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#PapaenBolivia Cuando la buena gente sirve y ayuda con una sonrisa cariñosa

Durante la mañana del pasado día miércoles, día en que Papa Francisco aterrizó en El Alto, jóvenes seminaristas del país y voluntarios fueron llegando al Colegio de La Santa Cruz, a los ambientes preparados para la corta estadía que les permitiría vivir los encuentros con el Pontífice en los días siguientes.

Este Colegio pertenece a la Parroquia del mismo nombre, ubicada en las inmediaciones del Cristo Redentor, en Santa Cruz de la Sierra, lugar que acogió la Solemne Eucaristía que el Papa presidió el día jueves junto a sus hermanos Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas y los miles de ciudadanos que allí acudieron, tal y como nos informan los medios de comunicación.

Es de destacar el excelente trato que mostraron las personas encargadas de inscribir y dar alojamiento en las aulas del Centro a los jóvenes viajeros, comenzando por su Directora que se prodigó en atenciones y buen hacer.

Es cierto que en todo momento se les solicitaba desde un vaso de agua hasta cómo conseguir llegar a éste u otro lugar de la ciudad. Y su respuesta siempre estuvo acompañada de una amplia y cariñosa sonrisa.

Estamos seguros de que fueron horas de harto cansancio para este equipo de esforzados voluntarios que, seguro, todavía estarán limpiando ambientes de su hermoso Colegio.

Lo mismo debemos decir de quienes acogieron en la mañana del día jueves, a los sacerdotes, diáconos y seminaristas que se preparaban para celebrar la gran Eucaristía ya citada. Esta vez fue en el mismo templo parroquial de La Santa Cruz, que causó admiración por su belleza y amplitud.

Al llegar al templo, en la fría madrugada cruceña, no faltaron los medios necesarios para colocar ordenadamente la ropa y vestiduras litúrgicas de los participantes. Y no faltaron tampoco un rico y calentito desayuno así como un apetecible almuerzo al terminar la celebración.

Gracias por tan buena organización y por esas sonrisas cariñosas y buen humor que, al fin, son el mejor testimonio de lo que Papa Francisco nos pide continuamente: llevar a todos la alegría del Evangelio. Y lo mejor es hacerlo con actitudes y gestos sencillos y sinceros.