con ellos, con la ayuda subterránea de algunos funcionarios venales de Derechos Reales. Da la casualidad de que, así como ha reaparecido la piratería en los mares de Somalia y de Togo, así también progresan los piratas terrestres conocidos como loteadores. El servicio de identificación personal de la policía debería publicas sus fotografías en las que aparecieran con un tricornio resudado, un parche en el ojo izquierdo y una pata de palo. Al pie de esos retratos estaría la leyenda de “buscado”.

La realidad es que en todo el mundo, las ciudades crecen sin poder detenerlo. El propio crecimiento vegetativo, más la inmigración de la zonas campesinas sea por su falta de servicios o por la pobreza de la tierra, arroja a sus habitantes hacia las concentraciones urbanas. La gran ciudad deslumbra al campesino y le promete trabajo y prosperidad, cosa que no siempre ocurre y entonces se forman los barrios marginales de las “villas miseria”. Este crecimiento no planificado, se produce no sólo en las grandes unidades urbanísticas sino también en las poblaciones secundarias y pequeñas. La conurbación crea problemas diferentes; uno es el que está ocurriendo en La Paz en donde las unidades periféricas pretenden absorber barrios de la Sede de Gobierno y circunscribirlos en los términos municipales de los villorrios cercanos. La otra versión más racional es la de organizar mancomunidades conformadas por la integración de varias ciudades en un solo sistema administrativo diversificado, con el fin de aprovechar mejor las oportunidades de cada unidad urbana, sin que ninguna de ellas pierda su propia personalidad y fisonomía, con lo cual se facilita la organización del territorio así como la planificación ordenada del crecimiento. Se sobrentiende que cada una de las unidades periféricas conserva su espacio propio y tiene sus propias autoridades y recursos económicos, en coordinación con las otras.

Se dirá que la formación de mancomunidades es tan compleja que es preferible que cada conjunto urbano crezca como quiera. Pero ésta es la solución por el desastre.