Análisis

Pedro Trevijano: “Brujería, Inquisición, tribunales civiles y aborto”

El 9 de noviembre de 1610 fueron quemadas en Logroño por brujería seis personas, más cinco en efigie. Desde hace varios años este hecho se conmemora o celebra con una serie de actos en cuyo trasfondo está el anticlericalismo y el recordar qué mala fue la Inquisición y son los curas.

Ahora bien, en Historia hay un principio que dice que no se debe juzgar una época con los criterios de otra, y como los tribunales civiles de los demás países también perseguían la brujería, la pregunta que hay que hacerse es: ¿cuál de las dos jurisdicciones fue más civilizada o, si se quiere, menos salvaje? Porque da la impresión que el monopolio de la barbarie lo tuvo la Inquisición. ¿Es eso verdad?

Ante todo, hay un problema de métodos. Todo el mundo sabe que la Inquisición empleaba la tortura, pero también, aunque sea menos sabido, los tribunales civiles. El historiador norteamericano H.C. Lea, en su gran obra sobre la Inquisición española, escribe: “El sistema era cruel en la teoría y en la práctica, pero el Santo Oficio no era el responsable de su implantación, y, por lo regular, se mostraba bastante menos cruento en la práctica que las autoridades civiles. Precisamente la Inquisición se limitaba al uso de unos pocos métodos reconocidos”.

Hay otro problema muy importante: el número de víctimas. Aquí la Inquisición pierde, o gana según se mire, por goleada. Los historiadores calculan en menos de cinco mil las víctimas de la Inquisición por todos los delitos (una sola sería bastante, pero recordemos que estamos en otra época). En este punto voy a seguir el libro La Sorcellerie, de Jean Palou, nº 756 de la colección Que-sais-je? En este libro España se la liquida así: “España. País donde la brujería es competencia de la Inquisición, hay que señalar pocos procesos, exceptuado el de Logroño donde seis brujos son quemados en 1610”. ¿Y qué pasaba en los demás países?

Francia. El proceso de Logroño fue una ramificación del proceso de Burdeos. Allí el juez De Lancre envió a la hoguera en el país vasco francés a quinientas personas, entre ellas numerosas jovencitas y niños (p. 65). En Lorena, el juez N. Rémy (+1612) envió a la hoguera a tres mil personas (p. 64). El juez Henri Boguet (+1619) ejecutó a seiscientos brujos. La última ejecución en Francia fue en 1718 (p. 107).

Alemania. La Brujería y su implacable represión alcanzaron allí proporciones como en ninguna otra parte. Se puede calcular la cifra de víctimas en más de treinta mil desde comienzos del siglo XVI hasta el fin del siglo XVIII (p.68).

Inglaterra. El primer estatuto contra la Brujería data de 1541, y las primeras ejecuciones suceden en el reinado de Isabel I (p. 71), rebrotando la persecución en tiempos del dictador Cromwell (p. 82).

En Estados Unidos, todavía colonia de Inglaterra, el proceso de Salem, con 19 ejecuciones, fue en 1692 (p. 88).

No fueron éstos los únicos países afectados, pues hubo ejecuciones en otros, como Suecia y Rusia.

Los datos que vienen a continuación los he tomado del libro de G. Hennigsen, historiador protestante danés: El abogado de las brujas. En España, después del proceso de Logroño, el inquisidor Alonso de Salazar Frías inició en 1612 su investigación, que le convenció de la inocencia de las brujas. Gracias al apoyo que encontró en la Inquisición de Madrid, en España cesó la persecución de brujas, aunque todavía se derramó sangre como las ocho personas quemadas por las autoridades civiles de Pancorbo (Burgos) en 1621. Peor todavía fue lo sucedido en Cataluña entre 1616 y 1619, donde las autoridades civiles ahorcaron a trescientos brujos y brujas, antes de que la Inquisición lograse imponer su jurisdicción (pp. 341-342 de la primera edición de Alianza Editorial; pp. 450 de la segunda, subvencionada por el Ayuntamiento de Logroño). Es decir, comparada con algunos países, la Inquisición mató a menos gente por todos los delitos que esas naciones sólo por el delito de brujería. Por cierto, Hennigsen dedica su libro: “A la memoria de D. Alonso de Salazar Frías, inquisidor y humanista español”.

Viendo estos datos podemos quedarnos con la satisfacción de que actualmente estamos más civilizados. Pero cuando uno recuerda que cada año en España hay más de cien mil abortos provocados, y que éstos no se consideran un crimen, ni siquiera un delito, sino un derecho de la mujer, creo que un hombre del siglo XVII tendría toda la razón para pensar que en el siglo XXI los españoles son mucho más brutos y menos civilizados y que desde luego respetan menos la vida humana de lo que la respetaban ellos.