Análisis

PERIODISTAS Y PERIODISTAS

Es difícil entender cómo algunos periodistas y comunicadores que pasaron por las aulas universitarias para conocer, aplicar y valorar el ejercicio de la comunicación y la información de forma científica y ética, hoy en día, desarrollen acciones antiperiodísticas, como el manejo intencionado de dañar la imagen de personas e instituciones, aprovechando sus cargos de jefes de prensa o editores en algunos medios de comunicación social, particularmente, en la televisión local de Cochabamba.

Hace un par de semanas, sucedieron dos casos que me llamaron la atención y particularmente me dejan preocupado porque, a pesar de que se deben a la sociedad, los medios de comunicación social, no están cumpliendo ese rol profesional de servicio de información y comunicación.

El primero, una periodista joven que trabaja en un canal de televisión local, recién titulada en ciencias de la comunicación social de una universidad también local, realizó una pseudo nota periodística sobre un hecho aislado del interés social de la información que requiere la comunidad, ya que el caso se trataba de una conversación entre dos personas que se conocen y que una de ellas pretendía solicitar apoyo para una compañera del gremio, y la otra, una funcionaria pública que intentaba cumplir su rol de servidor público.

¿Cuál es el hecho informativo?, ninguno, simplemente la periodista valoró que dicho suceso carecía de valor informativo, sin embargo, recibió una llamada telefónica de su jefe de prensa, quien le “obligó” a realizar y convertir dicho suceso en una nota periodística. Peor aún, cuando la periodista joven procesó la información del hecho, el contenido de la misma a la hora de emitirla públicamente fue cambiado el enfoque por el propio jefe de prensa convirtiendo la misma en una nota sensacionalista, subjetiva y dirigida a dañar la imagen de una de las partes que participó del hecho.

El segundo caso también tiene que ver con otra periodista joven de otro canal local, quien cubrió un hecho que efectivamente requería ser cubierto y hacer el procesamiento respectivo de la nota, sin embargo, en el momento de editar la misma, su jefe de prensa modificó el contenido de la misma aún en contra de la voluntad de la periodista, ya que ésta se habría negado a procesar dicha información con datos que ella no obtuvo del suceso. Empero como el “jefe de prensa es el jefe de prensa”, la nota salió públicamente por ese medio local dañando la imagen de otra institución local.

En ambos casos, se trata de dos periodistas jóvenes que intentan hacer su trabajo lo más profesional y científicamente posible, ya que su formación en la universidad les ha dado suficientes herramientas para desarrollar un trabajo periodístico objetivo, imparcial y transparente, sin embargo, son absorbidos por los intereses “ocultos” de sus jefes de prensa, quienes son –también– en ambos casos formados en las universidades, empero, obligan a sus colegas jóvenes a “prostituir” este loable servicio de la comunicación y la información.

Esos mal llamados “jefes de prensa”, que aprovechan su cargo para distorsionar la profesionalidad de los periodistas y comunicadores jóvenes, deben cambiar de conducta, ya que la sociedad y los propios periodistas a quienes “obligan” a realizar conductas antiperiodísticas los juzgarán y los denunciarán en su momento.
 
El autor es presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Bolivia