Análisis

P. Pedro Rentería: “¡Deseo morir!”

Unidos, no a la división

De la serie: “A ti, joven campesino”

Aparte del virus SARS-Cov-2, también nos afecta el virus de la división, de la incomprensión mutua, de la falta de comunicación, del puro desencuentro, de la exclusión. Familias divididas, pueblos divididos…”

No hace muchos días alguien conocido llegó a decirme esas dos tremendas palabras del título que hoy me he atrevido a colocar en esta columna.

Duras palabras que me hicieron pensar. ¿A quién no?

No quiero asustarte, joven amiguito del hogar-internado, que siempre lees estos artículos. Vivimos tiempos recios, llenos de desasosiego en muchos aspectos de nuestra historia personal y comunitaria, incluso más allá de la pandemia que aún nos envuelve.

Aparte del virus SARS-Cov-2, también nos afecta el virus de la división, de la incomprensión mutua, de la falta de comunicación, del puro desencuentro, de la exclusión. Familias divididas, pueblos divididos, países donde la reconciliación es una quimera. Hermanos peleados, ciudadanos sospechando unos de otros… En fin, todo un lamentable espectáculo que tú, changuito, como me has dicho, contemplas con pesadumbre. Y hasta eres capaz de entender que es un desafío para tu futuro profesional -cuando seas adulto- en el que intentarás otras maneras, otras formas de relacionarte y de construir rincones de acercamiento, diálogo, escucha atenta y colaboración generosa para llegar a buenos resultados.

¡Qué bonita me muestras tu adolescencia! ¡Cuánta sensatez en tus pocos años! A tu edad te cuesta compartir lo que piensas, pero cuando haces hablar al corazón, los educadores afinamos los oídos y nos sentimos aprendices en el benéfico taller de tu experiencia.

No llegué a saber por qué aquel “alguien” desea morir. Puedo suponer que fue más una exageración en momentos de confiada y breve conversación. Pero no dudo de que es el querer, triste y famélico, de muchos. Para tiempos recios, con desasosiego -insisto-, para tiempos de miedo y hasta desesperación, la hermana muerte, como la llamaba San Francisco de Asís, constituye amarga salida.

Cuántas veces he aconsejado huir de pensamientos que nos dañan. El respeto a la vida es urgente y necesario. Desde la Fe, desde la confianza en Dios, el abandono en su Amor, en su cuidado cariñoso, es primordial. En sus manos encontramos un refugio, una alternativa, una muralla inexpugnable, difícil de avasallar por los fantasmas de la decepción, de la desilusión o de los errores propios y ajenos.

La confianza del corazón esclarece muchas dificultades. Es la confianza que nos regala el familiar, el amigo, el compañero… quien nos sepa escuchar. Quien nos quiera de verdad, sin mentiras, envidias o rivalidades. Su consejo, su calor, su amistad, nos salvará de agujeros negros que pretenden engullirnos. Así que confía, chaval, y en medio de los apuros da siempre un paso al frente.

Hay mucho qué hacer. Muchos sueños para cumplir. Mucha gente a quien apoyar y querer. Ningún virus destruirá nuestro ardor y constante empeño. No lo dudes. Contamos contigo, changuito”.

Que sepas que desde 2003, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), promueve cada 10 de septiembre el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con el propósito de concientizar que el suicidio puede prevenirse (laoctavabo.com).

Desgraciadamente, es una realidad muy presente en vuestras edades. Por eso te pido que conserves y divulgues tu sensatez, que más arriba indico. Todo ese tesoro de iniciativas, ocurrencias, oportunidades bien aprovechadas, disciplina seria en tu formación humanística y técnica; todo lo que te ayude a madurar, junto con la dinámica de la Fe que aprendes en el hogar-internado, llenará tu vida, la dará horizontes lindos y serás un buen constructor de fraternidad, que urgentemente necesitamos.

Hay mucho qué hacer. Muchos sueños para cumplir. Mucha gente a quien apoyar y querer. Ningún virus destruirá nuestro ardor y constante empeño. No lo dudes. Contamos contigo, changuito.

Contamos con usted, adulto que lee estas líneas.

¡Ningún virus!

 

(P. Pedro es Comunicador Pastoral)

[Imagen: catholic-link.com]