Análisis

P. Miguel Manzanera: Venerable Virginia Blanco camino a la Santidad

Una buena noticia que alegrará a muchas personas es la comunicación de que la Sierva de Dios, Virginia Blanco Tardío, fue proclamada “Venerable” el 22 de enero de 2015. En esa fecha se dio a conocer el Decreto emitido en lengua latina por la Congregación de las Causas de los Santos y firmado su Prefecto, Cardenal Ángel Amato, por el que el Papa Francisco declara: “Consta que la Sierva de Dios, Virginia Blanco Tardío, Laica Cristiana, ejerció en grado heroico las virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad hacia Dios y hacia el próximo, así como las virtudes cardinales Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza y otras virtudes anexas”.

A continuación hacemos una breve síntesis de este documento destacando algunos aspectos más relevantes y edificantes de la persona y la vida de la Venerable Virginia Blanco. El Decreto se inicia con una cita bíblica: “Por lo demás, hermanos, alegraos y tended a la perfección, animaos unos a otros, tened los mismos sentimientos, vivid en paz y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros” (2 Co 13, 11).

Esta cita del apóstol Pablo ha sido elegida porque refleja la espiritualidad de Virginia Blanco Tardío, como modelo de mujer laica, consagrada a Cristo y a su Iglesia y totalmente dedicada a la evangelización, a la asistencia a los pobres y enfermos y a la promoción humana, en un camino espiritual en el que manifestó también una visión clara de la mujer y de sus valores específicos.

Virginia nació el 18 de abril de 1916 en Cochabamba, Bolivia, segunda de cuatro hijas. Pertenecía a una clase social pudiente. Desde niña recibió una sólida formación humana y espiritual que luego profundizó y confirmó siendo alumna en el Colegio Irlandés, dirigido por las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. En ese tiempo sintió las señales de vocación a la vida religiosa, pero no pudo realizarla por su frágil salud.

Como laica consagrada se incorporó a la Acción Católica, asociación especialmente comprometida en defensa de la fe y de la moral cristiana. Dentro de ese movimiento Virginia se dedicó en cuerpo y alma, sobresaliendo en virtud y obras, llegando a ser presidenta de la rama juvenil y luego de la de las mujeres. A esa misión consagró prácticamente toda su vida, por lo que el Papa Pío XII la llamó “Apóstol de la Acción Católica”.

Virginia se dedicó con entusiasmo a evangelizar en la catequesis que explicaba al pueblo, en lengua española y en quechua, tanto en el ámbito rural como en el urbano. Durante más de cuarenta años fue también profesora de religión en algunos colegios fiscales, entre ellos el Liceo Femenino “Adela Zamudio”. Mostró excelentes capacidades educativas y didácticas, frecuentemente en circunstancias políticas muy difíciles e incluso contrarias a la Iglesia.

Con su gran amabilidad y disponibilidad Virginia supo conquistar el respeto e incluso el afecto de sus colegas y también de sus alumnas, a las cuales apoyaba en sus problemas personales incluso fuera del tiempo del colegio, proponiéndoles orientaciones para su formación cristiana.

De igual modo Virginia mostró una gran sensibilidad en los difíciles problemas sociales que atravesaba Bolivia. Fundó obras de beneficencia a favor de las personas más pobres o debilitadas. Para los enfermos mantuvo en su propia casa el Policonsultorio El Rosario, al servicio del cual comprometió también a profesionales en varias ramas de la medicina. Para sostener estas obras, Virginia renunciaba a sus propios gustos y se dedicaba constantemente, como una hormiga, a recaudar ayudas.

Su obra resplandece con más evidencia cuando se considera la situación social de Bolivia donde, no obstante los cambios revolucionarios y los programas políticos, estaban muy extendidas la pobreza, la mortalidad, la ignorancia y la miseria, en contraste dramático con las clases sociales más ricas entregadas a lujos y a gastos excesivos.

En estas circunstancias muy difíciles, Virginia vivió con amor y compromiso su proyecto de vida, estando ella enraizada en la fe y alimentada cotidianamente por la escucha de la Palabra de Dios, por la oración intensa y por la fervorosa participación en la mesa eucarística. En su alma siempre mantuvo una especial devoción al Corazón de Jesús y a la Virgen María y supo armonizar sabiamente en la propia persona el profundo deseo de la contemplación, la acción, la evangelización y la promoción social.

“De rica que era” (cfr. 2 Co 8,9) supo compartir los bienes materiales y espirituales, aprendiendo a ponerlos al servicio de los hermanos ejercitando un admirable sentido de caridad sabia y un constante ejercicio de las virtudes entre ellas, la máxima equidad, el discernimiento y una fortaleza mansa y serena. Su estilo de vida se regía por la sobriedad y el ejemplo, incluso en los reconocimientos públicos de sus virtudes y de sus obras, donde manifestaba siempre una verdadera y firme humildad.

Con el paso de los años su vista y sus fuerzas físicas disminuyeron hasta que el día 23 de julio de 1990 dejó piamente esa vida mortal. En su funeral participó una gran cantidad de personas de toda clase y lugar social, muchas de las cuales habían experimentado su generosidad y bondad.

Completando la síntesis de este Decreto de declaración de las virtudes de la Venerable Virginia Blanco, invitamos ahora a todo el Pueblo de Dios a participar en la solemne sesión de inauguración del Proceso para la investigación de una curación extraordinaria, sucedida en Cochabamba. En caso de que se apruebe como un milagro atribuible a la intercesión de Virginia Blanco, ésta sería declarada Beata, siendo la primera en la Iglesia de Bolivia. La mencionada inauguración tendrá lugar en el Auditorio del Arzobispado de Cochabamba el próximo día 10 de marzo, jueves, a horas 15:30.